Entrevista a Graciela Figueroa

"Cuando bailas, las emociones congeladas en el cuerpo se sanan"

Sílvia Díez

Bailarina, actriz y coreógrafa, es la directora de las escuelas de Río Abierto; un sistema que convierte la danza en una meditación en movimiento transformadora.

Baila desde niña. “De pequeña no paraba quieta, saltaba por todos lados, así que mis padres, que sentían un gran amor por el arte, me llevaron a bailar. Y menos mal, porque el ambiente artístico me ha servido mucho para no sentirme un bicho raro”, cuenta Graciela Figueroa, la directora de Río Abierto Uruguay y España, que estará la última semana de julio liderando una propuesta intensiva de Río Abierto abierta a todos los públicos.

Conoció a María Adela Palcos, la creadora del Sistema Río Abierto, una técnica que hoy cuenta con escuelas en todo el mundo, en 1978 y se enamoró por completo de este sistema de crecimiento personal a través de una meditación en movimiento que transforma y facilita una conexión con nosotros mismos, con los demás y con el universo.

“Bailar es el camino más rápido para alcanzar la alegría que abraza todas las tristezas”.

“A través de la danza el cuerpo se vuelve más sensible y resistente y al mismo tiempo con el movimiento se pueden modificar las emociones, los pensamientos y desarrollar una mejor conexión con nosotros mismos y con la espiritualidad. El movimiento resulta tan transformador como el silencio. Y es que cuando movemos el cuerpo se mueven al mismo tiempo las otras inteligencias que nos constituyen”, asegura la también directora del Grupo Espacio de Artes Escénicas y presidenta de la Fundación por la Paz Graciela Figueroa.

Entrevista con Graciela Figueroa

–¿En qué consiste esta transformación?
–En primer lugar, entramos en contacto con una sensación de bienestar con nosotros mismos, y con el universo, lo que se traduce en sentir más amor por la vida. La persona se siente más viva y despierta hasta el punto de tener una nueva perspectiva sobre todo lo que le rodea. Se trata de un trabajo integral que cambia tu visión de las cosas. Esto ocurre al realizar una simple sesión, pero cuando la persona “baila” regularmente, los cambios en ella son aún más profundos. Lo he visto en las formaciones una y otra vez: personas que no encontraban pareja o no sabían mantenerla, la encuentran; otras que buscaban trabajo y no lo encontraban; otras que se abren a la espiritualidad cuando nunca habían sentido una conexión de este tipo. Y también se curan enfermedades.

–¿Puede hablarme de estas sanaciones físicas?
–He visto curaciones de todo tipo. Al bailar permitimos que nuestro cuerpo y naturaleza vaya desplegando toda la sabiduría de auto sanación que posee. Al movernos se van liberando las emociones bloqueadas en nuestro cuerpo y la conciencia nos hace soltar aquellas creencias ultrapasadas.

Tan solo poniéndonos música por la mañana y moviéndonos en conexión con nosotros mismos cambia algo en el interior de nosotros mismos.

Te puedo hablar de una curación de un lupus o de la curación de una enfermedad de la sangre que aquejaba a una persona desde la infancia. La transformación que se produce día a día nos lleva a la salud y sus efectos son visibles en lo que acontece en nuestras vidas gracias a este trabajo integral.

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–¿Mejora también nuestra sexualidad?
–Sin duda mejora la sexualidad y la sensualidad, porque cambia por completo nuestra relación con nuestra naturaleza. Se entra en contacto con el cuerpo y sus sensaciones, pero sin aquello de “ahora voy alcanzar el orgasmo”, sino que es algo que se va dando de manera que uno va teniendo orgasmos a diferentes niveles de manera natural. Además el grupo nos permite comprender la manera en que nos relacionamos con los demás. Durante las sesiones practicamos la escucha y el contacto desde la presencia. También movilizamos la creatividad, a través de las dramatizaciones, de dibujos, cantos, poemas…

“Esta meditación en movimiento busca des-automatizarnos para que podamos conectar con nuestra esencia”

Lo que somos y hemos hecho a lo largo de nuestra vida nos ha servido y lo honramos, pero llega un momento en que hay cosas que ya no nos sirven, y que hay que dejar ir porque nos congelan. Con el movimiento y la danza vamos descongelando y liberando la energía que ha quedado bloqueada hasta recuperar la risa y la espontaneidad propias de la niñez perdida durante la domesticación vivida a través de la educación y/o con vivencias traumáticas. Más adelante reflexionamos, dotamos de un nuevo significado y canalizamos estas energías que vienen con la potencia de un río que reencuentra su fluir a veces después de años.

–¿Al bailar soltamos el corsé que ha construido nuestro personaje?
–Así es, todo lo que vivimos lo vivimos con nuestra naturaleza y las emociones que esto ha generado están en nuestro cuerpo. Al bailar pueden ser expresadas y transformarse. De hecho, trabajamos con nuestra sombra y con cada movimiento que realizamos se produce ya una nueva emoción. Si una persona está encorvada al desplegarse llega a un lugar nuevo. Si una persona está rígida al soltarse se puede conectar con su vulnerabilidad. En este trabajo el inconsciente se hace consciente y el consciente se hace inconsciente. Se crean nuevas redes neuronales, se segregan neurotransmisores, cambia nuestra fisiología y, de repente quien era adicto a ciertas emociones deja de serlo; quien siempre discute deja de sentir la necesidad de hacerlo y quien siempre busca ganar deja de vivir toda la vida como una competencia...

–¿Cómo es una clase de movimiento Río Abierto para poder tocar tantos aspectos?
–Cada clase es un mundo y da lugar a tantas vivencias como participantes hay. Muchas veces empezamos dándonos las manos en un círculo que propicia el recuerdo de que somos uno y también muestra que cada uno en su unicidad asume su nota y responsabilidad en este concierto. A continuación se sigue al coordinador en una fase que puede servir como aterrizaje, descarga, estiramiento y tonicidad del cuerpo y que propicia la liberación de trabas.

Frecuentemente hay dinámicas encaminadas activar distintas cosas ya sea en un trabajo en pareja o tríos. Estas dinámicas pueden incluir masajes de diversos tipos, explorar llevar al otro o dejarse llevar… Se pasa por diferentes plásticas e inteligencias sin quedarse fijado hasta llegar a movimientos cada vez más libres. Cuando se ha llegado al cenit del movimiento libre suele haber una inflexión y descenso en el ritmo para, poco a poco, sumirse en un silencio, una calma que resulta extraordinaria al gozarla después de todo lo vivido. Al final de la sesión, con frecuencia se utiliza una música para volver a ponerse en pie y moverse tomando conciencia de la vivencia, que suele cerrarse con un nuevo círculo en el que se abre la posibilidad de poner unas palabras a la experiencia vivida. Todo es una cuestión de escucha individual y al grupo.

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–¿Es mejor bailar en grupo que individualmente?
–El grupo posee un enorme poder de sanación y de transformación porque pone de manifiesta el amor que nos une a todos y nos hace sentir que no estamos solos y que somos uno. En los grupos yo siento claramente que existe una Nueva Humanidad emergente que rebosa solidaridad. Al “bailar” en grupo las personas pueden sanar heridas muy serias y vivencias muy traumáticas porque en este espacio la persona puede mostrar todo el dolor a la vez que se propicia un cambio de mirada sobre ella. Cada persona del grupo se contagia de los movimientos de los otros, de su contacto y de su energía. Cuando bailas a solas a veces te ayuda más a profundizar la conexión contigo mismo, mientras que al bailar en grupo te conectas con los demás. Las dos formas de moverse y de danzar resultan sanadoras y transformadoras.

–¿El tipo de música que se escoge tiene diferentes funciones?
–Sí, la música nos facilita una u otra conexión. Por ejemplo, la música indígena con tambores, así como el rock nos proporcionan una fuerte conexión con la tierra. Tienen la función de hacernos recuperar la unión con el resto de la Humanidad y esto nos ayuda a no perdernos en esa soledad en la que llegas a pensar que estas tu solo o tu sola ante la vida intentando ver cómo te salvas…. Recuperar esta conexión nos ayuda a descansar. El espíritu siempre está ahí.

En Río Abierto trabajamos la espiritualidad encarnada, aquella que llega a la tierra y que se siente en los pies cuando se mueven, que se siente al cantar, al gritar... Propicia la iluminación porque estás más permeable y abierto o abierta al cielo que llega a la tierra.

–Hablas de que se trata de una meditación en movimiento ….
–Sí. Es una meditación en movimiento porque se unen la mente y el cuerpo y nos llegan mensajes, visiones, de la dimensión profunda que son regalos para facilitar nuestra evolución. La meditación es un camino para estar presentes aquí y ahora y ser conscientes de cómo estamos y de quienes estamos siendo en cada momento. El trabajo con el movimiento resulta enormemente elocuente sobre cómo estamos y a diferencia de la meditación en quietud permite que la actividad mental se calme desde el primer momento. Tiene la virtud de permitir podemos nuevos impulsos motores de gran efecto sanador en todos los órdenes y cuyo bienestar se convierte en transpersonal.

–¿Si bailáramos habría más paz en el mundo?
–Creo que sí. Si bailáramos y expresáramos lo que sentimos a través del movimiento, la voz y toda nuestra naturaleza; tanto las emociones más elevadas como las más bajas, si nos atreviéramos a mirarlas y a bailarlas, a fluir con ellas, todos nos sentiríamos más en paz con nosotros mismos, con los demás y con la vida.

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Para los que no tengan un centro Río Abierto cerca o un lugar donde ejercitarse junto a otros maestros o personas compartimos esta pequeña práctica que puede ser realizada en casa: al levantarse, o bien antes de ir a dormir, o en cualquier otro momento.

  1. Hacer una respiración subiendo los brazos y empujando la tierra con los pies sintiendo la palanca.
  2. En la bajada acercamos las manos arriba de la cabeza y al bajarlas vamos concienciando el camino del cielo a la tierra y dejándonos abrir, transitar un canal que viene de más arriba y nos atraviesa desde el tope de la cabeza al centro de la tierra.
  3. Podemos poner una música o realizar una danza “indígena” con nuestro propio canto que va desde los pies subiendo (sin perder contacto con la tierra) y encendiendo todas nuestras células.
  4. Nos permitimos con la música o con nuestros propios cantos hacer los movimientos y sonidos que sentimos que nos hacen bien en una danza de curación. La mínima transformación es máxima.
  5. Volvemos a encontrar la vertical abierta entre el cielo y la tierra, esta vez con las manos en nuestro corazón celebrando su casamiento.
  6. Abriendo las manos desde el corazón (entrego al universo) voy encontrando mi visión, pensamientos, con empatía entregando a las distintas actividades de mi día, vida.
  7. Vuelvo a recoger las manos al corazón (recibo del universo) y en ese trayecto voy recibiendo toda la compañía y guía que necesite. El universo está conmigo. Somos uno. Estoy dispuesto para el día, estoy abierto a la vida.

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