6 claves para fomentar la independencia, la responsabilidad y la madurez de los hijos

Muchos padres olvidan que, para que sus hijos lleguen a ser capaces de valerse por sí mismos y de disfrutar la vida, ellos tienen que soltar el control.

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El principal objetivo en la educación de los hijos es conseguir que sean personas felices, maduras, responsables y autónomas. Lograr este objetivo supone un largo proceso a lo largo de toda la infancia pero debe comenzar desde el principio.

A los padres muchas veces les cuesta tener esta visión de futuro, algo que es muy normal cuando están enfrascados en los primeros cuidados de sus hijos y los ven como criaturas tan frágiles, dependientes y desvalidas.

A pesar de ello los primeros vínculos que se establecen serán muy importantes en el futuro porque tenderán a marcar el modo en que se relacionarán padres e hijos.

Los padres que ya son muy sufridores desde la lactancia y están siempre pendientes de cualquier pequeña señal de malestar de su bebé, preocupándose más de la cuenta e intentando estar siempre encima de él, están ya estableciendo una relación de mayor dependencia que aquellos otros que, preocupándose también por su hijo, no se obsesionan ante un lloriqueo y pueden tolerarlo sabiendo que está bien y que se trata simplemente de un pequeño berrinche.

1. Enseñar a tolerar la frustración

Lo esencial es que los niños, desde pequeños, puedan aprender a tolerar bien las frustraciones y las contrariedades, y a encontrar por sí mismos recursos para sobreponerse a ellas; es decir, aprender a que no sean siempre los padres quienes les resuelvan cualquier contratiempo y a no buscar siempre refugio en ellos cuando las cosas no les van bien.

Cuando hablamos de la autonomía de los niños hemos de entender que no se trata de una idea abstracta, sino de algo que se debe concretar en distintas esferas de su vida, entre las que destacan:

  • El cuidado de sí mismo. Los niños deben aprender a cuidar de sí mismos en cuanto a la higiene, la alimentación, la salud, la imagen, etc. y se les debe animar desde pequeños para que adquieran los hábitos necesarios para ello.
  • Las habilidades sociales. Es muy importante que desde pequeños los niños se relacionen entre ellos y con adultos; esto les ayudará a ser más abiertos, a integrarse más fácilmente en los nuevos grupos por los que vayan pasando a lo largo de su infancia, a comprender el sentido de la amistad. Los padres deben facilitar todo tipo de relaciones sociales permitiéndoles ir a casa de sus amigos, dejando que estos vengan a la suya, alentándoles para que vayan de colonias en verano, etc.
  • El desarrollo intelectual. Conviene que los niños puedan apreciar el valor de los aprendizajes, la importancia de lo nuevo, que les resulte atractivo hacer descubrimientos por su cuenta, ya que todo ello facilitará su integración en la escuela y les ayudará a encarar con mayor responsabilidad sus tareas y deberes.
  • Las diversiones. Los niños deben tener tiempo libre para jugar y divertirse; de este modo, aprenden a valorar el tiempo de ocio como un momento en que pueden pasarlo bien consigo mismos o en compañía de otros. Los padres deben propiciar momentos para que el niño aprenda a estar solo y a entretenerse por su cuenta ya sea jugando, leyendo o haciendo cualquier cosa que aprecie; no conviene, pues, estar siempre con ellos y crearles una dependencia paterna siempre que tengan un momento libre.
  • La responsabilidad. Ser responsable supone asumir una serie de obligaciones y hacerse cargo de los propios actos. Es muy importante que los padres fomenten la responsabilidad de sus hijos de manera progresiva, empezando por enseñarles -no exigirles- pequeñas tareas, como recoger sus juguetes. Estas pequeñas obligaciones permiten al niño irse familiarizando con la responsabilidad y hacen que se sienta importante porque ha recibido pequeños encargos.

2. Ayudar a los hijos a desarrollar su independencia

El concepto de autonomía depende siempre de la edad del hijo, pero para que un niño pueda ir desarrollando esa independencia debe sentirse seguro con las personas que tiene a su lado, en primer lugar sus padres.

Debe poder confiar en que ellas le ayudarán y le comprenderán y para eso debe sentirse querido. Una vez se siente amado y tiene esa confianza aumenta la seguridad en sí mismo, admite que puede equivocarse y se van potenciando todas sus capacidades.

Los padres deben tener en cuenta, por tanto, que la autonomía de sus hijos depende mucho de su propia mentalidad, de la idea que tengan ellos mismos acerca de lo que les pueden permitir, de la confianza que vayan depositando en ellos y de la capacidad de que dispongan para dejarles enfrentarse a las tareas y a los retos propios de cada momento evolutivo.

Por todo ello es recomendable que puedan seguir una serie de pautas que seguro que les ayudarán a fomentar la autonomía de sus hijos:

  • Exigirles solo aquello que puedan ser capaces de hacer tanto por su edad como por sus propias aptitudes, ya que no todos los niños son iguales.
  • Enseñarles a tomar decisiones por sí mismos: es mejor ofrecer distintas alternativas para que elijan y puedan reflexionar antes que obligarles siempre a hacer lo que queremos. Si les planteamos, por ejemplo, qué actividad extraescolar prefieren realizar es más fácil que elijan la que más les guste y se responsabilicen de su decisión y no sientan que les imponemos la que los padres prefieren.
  • Alentarles en sus decisiones: un error bastante común es criticar decisiones de los niños quizá porque los padres las ven poco realistas o creen que van a fracasar. Es preferible animarles, darles apoyo e informarles de que si surge un contratiempo pueden contar con nosotros.
  • Educarles poniendo límites y normas: es muy importante que los niños aprendan a respetarse a si mismos y a los demás, y sean responsables de sus actos. Para conseguirlo los padres deben enseñarles lo que está bien y lo que está mal, lo que se puede y lo que no se debe hacer.
  • Alabar sus esfuerzos en cualquier tarea: muchas veces a los padres les cuesta reconocer que los pequeños logros de sus hijos son para ellos verdaderos esfuerzos, como por ejemplo el simple hecho de hacerse la cama, y se limitan a decirles que esa es su obligación. Con esta actitud los niños no se sienten valorados y pierden su interés por lograr nuevos retos.

3. Evitar la sobreprotección

Uno de los principales rivales de la autonomía es la sobreprotección, que suele responder al temor de los padres a que le pase algo malo a su hijo: que sufra algún daño físico cuando es pequeño, que tenga problemas con sus compañeros cuando es un poco mayor, que sea mal visto en la escuela, etc.

Ante este temor los padres suelen evitar que su hijo corra riesgos anticipándose a lo que ellos creen que puede constituir un peligro.

Son padres que no dejan ni un momento solo a su hijo en el parque y que incluso le prohíben tirarse por el tobogán, que se desviven ante cualquier rabieta para que no lo pase mal, que se anticipan a todo sin dar lugar a que su hijo pueda pedirles lo que realmente quiere, que suelen taparle cualquier defecto con excusas, que prefieren que no vaya de colonias para que no sufra algún percance.

Ante este comportamiento los niños se vuelven inseguros, no viven experiencias nuevas y se desesperan cuando algo no sale bien, pues no están acostumbrados a tolerar la frustración.

Lamentablemente se vuelven muy dependientes de sus padres, esperando siempre que sean ellos quienes les indiquen lo que deben hacer y les protejan ante cualquier contratiempo.

La sobreprotección genera una imagen de desvalimiento en los niños. No se sienten capaces de hacer nada por sí mismos porque sus propios padres no les ven con seguridad, ni tampoco les transmiten mensajes de confianza, ni señales de que están creciendo.

Se ven diferentes a sus compañeros, más inmaduros e infantiles, lo que suele hacer que aumente su introversión con el riesgo de un progresivo aislamiento.

Si queremos que nuestro hijo avance por si mismo debemos mostrarle nuestro afecto, cariño y respeto, pero debemos evitar ser unos padres sobreprotectores.

4. Fomentar la autoestima

Así como la sobreprotección es un rival que hay que combatir, el mejor aliado es la autoestima. Un niño con una buena imagen de si mismo sabe valorarse y confía en sus capacidades. Aunque luego se equivoque, será maduro, feliz e independiente.

A la hora de potenciar la autoestima los padres desempeñan un papel fundamental. La manera en que un niño se ve a sí mismo pasa por cómo percibe que sus padres lo ven a él.

Si siempre hablan mal de él, si solo destacan sus aspectos más negativos, si no le muestran confianza en sus comportamientos, se forjará una idea muy negativa de sí mismo.

Se creerá un niño muy torpe, lo que hará que se inhiba y deje de hacer cosas nuevas, o un niño muy malo, idea con la que se corre el riesgo de que el niño se identifique y haga, entonces si, solo cosas malas.

Su autoestima mejorará mucho si en lugar de regañarle constantemente le damos estrategias para que las cosas le salgan mejor, si dejamos de proyectarle un futuro negro con frases como "de mayor no servirás para nada", si nos mostramos contentos con sus avances, si le damos valor a sus comentarios y opiniones y apoyamos sus iniciativas, si lo vemos como una persona y dejamos de compararlo constantemente con sus hermanos o con otros amigos.

A diferencia de un niño sobreprotegido, un niño con buena autoestima tendrá más recursos para enfrentarse a los problemas que le vayan surgiendo, confiará más en si mismo y no se dejará llevar por sus compañeros, ya que tendrá un criterio más claro de lo que le conviene y de lo que no, algo crucial cuando llegue la difícil hora de la adolescencia.

5. Potenciar la creatividad

La creatividad no es solo artística. También es la capacidad de abordar situaciones cotidianas de modo original y personal.

Los niños creativos, al poseer una mayor capacidad de respuesta, tienen una mayor flexibilidad de pensamiento y acción, y gozan de una mayor seguridad en sí mismos y de una mayor autonomía.

Por ello conviene fomentar un pensamiento creativo proporcion��ndoles los estímulos adecuados:

  • Valorando muy positivamente todo tipo de producciones artísticas: manualidades, dibujos, canciones, etc. para que vean que son algo importante en su evolución y no un simple pasatiempo.
  • Estimulando su interés por el entorno: destacando la belleza de un paisaje, de una puesta de sol, de un estilo arquitectónico... para que aprendan a observar activamente.
  • Escuchándole atentamente para conocer sus intereses y ofrecerle actividades que le motiven.
  • Facilitándole materiales nuevos y variados: plastilina, colores, arcilla, papeles, tijeras, muñecos, hilos, etc. para que experimenten con ellos, y dejando que hablen de esas experiencias con adultos y con niños.
  • Dejándoles tiempo para pensar sus propias respuestas y opiniones ante situaciones cotidianas en las que ellos puedan intervenir, como por ejemplo en la elección de una película, alguna actividad para el fin de semana, etc.
  • Mostrando también los padres una actitud creativa a través de su interés por la fotografía y el vídeo familiares, haciendo a los niños participar en ese interés como protagonistas, retocando las fotos en el ordenador o montando las películas.
  • Visitando junto a ellos museos y centros de arte, pero con una actitud más bien contemplativa, por puro placer, no dándoles una clase magistral frente a cada obra.

6. Enseñarles a ser responsables

Estas tres pautas ayudan a los hijos a ir adquiriendo la responsabilidad de forma progresiva.

Pensar en las consecuencias

La autonomía implica responsabilidad y una manera de que un hijo se responsabilice de sus actos es que tenga en cuenta las consecuencias de los mismos.

Dejar que elija

En lugar de actuar siempre a base de premios y castigos, es preferible darle a elegir entre distintas opciones frente a una situación concreta. Si hace los deberes después de merendar, podrá ver un rato los dibujos en la tele o si durante la semana hace su cama, el sábado iremos al cine.

Decisión libre

Al plantear estas alternativas como algo que él elige libremente y no como una coacción sabrá de antemano que aceptando podrá ver la tele o ir al cine, y que lo contrario no es un castigo sino una consecuencia de su elección.

Libros sobre educación y competencias personales

  • El niño feliz; D. Corkille Briggs. Ed. Gedisa
  • Su hijo, una persona competente; Jesper Juul. Ed. Herder
  • Enseña a tu hijo a ser creativo; L. Hausner y J. Schlosberg. Ed. Oniro

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