Pros y contras

9 consejos para educar a un hijo único

En torno a los hijos únicos, cada vez más numerosos, circulan tópicos a menudo infundados. Para no caer en ellos los padres deben criarles con consciencia.

Lourdes Mantilla

Psicóloga clínica

Las estadísticas muestran que las familias españolas cada vez deciden tener menos hijos.

Los motivos de ese descenso de la natalidad son más socioeconómicos que psicológicos: la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, el retraso en la maternidad, los problemas de fertilidad, la dificultad en armonizar el trabajo con la vida familiar, el aumento de las separaciones...

Estos elementos confluyen a la hora de tener un solo hijo, de manera que actualmente ser hijo único es casi más una norma que una excepción.

Crecer solo entre adultos dentro de un hogar es diferente que hacerlo rodeado de hermanos, pero no conviene incurrir en un determinismo de tipo negativo.

Un hijo único no tiene por qué ser un niño sobreprotegido, mimado o consentido. Los estudios psicológicos demuestran que eso solo son tópicos y prejuicios. Que una persona actúe de modo egoísta o tiránico suele más fruto de una mala educación que del hecho de no tener hermanos.

¿Cuáles son los riesgos cuando se cría a un hijo único?

El tipo de relación que establecen los padres con un solo hijo aumenta las posibilidades de que este tenga una serie de rasgos que pueden ser potencialmente negativos para su desarrollo.

Conocer algunas de estas características puede contribuir a prevenirlas:

  • Problemas de socialización. Al crecer en un modelo familiar adulto, sin hermanos con los que compartir su tiempo y sus juegos, pueden mostrar ciertos problemas a la hora de relacionarse con otros niños. Quizá prefieran permanecer entre adultos que abrirse a hacer amistades con niños de su edad.
  • Dificultad para tolerar la frustración. Como no están acostumbrados a perder, a veces les cuesta enfrentarse a los problemas y contratiempos. Les resulta entonces más fácil coger una rabieta o negarse a realizar nuevas actividades por miedo a hacerlo mal.
  • Sobreprotección. Es uno de los grandes riesgos que corren los padres de hijos únicos al brindarles una atención exagerada, protegiéndoles todo el tiempo de supuestos peligros o dándoles todo lo que piden, incluso antes de que lo soliciten. La sobreprotección puede originar niños inseguros, excesivamente dependientes de los padres y con baja autoestima.
  • Poco solidario. El hecho de no tener que compartir sus cosas con otros hermanos puede generar un sentimiento de propiedad que llegue a dificultar su capacidad para compartir; por lo que a veces puedan parecer egoístas.
  • Demasiado presionado. Algunos padres con un solo hijo vuelcan en él todas sus expectativas y le generan mucha presión para que las realice.

Ser hijo único no comporta en sí mismo ventajas e inconvenientes: todo depende del niño, de la educación y del entorno.

¿Tiene ventajas ser hijo único?

Ahora bien, aparte de mencionar estos riegos, conviene recordar que los hijos únicos, por el hecho de criarse sin hermanos, tienen unas ventajas que pueden serles de gran ayuda. Véamoslas.

  • Creatividad. Suelen ser más creativos e imaginativos, dado que al pasar mucho tiempo solos se las tienen que ingeniar para entretenerse y no aburrirse. Eso hace que se inventen juegos, hagan manualidades, etc.
  • Inteligencia. Tienden a tener un mayor nivel intelectual, ya que los padres les brindan mayor atención y reciben más estímulos que si tuvieran hermanos.
  • Liderazgo. Pueden llegar a convertirse en pequeños líderes, pues están habituados a ser el centro de atención.
  • Autoestima. Si por parte de los padres se da una buena relación afectiva, sin llegar a los excesos de la sobreprotección, se sienten muy queridos y respetados, lo que puede mejorar su seguridad personal y su autoestima.
  • Capacidad lingüística. El mayor contacto con adultos puede fomentar un desarrollo lingüístico mejor que en otros niños de su edad.

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Cómo evitar los errores más frecuentes a la hora de educar a un solo hijo o hija

La responsabilidad de los padres, tengan el número de hijos que tengan, es siempre la misma: brindarles los cuidados físicos y emocionales para que crezcan de la manera más sana posible.

Sin embargo, como hemos visto, el hecho de tener un solo hijo puede potenciar una serie de errores educativos: la sobreprotección, el aislamiento, proyectar en él demasiadas expectativas... Para evitar esos errores los padres deben:

  • Enseñarle a compartir sus cosas con los padres y con los amigos, a fin de que no se convierta en un niño egoísta y con un excesivo sentido de la propiedad. Una buena manera de hacerlo es invitar a otros niños a jugar o a dormir en casa, así como dejarle ir a casa de esos niños.
  • Alentar su autonomía. Los padres deben tener en cuenta que los niños no son un objeto de su propiedad, al contrario: se trata de criaturas autónomas y libres que irán desarrollándose progresivamente, y en su evolución irán descubriendo sus preferencias y sus aficiones. Los padres deben potenciar esa autonomía y alentarlos en la búsqueda de sus intereses, antes que volcar en ellos todas sus expectativas.
  • Ponerle unos límites claros de lo que puede y no puede hacer, de lo que está bien y de lo que no lo está. Regañarle cuando no se comporta como es debido es la mejor forma de evitar caer en la sobreprotección y de fomentar en él su sentido de la responsabilidad.
  • Darle el trato afectivo y educativo adecuado a su edad y características, ya que con los hijos únicos se corre el riesgo de verlos más mayores o pequeños de lo que en realidad son.
  • Hacerle partícipe de las tareas do­­més­ticas es un buen modo de que aprenda que se precisa del esfuerzo y colaboración de todos, así como de enseñarle que no es el rey de la casa, sino uno más dentro de la estructura familiar.
  • Fomentar sus relaciones con otros niños a través de actividades extraescolares (deporte, manualidades...), para que aprenda a relacionarse con otros niños fuera del ámbito escolar.
  • Estimularle para que se esfuerce en lograr sus objetivos le enseña a valorar las cosas y a no creer que todo le viene dado por capricho.
  • Conviene jugar con ellos, pues muchas veces los hijos únicos tienden a aislarse en sus aficiones y a los padres esa actitud puede resultarles muy cómoda. Eso implica también limitar el tiempo que puedan permanecer solos ante el ordenador, la televisión o los videojuegos, ya que no tener que compartirlos con hermanos puede incrementar más su aislamiento.
  • Ahorrarle discusiones. Al estar solo en casa con los padres el niño puede presenciar más fácilmente las discusiones que estos puedan tener tanto entre ellos como en relación a la educación del hijo. Este tipo de discusiones, que por otro lado son inevitables e incluso necesarias, deberían poder llevarse a cabo en ausencia del niño y procurando, además, no buscar alianzas con él para resolver los problemas de la pareja.

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Cuando preguntan "¿por qué no tengo hermanos?"

Esta es una pregunta que suelen hacerse con frecuencia los hijos únicos, sea porque se sienten solos o porque muchos de sus amigos hablan de sus experiencias con hermanos.

Como ante cualquier otra pregunta, los padres deben responder con sinceridad, explicando los motivos por los cuales no quieren o no pueden tener más hijos, siempre de una manera clara y adaptada a la edad del niño.

Cada familia tendrá sus razones y no hay que temer exponerlas ante el hijo. Pero nunca conviene decir que lo hacen por el bien de él o de ella, para que así sea más feliz o no tenga que compartir sus cosas o su afecto, ya que, además de que no suele ser esta la verdad, el niño puede sentirse como un objeto exclusivo para sus padres.

Dos hijos únicos: hermanos con mucha diferencia de edad

Si existe una notable diferencia de edad entre dos hijos, por ejemplo de seis o más años, eso puede inducir una crianza de esos hijos como si fueran "hijos únicos", más aún si uno es niño y el otro niña, o si los padres no contaban de entrada con tener un segundo hijo.

Al haber mucha diferencia de edad entre los hijos y con la ilusión de los padres por el recién nacido, estos pueden pensar que el mayor ya está "criado", que apenas les necesita, y dejarlo un poco de lado para volcarse sobre el nuevo hijo.

De ese modo se habrá tratado al mayor como hijo único y se hará lo mismo con el segundo, pero con el agravante de que el primero se sentirá abandonado, lo que fomentará en él los celos hacia su hermano y generará problemas de relación con los padres.

Si se da esta situación los padres deben actuar responsablemente y dar a cada uno de sus hijos la atención que merece, sin volcarse exclusivamente en ninguno, pero tampoco dejando a uno de lado. De este modo el mayor vivirá la experiencia de tener un hermano como algo natural y sano para el conjunto de la estructura familiar.

Hijos únicos en familia monoparental: ¿qué necesitan?

Cada vez es más frecuente que se dé esta situación después de un divorcio, e incluso como fruto de una adopción o de un embarazo por reproducción asistida.

En cualquiera de estos casos aumenta el riesgo, no solo de una sobreprotección, sino de considerar al niño una prolongación del propio adulto, como si fuera una parte de sí mismo. Y aunque no tiene por qué ser siempre así, el padre o la madre debe tenerlo en cuenta para evitarlo.

Cuando se trata de una separación, el niño tiene otro referente adulto en la figura de su padre o de su madre y ese riesgo queda minimizado; en ese caso se trata sobre todo de no utilizar al menor en contra del padre o la madre.

En los otros supuestos, y también según el sexo del menor en relación con el del adulto, es necesario saber encontrar otros referentes adultos del sexo contrario entre la familia o los amigos, así como entender que el niño –por muy deseado que haya sido– tiene su propia vida y que deben fomentarse sus relaciones sociales con otros niños.

Además de encontrar esos otros referentes, conviene facilitarle su relación con los otros familiares para que, incluso viviendo solo con su padre o madre, sienta que forma parte de una familia más amplia y que no es propiedad exclusiva de nadie. De lo contrario pueden generarse relaciones muy simbióticas que no favorecen el buen desarrollo emocional del niño.

Fomentar esa relación con la familia y con otros niños ayudará asimismo al adulto a seguir teniendo una vida social. Mientras que el niño percibirá que él no es su único centro de atención.

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La adopción sin fantasías después de un hijo biológico

Cada vez más familias con hijos biológicos deciden adoptar, sobre todo en el caso de parejas con un solo hijo.

Dar un hermanito a su hijo no debería ser el móvil principal. Un hijo tiene que ser fruto del deseo de los padres y no responder solo a la demanda de un hermano, ya que los riesgos de integración serán mayores.

El hijo adoptado debe tener su propio lugar como fruto del deseo de la pareja y no ser ante todo el "hermano de" ni el compañero que el hijo biológico quiere.

A menudo estos padres manifiestan en su demanda que va a ser una experiencia gratificante para su hijo y piensan en lo positivo que puede resultar para el que adoptan, sin plantearse las dificultades ni tener expectativas realistas.

Cabe analizar qué significará ese niño dentro de la estructura familiar y valorar la capacidad de los padres para atender necesidades muy diferentes de los hijos. Muchos padres minimizan las diferencias y creen que por tener ya un hijo les será más sencillo adoptar a un menor.

La llegada de un hijo siempre modifica la dinámica familiar, más aún si uno de ellos es adoptado, puesto que, aunque sea pequeño, no será un bebé y se darán más celos y rivalidades. Si además se trata de una adopción internacional, suelen existir diferencias étnicas o culturales.

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