Aprovechémoslo para actuar y crecer

¡Sí, me he enfadado!

Gabriel García de Oro

Vivimos el enfado como una tormenta que pasará. Pero si en vez de ignorarla y ponernos a salvo, la afrontamos, podemos usar esa rabia como fuerza creativa.

La relación que tenemos con el enfado, nuestro o de los demás, se resume en una frase que hemos dicho todos (y que a todos nos han dicho en más de una ocasión): “No te enfades”. Como si pudiéramos, como si solo con desearlo lográramos dejar de estar enfadados y, ¡chas!, seguir como si no hubiese pasado nada. No es así.

Cuando estamos enfadados es porque hay algún límite que ha sido traspasado. Nos hemos sentido violentados en nuestra integridad o impotentes delante de una situación. Por lo tanto, el enfado nos sirve como indicador de que existe un desequilibrio.

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Si no nos hacemos cargo, si no podemos ver qué nos está enfadando, cuál es el motivo real y cuáles son los límites que han sido traspasados, el enfado tal vez se pasará como la tormenta, pero quedarán sus restos y se irán acumulando, embruteciéndonos. Y no servirá para nada. El siguiente será peor, más frustrante y es posible que nos sintamos aún más incapaces de procesarlo.

Sin embargo, si usamos el enfado de forma creativa, liberaremos el poder que está implícito en él, un poder que es energía, la misma que nos hace cerrar los puños, fruncir el ceño y apretar los labios.

¿Por qué un enfado creativo? Porque podemos crear otras posibilidades, nuevas realidades con nosotros mismos, con los demás e incluso con las circunstancias que nos rodean. Esa creatividad nos hace avanzar, crecer y establecer unas relaciones más armónicas y equilibradas, primero con nosotros mismo y luego con los demás.

Transformar la furia en creatividad: un método de cuatro pasos

1. Reconozcamos

Estamos enfadados. Ahora nos vamos a hacer cargo de ese enfado. Decidamos trabajarlo y hacerlo, además, de forma creativa. En lugar de dejarlo pasar, nos preguntaremos qué es lo que realmente nos está pasando con el enfado.

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2. Sintamos

Hay que sacar los sentimientos a la luz. ¿Qué nos está haciendo sentir esta situación? ¿Qué estamos viviendo a nivel emocional? ¿Qué sentimos? ¿Cómo? ¿Solos? ¿Impotentes? ¿Frustrados? Si antes hemos dicho que el enfado es una alerta de que algo se ha desequilibrado, ahora es importante poner luz en eso que se ha desequilibrado. Para ello deberemos ser sinceros con nosotros mismos.

3. Evaluemos

Preguntémonos qué necesitamos para salir del enfado. Si la situación nos ha hecho sentir solos, tal vez necesitemos compañía o sentir que formamos parte de algo, por ejemplo. Analicemos si, por ejemplo, tenemos la convicción de que la otra persona nos ha faltado al respeto, o no.

4. Abrámonos

Primero a nuestros propios sentimientos, después a los demás. Eso significa estar dispuestos a recibir. A cambiar de perspectiva. A pedir, claro. Por ejemplo, si sentimos que se han traspasado unos límites que no queríamos que se traspasasen, los volveremos a poner en su sitio…

Sea como sea, estaremos creando nuevas realidades.

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