Recuperar la ilusión

Vuelve a vivir con alegría

Mireia Darder

Para sentir ilusión como cuando éramos niños y permitirnos soñar, es necesario deshacernos del exceso de obligaciones y poner en juego el cuerpo, el instinto y la fantasía.

La verdad está bien en las matemáticas, la química, la filosofía, pero no en la vida. En la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza”, escribió Ernesto Sábato.

¿Qué querías ser de mayor? Recupéralo

Al releer esta frase, pienso inevitablemente en Ruth, una mujer joven que asistió a un grupo terapéutico que yo dirigía. Acababa de aprobar un duro examen de ingreso a una facultad de Económicas, pero se sentía perdida: no sabía qué quería en la vida.

En un momento del taller, realizamos un trabajo con movimiento expresivo y baile. Ruth se sumergió en la danza con una alegría desbordante, realizaba unos pasos perfectos y de gran calidad –uno se podía dar cuenta enseguida de que había estudiado ballet– y, cuando llevaba unos diez minutos bailando, me di cuenta de que lloraba.

Pensé que me iba a quedar con la incógnita de lo que le ocurría, pero, al finalizar la sesión, se acercó a hablar conmigo. Entonces me contó que había dejado de bailar para estudiar Económicas y que, al moverse de nuevo con la música, había sentido toda la tristeza que le despertaba el hecho de haber abandonado el ballet.

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Desde entonces se sentía perdida, pero creía que no podía optar a convertirse en una bailarina profesional como era su ilusión: se veía incapaz de conseguir el nivel de perfección requerido para ganarse la vida bailando.

—Claro que estás perdida –le dije–. Por el camino has perdido tu ilusión, la ilusión que puede dar sentido a tu vida. Bailar te hace sentir plena. Si quieres estudiar, hazlo, pero no dejes de bailar.

Unos años después, volví a encontrarme con Ruth. Había creado una escuela de baile y el hecho de haber terminado su carrera de Económicas –aunque en mucho más tiempo de lo previsto– le había permitido gestionarla mejor. Efectivamente, cuando algo realmente nos mueve y nos llena de ilusión, nada ni nadie nos puede llevar a abandonarlo, porque, si lo hacemos, perdemos con ello el sentido de nuestra vida.

La ilusión da sentido a la vida

Hablamos de la ilusión verdadera, del término en su sentido incontaminado.

  • La palabra ilusión proviene del latín illusio, “engaño”. También puede significar “percepción o idea irreal”. Esta acepción está presente en expresiones como “ilusión óptica”, por ejemplo.
  • El diccionario etimológico nos recuerda que el verbo illudere (“mofarse”, “burlarse de”) se formó sumando un prefijo al verbo ludere, “jugar”. Es decir, en la palabra ilusión está incluida la idea de juego.
  • A partir del siglo XIX, el sentido de ilusión, que es el que está todavía actualmente más arraigado, es el de “viva esperanza, expectativas favorables depositadas en personas o cosas”.

Así, en España ilusión es una palabra muy acariciada en el mundo publicitario y se ha convertido en el contenido básico de muchos mensajes y eslóganes, tanto de campañas publicitarias como políticas. Invocar la ilusión por el futuro parece que vende mucho.

Pero no es nuestra intención usar el término en este sentido. Cuando hablamos aquí de recuperar la ilusión nos referimos a una ilusión conectada con nuestro sentir y con el bienestar corporal que produce llevar a cabo un determinado proyecto o actividad, tal y como le ocurría a Ruth con el ballet. Este bienestar surge al comprometernos a seguir un deseo que nace de nuestro interior.

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Cómo incorporar la ilusión en nuestro día a día

No significa añadir una nueva obligación a nuestra vida, no se trata de que nos fijemos un nuevo objetivo que genere más cansancio del que ya acumulamos habitualmente.

La ilusión, cuando está realmente alineada con nuestra naturaleza y con lo que somos, nos indica la dirección del camino que tomamos en la vida. En contraste, cuando hacemos las cosas solamente desde la obligación, sentimos que no avanzamos, que vivimos sin expectativas sumergidos en la monotonía y el aburrimiento. Somos un barco a la deriva, sin rumbo.

Cada etapa de la vida suele venir marcada tanto por una ilusión como por un reto a superar. Se trata de una polaridad en la que todos estamos inmersos y, para crecer, para pasar de una etapa a otra, tan importante es saber vencer el reto y cubrir las necesidades que ese momento vital nos plantea como saber desapegarse de lo conseguido para poder re-ilusionarse con el reto que nos plantee la siguiente etapa.

¿De quién es esa ilusión?

El problema es que algunas ilusiones no son tan genuinas como aparentan ser, sino que vienen inducidas por lo que se espera de nosotros social o familiarmente. De este modo, uno tiene la ilusión de tener un trabajo, una casa, un hijo... Y aunque estos deseos pueden ser vividos como ilusiones verdaderas, muchas veces están más marcados por la necesidad de seguir un modelo en lugar de surgir de una verdadera conexión con lo que uno es y desea de forma auténtica. Conviene estar atentos a ello.

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En este sentido, llama la atención el resultado de un estudio realizado por Cofidis sobre los hábitos de consumo de los españoles y las diferencias que existen entre las máximas ilusiones que tienen ambos géneros en este ámbito. Mientras que el mayor sueño de los hombres es comprarse un coche, lo que más ansían las mujeres es ser capaces de cuidar más la alimentación para poder adelgazar.

Cabría preguntarse si estas ilusiones están conectadas con nuestras auténticas necesidades o, en realidad, responden a los patrones que determinan la sociedad de consumo y nuestra cultura para cada sexo.

Se trataría, pues, de recuperar una ilusión estrechamente relacionada con lo que somos, con nuestras capacidades y nuestros dones. En definitiva, recuperar una ilusión alineada con nuestra auténtica misión en la vida. Pero ¿cómo lo distinguimos?

¿Cómo podía saber Ruth si debía seguir bailando o era mejor abandonar definitivamente su faceta de bailarina? ¿Por qué se perdió Ruth? Lo que le sucedió es que había estado más atenta a lo que era adecuado desde el modelo social y educativo en el que estaba inmersa que a su propio bienestar e instinto. Había relegado sus sensaciones más inmediatas. Y solo en la medida en la que estamos más conectados con nuestro cuerpo y nuestras emociones podemos tener un baremo de aquello que nos sienta bien y de aquello que nos sienta mal.

Obligaciones frente a responsabilidades

Hay personas para quienes la máxima ilusión es gozar de una vida cómoda, sencilla y segura, mientras que otras necesitan ilusionarse constantemente con cosas nuevas y diferentes para sentirse vivos. Cada persona tiene una manera de vivir y ninguna es mejor que otra.

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Recuperar la ilusión no debe convertirse en una obligación, porque si nos lo tomamos así, seguimos sumidos en el patrón de los “deberías”. Una de las maneras más frecuentes de perder la ilusión es, precisamente, llenar el día a día de “deberías” anteponiendo aquello que se espera de nosotros, tanto familiar como socialmente, a lo que sentimos y deseamos hacer.

Cuanto más rígidos somos respecto a cómo tenemos que hacer las cosas, cómo tenemos que ser y qué es adecuado y qué inadecuado, más prisioneros somos de nuestras creencias. No estamos hablando de aparcar las responsabilidades, sino de diferenciarlas bien de las obligaciones.

“Obligación” es algo que viene impuesto por una regla de afuera; “responsabilidad” significa ser consecuente con aquello con lo que uno mismo ha decidido implicarse.

Aunque se puedan parecer –en ambos casos la persona asume un compromiso–, en la obligación, la presión hacia la acción viene de un imperativo externo; mientras que en la responsabilidad, el impulso sale del interior de uno mismo.

En la medida en que podamos conectarnos con nuestro cuerpo y dar crédito a nuestras sensaciones más libres nos vamos a sentir, porque, al estar más vinculados con nosotros mismos, resulta mucho más fácil tener ilusión por lo que vamos a ser y a realizar.

Si tu modelo de vida solo está repleto de reglas, normas y obligaciones sobre lo que está bien y lo que está mal, existen muy pocas posibilidades de que aparezca la ilusión, de que nazca ese espacio vacío en el que poder escribir algo diferente y nuevo. Se trata de buscar aquello que se desea para que la satisfacción surja del hecho de permitirse ser uno mismo.

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