Luz de gas o gaslighting: qué es, cómo reconocerlo y cómo afecta a la salud mental

El gaslighting es un tipo de maltrato que puede ejercer tu pareja, un amigo, un familiar o incluso un compañero de trabajo. Te explicamos en qué consiste, cómo actúan quienes ejercen este tipo de violencia y cómo afecta esto a la salud mental de la víctima.

Luz de gas o gaslighting
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¿Qué es hacer luz de gas o gaslighting y por qué se le llama así? Esta expresión fue acuñada en psicología para describir una dinámica de convivencia perversa y se inspiró en una obra de teatro de 1938 de Patrick Hamilton que unos años más tarde se convirtió en la famosa película “Luz de Gas”(1944) versionada en su día por George Cukor y por la que recibió un óscar la enigmática actriz Ingrid Bergman.

Con ella se designaba una forma de manipulación que a menudo ocurre en relaciones abusivas. Un tipo encubierto de abuso emocional en el que el acosador o abusador engaña a la persona creando una narrativa falsa y haciéndole cuestionar sus propios juicios y realidad.

En última instancia el efecto que provoca sobre la víctima es que comienza a sentirse insegura y a dudar de sus propias percepciones del mundo e incluso cae en la confusión, la duda, el miedo y se pregunta si está perdiendo la cabeza (M. France Hirigoyen, 1998)

Este fenómeno se ha descrito sobre todo en relaciones amorosas, pero también puede ocurrir entre amigos, miembros de una familia o incluso entre compañeros de trabajo. El objetivo siempre es ejercer el poder sobre el otro para poder manipularle en base a sus propios intereses.

Qué es hacer "luz de gas" o gaslighting

Para entender en qué consiste hacer "luz de gas" o "gasligthing" podemos analizar el argumento del film "Luz de gas" que dio nombre a este tipo de maltrato. La fascinación que ejerce esta película es que realiza algo difícil: describe con precisión de cirujano la dinámica perversa y sutil que se instaura entre la pareja. Así nos descubre durante el inquietante desarrollo de la misma las artimañas de un amoroso esposo bajo cuya máscara se oculta un asesino, perverso y manipulador que engaña a una mujer joven, bella, delicadamente educada casándose por el sólo parentesco con una tía a la que había asesinado años atrás.

Vive obsesionado en conseguir sus famosas joyas. Así que, la desposa, a la par que se instalan juntos en la casa de la tía, escenario del antiguo crimen, donde aún cavila que pueden ocultarse las preciadas joyas, a un tiempo, la aparta de su familia mediante el despliegue de un férreo y exhaustivo control.

Sabe que no puede asesinarla porque levantaría las sospechas de la policía sobre su identidad falsa, por lo que urde un plan más ambicioso y sofisticado: volverla loca, encerrarla en un psiquiátrico y conseguir así vía libre para disfrutar de sus preciados bienes y averiguar donde se esconden las joyas. ¿Cómo lo hace? Elige deshacerse indirectamente de ella. Asesinarla psicológicamente.

Lo más fascinante en estos casos, según Adrew D. Spear, profesor de filosofía de la Grand Valle State University en Michigan (EE.UU), es que controlar a la víctima o hacer que las cosas salgan como él quiere no es suficiente. Lo realmente esencial para él es que su víctima llegue a estar de acuerdo con él. Así, anulada su voluntad, la víctima como un corderito inocente se dirige al matadero: la muerte psíquica.

Y teje, para ello, una sutil tela de araña. La empuja suavemente hacia el precipicio de la desesperación. Pero, ¿cómo consigue hacerla creer que está perdiendo la cabeza?, ¿cómo identificar los mecanismos perversos de la comunicación?

Consecuencias del gaslighting en la salud mental

Hacer luz de gas está destinado a provocar incertidumbre y dudas, que a menudo son perjudiciales para la salud mental de la víctima y para mantener el principio de realidad de lo que allí ocurre. La persona a la que le hacen luz de gas suede experimentar:

¿Cómo saber si están haciendo luz de gas?

La literatura psicológica ha descrito varias argucias destinadas a crear confusión en la víctima y hacerla dudar acerca de su percepción de la realidad, socavar su memoria y modificar sus recuerdos.

Lo primero que hace un perverso es cosificar a la persona. Considera al otro un objeto del que deshacerse sino sirve para sus intereses. Una forma de hacerlo es atribuir una intención maliciosa y perversa al otro. Convertirlo en objeto de su odio.

  • Difunde rumores sobre la víctima

Difundir rumores y chismes sobre la víctima o magnificar cualquier error que pueda cometer o apariencia del mismo. Esta táctica suele ser tremendamente efectiva y muchas personas se ponen del lado del acosador sin conocer la historia completa. (Ather, K. 2018).

Resulta muy fácil que se activan dinámicas de grupo en entornos laborales donde se han instaurado relaciones perversas de poder que generan divisiones y enfrentamientos a veces explícitos a veces soterrados destinados a calmar las angustias paranoides del líder.

  • Trata de inhibir el pensamiento de la víctima

Este es uno de los mecanismos principales descritos por Mari France Hirigoyen (1998) que se despliegan durante la fase de dominio. Lo importante es que la víctima no piense, ya lo hacen por ella y la indican además lo que debe pensar. Pone en juego el mecanismo de la dominación.

En la película Gaslight se nos muestra cómo cuando él sabe que ella está sola en su habitación manipula los mecanismos que regulan la intensidad de la luz de gas y al negar siempre la realidad de los hechos y carecer de testigos, hábilmente la conduce a creer que está perdiendo la cabeza. Según Ather, K. de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia), el resultado de estas maniobras es que la persona duda de sus percepciones, competencias y estado mental.

  • Miente descaradamente

Mienten abiertamente y jamás se bajan del burro. Incluso cuando se les confronta es fácil que respondan diciéndote: “Estas inventándote cosas”, “Estás loca”, “Eso no fue así”.

Así, en la película, cuando la víctima trata de comunicarle sus dudas, lo cuestiona y deja de comportarse como un objeto dócil surge el peligro. Se siente amenazado y agredido y responde dando la vuelta a la tortilla. Despliega en segundos una violencia fría, donde se insinúan amenazas de encerrarla en un psiquiátrico y legitima su actuación presentándose a sí mismo como la víctima de una enferma mental o de una situación desesperada.

Niegan la mayor. Y, como decía Ariel Leve quien sufrió este tipo de violencia con su madre durante su infancia: “nunca esperes que reconozcan algo de lo que hacen contigo”.

  • Fomenta la sensación de culpa

Cualquier conversación honesta sobre cómo te sientes con un perverso acerca de lo que está sucediendo en la relación y que conlleve un reconocimiento implícito de qué algo no funciona bien e implique asumir responsabilidades es inútil. Niegan su participación, minimizan tus sentimientos y pueden acusarte fácilmente de resultar demasiado sensible.

La negación de la conducta hiriente hace que la víctima se sienta completamente indefensa frente a la falta del reconocimiento del otro y es tratada como que el impacto emocional sobre ella no fuera importante.

Respecto a la vivencia de culpa, Marie France Hirigoyen (1998) lo explicita claramente cómo se llega hasta este punto:

Las víctimas son las únicas que cargan con la culpa, mientras que los agresores siempre se libran de ella. Es difícil desprenderse de una relación alineante. Una vez que se sitúan en la posición de culpables, las víctimas se sienten responsables de la forma de ser de la relación. Su culpabilidad no tiene de ningún modo en cuenta la realidad. Interiorizan aquello que les agrede”.

Si piensas que estás sufriendo una relación abusiva de esta naturaleza es bueno que reconsideres la misma y te dirijas a un profesional que te ayude a clarificar lo que sucede y desenredar juntos las razones acerca de cómo te sientes.

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