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Infertilidad humana y contaminación

"Las clínicas de reproducción no son la única solución"

La contaminación química está perjudicando la capacidad reproductiva de hombres y mujeres. Es un problema que no podemos resolver solo con más tratamientos de reproducción asistida, dice el investigador Nicolas Olea.

Claudina Navarro

El doctor Nicolás Olea, investigador de la Universidad de Granada, experto en los efectos sobre la salud de pesticidas y disruptores endocrinos, advirtió durante una conferencia en la feria BioCultura Sevilla, que "algunos de los efectos son irreversibles y están costando mucho dolor a muchos".

Olea explicó el efecto de los disruptores endocrinos sobre la fertilidad. En concreto llamó la atención sobre que la exposición del feto durante la gestación se asocia con una mala calidad del semen en la edad adulta y también con el riesgo de sufrir cáncer de testículo.

En lugar de buscar una solución a la contaminación que provoca los problemas de fertilidad, están proliferando las clínicas de reproducción asistida, comentó el doctor Olea. "Es una huida hacia adelante tan típica de la sociedad actual, donde la tecnología quiere resolver los problemas provocados por la propia tecnificación", denuncia.

Los disruptores endocrinos y las partículas finas favorecen la infertilidad

Los disruptores endocrinos se asocian con los problemas de fertilidad en aumento en todos los países desarrollados, y también guarda relación con el desarrollo de diabetes y enfermedades cardiacas.

Un estudio reciente ha descubirto otra amenaza para la fertilidad humana: las partículas finas (las llamadas PM 2.5). Estas partículas se encuentran flotando en el aire y proceden de los motores de combustión, el desgaste de los neumáticos, las incineradoras, las centrales térmicas o las emisiones industriales, penetran profundamente en los pulmones, llegan al flujo sanguíneo y alteran el sistema endocrino, según investigadores de la Universidad de Sao Paulo.

Los científicos brasileños han podido comprobar que estos contaminantes, que se relacionan con problemas cardiovasculares, respiratorios y cáncer, también reducen la cantidad y la calidad de los espermatozoides, debido a los daños producidos sobre los testículos y sobre la activación o silenciamiento de los genes que regulan su función.

La doctora Elain Costa ha llamado la atención sobre que "las tasas de infertilidad están creciendo en todo el mundo y la contaminación del aire podría ser uno de los factores principales". De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, 15% de la población mundial sufre problemas de fertilidad que afecta por igual a hombres y mujeres.

Las medidas políticas llegan con retraso

Para Olea, los políticos a nivel europeo están empezando a comprender la gravedad de la situación, pero "las medidas se están tomando con una lentitud exasperante". "A pesar de que su exposición en momentos críticos de la vida de un individuo pueda tener consecuencias graves", no se toman las medidas necesarias a tiempo.

Por ejemplo, en 1995 Olea ya denunciaba el efecto del bisfenol A y no se ha prohibido su uso en todos los envases de alimentos destinados a niños menores de 3 años hasta 2018. Pero la realidad es que los niños beben y comen alimentos para adultos. De esta manera no dejan de estar expuestos al bisfenol liberado por la lámina interior de plástico de las latas de tomate triturado, por ejemplo.

Expuestos al cóctel químico

Por otra parte, Nicolás Olea señala el efecto de los cócteles químicos que se producen en la vida real. Recuerda que tocamos bisfenol cada vez que cogemos un ticket de caja de impresión térmica (prácticamente todos) y que entramos en contacto con otros disruptores endocrinos a través de las prendas confeccionadas con tejidos y tintes sintéticos, de los cosméticos sin certificación natural o ecológica, del aire contaminados que respiramos o de alimentos con restos de pesticidas.

Por tanto, elegir alimentos con certificación ecológica, locales, de temporada y sin envasar es una medida básica.

Nicolás Olea lleva más de 30 años estudiando los contaminantes ambientales y continúa en la brecha. Actualmente trabaja con su equipo de la Universidad de Granada en un estudio que abarca 27 países europeos y que está midiendo la presencia en el cuerpo humano de una gran cantidad de compuestos químicos entre los que se encuentran muchos disruptores endocrinos. Los resultados estarán listos en unos meses y servirán para orientar políticas de prevención de la exposición.

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