La etapa más crítica

Protégete de los riesgos ambientales en el embarazo

Silvia Díez

Los tóxicos en la dieta, la contaminación o las radiaciones son algunos de los factores que pueden afectar a la salud del feto y tener efectos en varias generaciones.

Todos aquellos factores externos (sustancias químicas, alérgenos y tóxicos, radiación solar, radiación electromagnética, aire, ruido…) a los que está expuesta una persona durante su concepción, su gestación y sus primeros años de vida condiciona la salud de la que gozará el resto de su vida e, incluso, la de sus hijos y nietos.

Por eso es importante actuar sobre los riesgos ambientales cuando los niños son menores de 5 años. Hacerlo puede reducir hasta un 26% todas las muertes.

"Durante mucho tiempo se dio por sentado que el organismo solo se alteraba con la exposición directa a los contaminantes", dice Marta Schuhmacher, investigadora del proyecto Heals (Health and Environment-wide Associations based on Large population Surveys). Pero se ha comprobado que los compuestos químicos atraviesan la placenta.

Los ftalatos, el plomo o el mercurio que llegan a la sangre de la madre, sobre todo a través de los alimentos, también llegan al feto. Incluso las partículas más finas de la contaminación atmosférica afectan a su cerebro.

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La exposición química que afecta a un niño puede producirse incluso antes de su concepción. Un padre fumador transmite marcadores epigenéticos en sus espermatozoides que aumentarán el riesgo de su hijo de sufrir ciertos trastornos (¡aunque nunca llegue a fumar delante de él!).

"Lo más increíble es que estos mecanismos de epigenética se transmiten a la siguiente generación", explica Léa Maitre, coordinadora del Proyecto Helix del Instituto de Salud Global, que ha trabajado durante diez años con 30.000 madres de España, Noruega, Grecia, Lituania, Inglaterra y Francia.

El propósito del proyecto es conocer en profundidad el exposoma, es decir, el conjunto de factores de exposición a los que está sometida una persona. Hélix debería servir para aprobar regulaciones que protejan a las mujeres embarazadas y a los niños pequeños.

Mediante cuestionarios y análisis de sangre y de orina hechos a madres e hijos, el proyecto lleva mapeando el conjunto de las exposiciones ambientales durante una década. Estudian y comparan más de 1.000 variables, incluidas las emociones o la crisis económica.

Las conclusiones de Helix pueden servir para prohibir o restringir disruptores hormonales como los ftalatos, relacionados con la obesidad, el asma y las alteraciones intelectuales y del comportamiento (algunos estudios los relacionan con el autismo y la hiperactividad).

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Aunque la contaminación o el estrés pueden marcar los genes en la primera etapa de la vida, esto no quiere decir que no se pueda hacer nada. Un estilo de vida sano modula y reduce el riesgo, según la coordinadora del proyecto Helix, Léa Maitre.

  1. Dejar de fumar. Todavía, y pese a la mucha información que hay, es el factor ambiental y el hábito con efectos más perjudiciales para la salud, la propia y también la de nuestros hijos y nietos.
  2. Comer sano. Los alimentos ecológicos libres de pesticidas y sin grasas animales son la mejor opción.
  3. Moverse. La actividad física es beneficiosa, aunque se realice en un entorno urbano. Si es posible, conviene ir a pie al trabajo y a la escuela. Otra opción muy saludable es la bicicleta.
  4. Cuidado personal. Son preferibles los productos de higiene, cosméticos y ropa con alguna certificación ecológica o natural.
  5. Más naturaleza. Siempre que podamos, nos conviene regenerarnos con el aire puro y los entornos naturales. También en los parques de la ciudad.

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