Es imposible complacer a todo el mundo, aunque la mayoría lo intentamos, a menudo de forma inconsciente. Sucede porque, de niños, tenemos dos necesidades psicológicas: el apego o sentirnos amados y conectados a nuestro cuidador(a), y la autenticidad, la posibilidad de expresar nuestras emociones y personalidad con libertad. Según el Dr. Gabor Maté, creador de la Investigación Compasiva, en las situaciones difíciles de nuestra infancia renunciamos a la autenticidad para obtener lo único sin lo cual es imposible sobrevivir psicológicamente: la conexión, el apego con nuestro cuidador. 

Si estás acostumbrado a dar, puede que te cueste bastante recibir. Tenderás a priorizar las necesidades ajenas. Muchos adultos siguen creyendo que ser ellos mismos y expresar sus prioridades pone en riesgo el favor y cariño de los demás. Por eso, a menudo se instalan en lo urgente, en lo que es importante para otros.

 

¿Qué significa ser asertivo?

Es necesario aclarar que, cada vez que nos decimos «sí» a nosotros mismos y «no» a lo que pide otra persona, no estamos siendo egoístas. La asertividad, de hecho, nos permite honrar las necesidades del otro a la vez que respetamos las nuestras

La persona asertiva no agrede verbalmente a su interlocutor, pero tampoco se somete a su voluntad. Halla el punto medio a través del respeto y la expresión de las propias necesidades.

La adicción al «qué dirán» es lo contrario de ser asertivo. Es no respetar las propias necesidades, un síntoma de baja autoestima. Pero el valorarse a uno mismo es un músculo que se puede entrenar.  Si debajo de nuestra conducta servicial late una herida infantil, a menos que la reconozcamos y la sanemos, nos costará vivir y relacionarnos de forma auténtica. Necesitamos superar el miedo a perder el apego y la conexión de las personas que nos importan. 

 

Asertividad: respeta tus necesidades 

Aunque nos esforcemos en marcar los límites de una manera clara, no podremos evitar decepcionar a veces al otro. Sin embargo, no depende de nosotros cómo se sienta la otra persona cuando le negamos algo. Aunque demos una explicación, es posible que le siente mal o se enfade.

No dejes que la presión cambie tu decisión, concédele al otro su derecho a enojarse. Las personas más cercanas emocionalmente lo entenderán tarde o temprano, y, si no son capaces, es un trabajo que deben realizar por sí mismas.  

Adam Grant, profesor de la Wharton Business School, cuenta que durante años se empeñó en estar disponible para todo el mundo, diciendo siempre que sí. Llegó un punto, sin embargo, en el que era incapaz de atender todas las peticiones. Se vio obligado a ser asertivo: «Ser generoso no consiste en decir que sí a todo lo que te pide la gente, todo el tiempo. Se trata de decir sí a algunas de las personas (gente también generosa o que puede aportarte algo), a veces (cuando no vas a comprometer tus metas y ambiciones) y a algunas de las peticiones (cuando las habilidades y recursos que puedes aportar son de verdad relevantes)».

Cuando te decidas a reconocer y respetar tus necesidades, necesitarás paciencia y disciplina para aprender a comunicarlas. Cada vez que nos priorizamos,aunque estemos cargados de razón, puede que nos sintamos culpables de no cumplir con las expectativas ajenas. El Dr. Maté Gabor afirma que la mejor señal de que por fin empiezas a respetarte es que te sientes culpable de decirte «sí» a ti mismo y «no» a los demás. Con todo, vale la pena elegirse. Tienes derecho a cambiar.   

¿Cómo ser una persona más asertiva?

Sigue los siguientes consejos y libérate de todo aquello que te genera tensiones e intranquilidad.

  1. Aprende a conocerte observándote: aplica la filosofía del kaizen –la mejora continua– dando pequeños pasos y elige un tiempo cada día para observar qué decisiones tomas y cómo las comunicas.  
  2. Cuida la manera de expresarte: habla siempre de tus sentimientos y de tus necesidades en primera persona (Yo siento / quiero / pienso...), y evita generalizar (Siempre / nunca...) o señalar o acusar al otro.
  3. Habla de cómo te sientes y qué necesitas: identifica tus emociones y busca tu deseo o la necesidad real que se esconde detrás de ellas. Exprésalas desde el «yo» de forma adecuada y respetuosa.
  4. Cubrir tu necesidad depende de ti: cuando sepas cuál es tu auténtico deseo o necesidad, comprométete contigo mismo a satisfacerlo. No esperes a que los demás tengan que adivinarlo o que lo comprendan.