Sabiduría, afecto y legado

El papel de los abuelos en la familia

Lourdes Mantilla, psicóloga clínica

Los abuelos pueden transmitir la esencia de su saber y toda su experiencia, pero deberían seguir siendo ellos mismos y gozar y crecer dentro de lo posible.

    La relación entre abuelos y nietos se ha ido modificando con el paso del tiempo, pero el vínculo existente entre ambos siempre ha permanecido inalterable en cuanto a su calidad e importancia.

    Cuando padres, hijos y abuelos convivían en el mismo hogar, el ascendiente sobre los nietos era mayor y el referente de los abuelos como modelo educativo coexistía al lado del paterno. Sin embargo actualmente parece que los abuelos ejercen más una función de cuidadores, de "canguros" a tiempo parcial para cubrir los espacios de tiempo en que los niños se encuentran sin sus padres.

    Por otro lado, la propia gente mayor ha cambiado sus valores y sus estilos de vida. Hoy ser abuelo no implica ser un "viejo", ya que la mejora en la calidad de vida hace que estas personas tengan otros intereses más allá de dedicarse al cuidado de sus nietos. Así pues, abundan los abuelos que trabajan, que hacen deporte, asisten a cursos o espectáculos diversos y salen de excursión o de viaje.

    A pesar de estos cambios la relación y el contacto entre abuelos y nietos siguen siendo muy enriquecedores para la educación de los niños.

    Los abuelos tienen un lugar muy significativo en su mundo afectivo ya que, entre otras cosas, representan los antecedentes familiares y el legado de otra época.

    ¿Qué papel juegan los abuelos en la educación? Cómo evitar los conflictos

    Aunque es responsabilidad de los padres educar a sus hijos, es innegable que los abuelos que pasan mucho tiempo con los nietos acaban teniendo una gran influencia en ellos y en su educación, lo cual puede acabar siendo una fuente de conflictos y contradicciones.

    Resulta, pues, muy importante concretar los papeles de cada uno y procurar dejar muy claro quién es quién ante los pequeños, ya que en ciertos casos estos podrían acabar viendo a los abuelos como padres y a los padres como hermanos mayores u otras personas menos significativas.

    Ante todo, conviene pues que haya buena comunicación entre abuelos y padres, lo que permitirá aclarar las dudas y explicar cuáles con las cuestiones que los padres creen fundamentales.

    Muchas veces los conflictos surgen por temas de disciplina, ya que los abuelos tienden a relajarla, a ser más condescendientes y a otorgar más mimos y caprichos que los padres. Esa tendencia puede ser nociva para los niños, primero porque los abuelos no siguen los mismos criterios que los padres y segundo porque los pequeños pueden acabar por tiranizarles.

    Los abuelos deben entender que no es lo mismo ir de visita o que los niños vayan a su casa a pasar una tarde o una noche –donde su mayor permisividad sería más justificable– que estar día a día a cargo de sus nietos.

    Conviene que los padres valoren el papel de los abuelos delante de sus hijos y hagan que estos les respeten y les hagan caso, no solo por ser sus abuelos sino también porque son personas mayores.

    Los abuelos, por su parte, gracias a su experiencia como padres, pueden hacer en muchas ocasiones de mediadores en los conflictos entre sus nietos y los padres, suavizando las situaciones y aportando otros puntos de vista.

    El criterio general es que los padres son los modelos básicos de referencia en la educación de sus hijos, quienes transmiten sus valores y normas, mientras que los abuelos deben desempeñar un papel complementario, respetando esos valores y haciendo cumplir esas normas. Pero también, y sobre todo, aportando un tipo de cariño y afectividad que solo ellos como abuelos pueden proporcionar.

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    La figura de los abuelos debe ser vista como algo más que la de unos cuidadores en los que se tiene confianza. Los abuelos representan la continuidad generacional, el vínculo a una tradición y a una genealogía familiar.

    Son los padres de los padres, los testigos de su infancia y quienes mejor pueden explicarla a los niños: si hacían las mismas trastadas, si había que castigarles, las cosas que les gustaban, en las que sobresalían... Eso ayuda al niño a inscribirse en ese relato familiar.

    Asimismo, los abuelos ejemplifican otros valores, costumbres y formas de vivir. Son los testigos de momentos históricos que la familia vivió y pueden transmitirlos de primera mano. Los abuelos deben recordar a sus nietos todo este legado, tanto social como familiar o personal, explicarlo como hicieron sus propios abuelos, aunque sean tachados de cuentabatallitas, ya que a los niños les encanta conocer de viva voz esas vivencias y anécdotas.

    La separación no debe implicar nunca la ruptura del árbol familiar del que el niño se continúa sintiendo miembro.

    Precisamente por esto, es muy importante valorar este papel y no romper el árbol familiar. Cuando una pareja se divorcia, en muchos casos la ruptura acarrea, lamentablemente, disputas con respecto a la familia extensa: abuelos, tíos, primos... lo que hace que una relación estrecha con los abuelos pueda romperse debido a decisiones tomadas por los padres desde el enfado y la intransigencia.

    Pero conviene tener en cuenta que el divorcio solo se produce entre los padres y, al igual que estos deben continuar cumpliendo sus funciones parentales con sus hijos, el resto de la familia debe seguir estando presente para los niños; es decir, los abuelos siguen siendo sus abuelos, los tíos siguen siendo tíos, etc.

    Cómo fomentar el vínculo abuelos-nietos

    Más allá del cuidado y el contacto con la tradición, la función más importante de los abuelos con sus nietos es el vínculo afectivo, y este como cualquier otro vínculo debe trabajarse y fomentarse continuamente.

    Es casi automático que los abuelos sientan un gran afecto por los niños, pero para que ese afecto se dé también en sentido inverso los abuelos tienen que tener una participación activa en la vida de sus nietos, lo que no significa que se entrometan en la relación con sus padres.

    El modo en cómo se participe en su vida depende, muchas veces, del tipo de vida de los padres, de si reclaman a los abuelos de forma cotidiana para que les ayuden en su cuidado porque lo necesitan o, por el contrario, son padres que pueden atender por sí mismos a sus hijos y no precisan de esa ayuda continua.

    Está claro que la interacción continua facilita el establecimiento del vínculo afectivo, pero no porque unos abuelos no vean regularmente a sus nietos estos van a quererles menos.

    Lo importante es que los niños, más allá de la frecuencia de ese contacto, se sientan queridos por sus abuelos, que cuando se vean sientan que se les quiere por cómo son, que los abuelos se interesan por ellos cuando hablan con sus padres, saben cómo les van los estudios, conocen sus aficiones y se emocionan con sus progresos.

    A partir de todo ello se va a generar una buena sintonía entre nietos y abuelos, lo que permitirá que los nietos también se interesen por los abuelos y promuevan el encuentro con ellos, pidiendo ir a visitarles o incluso pasar una noche en su casa porque saben que serán bien atendidos y cuidados.

    Más que el tiempo que se pasa con los nietos es fundamental, por tanto, la calidad de ese tiempo y la cantidad de afecto y sentimiento que se invierte en ese contacto.

    Actividades divertidas para abuelos y nietos

    Los abuelos de hoy pueden emprender múltiples actividades con sus nietos, puesto que suelen contar con una mayor calidad de vida, mejor salud y mayor vitalidad que los abuelos de generaciones anteriores. Debemos procurar siempre que esas actividades que hagan juntos abuelos y nietos respondan más al interés de los niños que al de los abuelos, como por ejemplo:

    • Acompañarles al cine o al teatro a ver alguna obra infantil.
    • Compartir aficiones mutuas, como dar un paseo en bicicleta, tocar algún instrumento musical, ver algún programa de televisión, etc.
    • Leerles cuentos y libros adecuados a su edad.
    • Hacerles partícipes de su mundo y sus intereses, como cocinar conjuntamente un pastel o su plato favorito, mostrarles lugares a los que se acude regularmente, como el club social, el gimnasio, el parque, la biblioteca...
    • Aceptarles como maestros, puesto que en algunas cosas los niños están más adelantados que sus abuelos y les encanta enseñárselas, sobre todo en lo que tiene que ver con las nuevas tecnologías: informática, fotografía digital, teléfonos móviles, manejo de dvds, etc.
    • Hablarles de su propia niñez y juventud, así como de los diferentes momentos históricos que han vivido y de la propia familia. Los niños aceptan con mucho agrado las anécdotas que los abuelos pueden contar de sí mismos, de sus padres, tíos y conocidos, así como escuchar las canciones de otras épocas y que les expliquen fotografías antiguas.

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    ¿Quién cuida a los abuelos que cuidan?

    Está muy bien que los abuelos se sientan contentos y felices por poder colaborar en los cuidados de sus nietos, pero es importante que no se olviden de sí mismos, de sus propias vidas y prioridades, o de la pareja que puedan tener.

    La obligación de cuidar y educar a sus hijos ya la han cumplido con creces. Pueden seguir ayudándoles, pero sin olvidarse de realizar aquellas actividades y proyectos que tengan más interés para ellos.

    Actualmente, ser abuelo no implica necesariamente estar jubilado, pero en cualquier caso conviene disfrutar de los días sin la presión ni el compromiso de ayudar a los hijos: hacer un viaje o una escapada, cultivar algún deporte o afición, realizar todo aquello que pueda dar más sentido a su vida.

    Cuidar de uno mismo no es un acto egoísta, y menos a estas edades. También ayuda a estar mejor con los nietos, porque se estará más tranquilo y feliz con ellos, y será más fácil transmitirles esa alegría de vivir que aún se tiene.

    Podríamos resumir esa necesidad de respeto hacia el papel de los abuelos en estos "cinco derechos del abuelo":

    • Consejeros. Si pasan tiempo con los niños es preciso tener en cuenta sus comentarios y opiniones, ya que son observadores muy fiables.
    • Autonomía. Aunque se delimiten las funciones, se les debe dejar que las desempeñen a su estilo.
    • Respeto. Inculcarles a los niños respeto hacia los abuelos es una forma de generalizar ese respeto a las personas mayores.
    • Cariño. Deben tolerarse los mimos de los abuelos, siempre que no resulten excesivos, puesto que esa es una de sus funciones y los niños saben distinguir la tolerancia de los abuelos de la rectitud que puedan tener los padres.
    • Gratitud. Conviene valorar su dedicación, ya que representan una gran ayuda a la dinámica familiar y renuncian a su tiempo para atender a los nietos.

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    ¿Cómo apoyar al niño ante la muerte de los abuelos?

    Inexorablemente, un día u otro, los abuelos van a fallecer y ante esa situación tan dramática muchos padres se preguntan cómo deben actuar. Los niños están mejor preparados de lo que se cree para superar ese trance.

    Normalmente la muerte no llega de repente sino después de un proceso de enfermedad más o menos largo. Es conveniente por tanto mantener al niño informado y tenerle prevenido ante un posible desenlace.

    Cuando este se produce, tanto sus preguntas como el modo de participar en el proceso del duelo van a depender de muchos factores: de la edad, que le permitirá entender las cosas de un modo u otro, de su carácter, pero también de la capacidad de los padres para vivenciar esa situación y para permitir que el niño se exprese.

    Si no se le habla ni se responde a sus dudas, él creerá que no debe preguntar ni tampoco ponerse triste.

    En general, los más pequeñitos tienen sus propios recursos y mecanismos de defensa frente al temor que les provoca la muerte.

    De hecho, hasta los siete años el niño vive la muerte como algo ajeno o lejano. Es difícil que imaginen su propia muerte o la de una persona próxima. Por eso sus preguntas aparecen sin angustia. También es posible que si les contamos la verdad su deseo se imponga a la realidad y se aferre a la creencia de que quien haya muerto no lo ha hecho, o bien va a resucitar como en los cuentos.

    Lo más importante, por tanto, es dejar que el niño se exprese y compartir los sentimientos entre toda la familia. Facilitar que el niño acuda un rato al tanatorio y asista al entierro es cada vez más común, y resulta además muy aconsejable. Esos rituales permiten concentrar el amor de la familia por el fallecido, apreciar lo que se recibió de él y cerrar con gratitud y conciencia su paso por este mundo.

    Si el difunto tuvo un trato estrecho con el niño es fácil que este acuse la ausencia, y que manifieste su tristeza por diversas vías. Hay que darle cariño al hijo y permitir que, poco a poco, la vida sin el abuelo tome carta de naturaleza.

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