¿Las personas pueden cambiar?

Aunque muchas veces no lo sintamos así, el cambio personal es siempre una puerta abierta. De hecho, todos vivimos con diferentes yoes a lo largo de nuestra existencia. Si eres capaz de imaginar cómo quieres que sea tu vida, podrás soltar lo que has sido para ir hacia algo distinto.

las personas pueden cambiar
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Una de las características que nos diferencian de nuestros compañeros de planeta es nuestra extraordinaria neuroplasticidad. Podemos modelar nuestra mente y, con ella, cambiar nuestro argumento vital. En la obra que representamos en el mundo podemos, incluso, asumir el rol de un nuevo personaje.

Decidí abrir mi autobiografía, Los lobos cambian el río, con una cita reveladora de Alan Watts: «No tienes la obligación de ser la misma persona que eras hace cinco minutos». Cualquiera que revise su vida, se da cuenta de que habitan muchos ‘yo’ en ella. Como decía Walt Whitman en sus célebres versos: «Yo soy inmenso… y contengo multitudes».

Cómo identificar nuestras diferentes identidades

Para reconocer todas las identidades por las que has pasado, y entender tu historia personal, en los cursos que organizamos con Silvia Adela Kohan proponemos este ejercicio de tres pasos:

  1. Si tu vida fuera un libro al que hay que poner título, ¿cuál sería? ¿Qué lema define tu existencia hasta el día de hoy?
  2. Escribe el índice de capítulos que tendría ese libro, cada uno dará título a una época de tu vida.
  3. Quizás la parte más excitante: atrévete a completar el índice con los capítulos que aún no has vivido, imagina cómo te gustaría que se desarrollara tu existencia.

Yo mismo seguí estos pasos para entender los temas y periodos que integrarían mi libro, y en esa exploración descubrí esas multitudes de las que hablaba Whitman.

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Hay un Francesc apocado que naufraga entre el vacío y la depresión; otro que sueña con componer bandas sonoras; un tercero que quiere dedicarse a enseñar alemán; el que desea ser editor…

Una vez tenemos el índice, con los diferentes yoes, podemos usar «la línea de vida», una herramienta del coaching para entender los aprendizajes que nos ha aportado cada época. Para profundizar más puedes hacerte estas tres preguntas: ¿qué cambios experimentó mi vida en este tiempo?, ¿qué gané y qué perdí?, ¿siento que he cerrado por completo esta época?

Cómo comprender nuestra línea de la vida

Para entender mejor nuestra línea de vida, hay una visión interesante planteada por Rudolf Steiner, pensador alemán que fundó la antroposofía y las escuelas Waldorf. Sostiene que cada siete años nuestro cuerpo, mente y espíritu dan un salto evolutivo que se refleja en nuestra personalidad y propósito vital.

La primera fase comprende de los 0 a los 21 años y se divide en tres etapas:

  • De los 0 a los 7 años: desde nuestro desembarco en la vida, aprendemos todo lo necesario para sobrevivir. El cuerpo se desarrolla mientras descubrimos el mundo y sus reglas.
  • De los 8 a los 14 años abandonamos la primera infancia y nos acercamos a la adolescencia. Nuestro mundo de protección va dando paso paulatinamente a la realidad de los mayores. Nuestra personalidad se acaba de definir.
  • De los 15 a los 21 años es una época crucial–y a veces traumática– en la que ingresamos en la edad adulta. El descubrimiento de la sexualidad va aparejado con decisiones sobre nuestro futuro académico y profesional.

En la segunda fase, que abarcaría de los 22 a los 42, definimos plenamente nuestro rol en la existencia. No solo profesionalmente, sino también por lo que respecta a la pareja, el lugar y la manera en la que queremos vivir, etcétera. Somos adultos con todas sus consecuencias y tomamos responsabilidad de lo que sucede en nuestra vida.

En la tercera fase, a partir de los 42 años, para Steiner lo más importante es el desarrollo espiritual. Eso incluye crisis que nos harán cuestionar lo que somos y el estilo de vida que queremos llevar. También surgirán preguntas sobre el sentido de la existencia.

Se ha comentado el paralelismo entre estas tres primeras fases y el proverbio chino que dice que la vida tiene tres momentos: veinte años para aprender, veinte para luchar y veinte para alcanzar la sabiduría. Claro que esta regla fue formulada en un momento en el que la esperanza de vida era bastante más corta.

¿Cuál sería nuestro rol en esta cuarta fase? Ser maestros, en aquello que se nos da bien, para los que vienen detrás. Alcanzada la sabiduría, nuestra misión como seres humanos es llegar a compartirla con los demás.

¿Quién quieres ser?

Pero más allá de los ciclos de la vida, el cambio personal es una puerta siempre abierta, y un rasgo fundamental del ser humano es la insatisfacción. Nadie se ve como una obra acabada. Estamos siempre en movimiento, evolucionando hacia alguna parte, y muchas veces nos angustia encontrar niebla en el camino.

Cuando sentimos que no estamos llevando la vida que nos corresponde, tal vez porque no hemos desplegado todas nuestras posibilidades, hay una pregunta muy simple que puede hacernos de guía: ¿Dónde estoy ahora y dónde me gustaría estar? Ese dónde puede incluir la situación personal, profesional, espiritual o de cualquier índole.

Una vez conseguimos dilucidar con honestidad el punto de partida –quién soy yo ahora–, se trata de fijar el destino –quién quiero ser. A partir de aquí, como decía James Clear en su libro Hábitos atómicos, se trata de apoyar con hábitos cotidianos ese nuevo yo: «Cada acción que llevas a cabo es un voto por el tipo de persona en la que deseas convertirte (…) A medida que se acumulan los votos, también lo hace la evidencia de tu nueva identidad (…) Todas las cosas grandes vienen de pequeños comienzos. La semilla de cada hábito es una pequeña y única decisión. Pero a medida que se repite esa decisión, el hábito brota y se fortalece».

Al cambiar en la dirección deseada, dejas de ser quien habías sido. Y tal vez te encuentres con el rechazo de gente que antes te había apoyado. Es el momento de contar con otros compañeros que estén transitando esta parte del camino y que puedan comprenderte y empoderarte.

Cambiar es excitante a la vez que doloroso, pues tiene como peaje la incomodidad y la pérdida. Como decía Otto Scharmer, en su Teoría U: Let it go & Let it come. «Hasta que no dejes ir lo que has sido, no habrá espacio para que puedas ser algo distinto».

¿De dónde a dónde quieres ir? La senda que lleva de lo primero a lo segundo es la quintaesencia de la aventura humana.

Aferrarse al pasado impide evolucionar

Storycoaching es el título del libro del escritor y publicista Gabriel García de Oro, que afirma que somos el resultado de lo que nos contamos sobre nuestra vida. Alguien convencido de que tiene mala suerte o de que no merece el éxito acaba confirmando con sus actos –a menudo de forma inconsciente– sus propias tesis. Es lo que se llama profecía de autocumplimiento.

«No puedes volver atrás y cambiar el principio, pero puedes comenzar donde estás y cambiar el final», decía C.S. Lewis. El pasado es arqueología personal, solo podemos entenderlo y extraer lecciones. La batalla por quienes somos y seremos se libra solo en tiempo presente.

La protagonista de la novela de Matt Haig, La biblioteca de medianoche, está obcecada en revisar el pasado. Cree que todo hubiera ido mejor si hubiera tomado otras decisiones. Sin embargo, cuando puede vivir esas existencias no vividas, descubre que el resultado es parecido porque ella sigue siendo la misma.

Nuestros actos definen quiénes somos y la calidad de nuestra vida, por lo que para salir de la situación actual tendremos que hacer cosas diferentes. Habrá que abandonar viejos hábitos y liberar tiempo y energía para otros nuevos que apoyen lo que queremos ser en adelante. ¿Qué estás dispuesto a hacer por tu nuevo yo?

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