Bastan diez minutos

Cómo es la siesta perfecta y saludable

Wen-Hsiu Hu Wen

Licenciada en Medicina Tradicional China

Respetar el instinto del sueño tras la comida del mediodía puede aumentar la calidad de vida porque permite reorganizar fuerzas antes de proseguir el día. ¿Cómo es la siesta perfecta y saludable?

La siesta es apetecible especialmente cuando llega el buen tiempo, después de comer.

Tras el bullicio de preparar la comida, compartir la mesa, saborear los alimentos y recoger los restos, de repente el mundo parece detener su gigantesco motor y cada persona, como si se metiera en su propia burbuja de algodón, se acurruca y se acomoda.

¿Qué es la siesta? Aprovechar las oleadas del sueño

La siesta forma parte de un ritmo natural del organismo, que cada 90 minutos aumenta la secreción de neurotransmisores que inducen el sueño, además del ritmo circadiano de sueño y vigilia cada 24 horas, relacionado con la luz solar. Esto explica la sensación de que el sueño llegue por oleadas.

Un pequeño sueño a mitad del día hace que se goce de mayor vitalidad y que se necesiten menos horas de sueño por la noche.

Este pequeño parón nos marca el ritmo del cuerpo, como una necesidad natural para llegar bien al final del día, aunque no a todo el mundo le funciona de igual manera.

El arte de la siesta consiste, según el Dr. Pablo Saz, en saber "coger la ola" y seguirla, como en una tabla de surf. Se nota que llega la ola cuando disminuyen los reflejos y entra el sopor.

La naturaleza avisa de cuándo es necesario dormir y cuándo estar despierto. Respetar y redescubrir su sabiduría es encontrar un camino hacia la armonía.

Es el momento de dejarse llevar por el instinto, aceptar la invitación que lanza el cuerpo y abandonarse al sueño. La ola de sueño dura unos 90 minutos, pero para beneficiarse de la siesta bastan entre 5 y 20 minutos.

En vacaciones o aprovechando la jornada intensiva que permiten algunos trabajos, se puede disfrutar del placer de descansar y dormir, en vez de recurrir a estimulantes como el café para mantenerse despierto.

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Beneficios de la siesta

En algunos ambientes la siesta está mal vista o se considera propia de vagos. Sin embargo, se trata de una costumbre sana y natural.

Una siesta que no supere los 20 minutos, en un lugar agradable y con ropa cómoda, puede beneficiar a todo el organismo.

Estos son algunos de sus efectos saludables más destacados:

  • Mayor vitalidad.
  • Aumenta el rendimiento: mejora la percepción sensorial, la memoria y la coordinación psicomotora. Se recomienda practicarla en momentos de confusión, ya que ayuda a aclarar las ideas. También si se está cansado tras horas de conducción, o antes de una cita o un examen.
  • El tiempo se dilata. El tiempo invertido en una siesta nunca se pierde sino que más bien se gana.
  • Más humor y creatividad. El descanso favorece la amabilidad, así como la sociabilidad.
  • Balance positivo. Si está bien realizada, la persona se siente mejor que antes de hacerla.

Buscar la comodidad

Un lugar ideal para echar la siesta es a la sombra de un árbol acogedor, bajo la suave brisa y rodeado de flores silvestres y verdes prados, pero la realidad de nuestras ciudades es bien distinta.

Aún así, se puede gozar del descanso reparador de una siesta en el sillón de un rincón de casa, sobre la falda de la pareja, en el banco de un parque, en el despacho, en cualquier lugar, en suma, en el que uno se encuentre cómodo.

Lo aconsejable es reducir la intensidad de la luz ambiental, así como mantener una buena ventilación y una suave y cálida música de fondo.

Si se está fuera de casa, se puede acomodar la ropa lo más suelta posible, para que no apriete, aflojando el cinturón, los zapatos, el cuello de la camisa… Si se puede elevar y estirar las piernas horizontalmente, mucho mejor.

Aunque no se llegue a dormir, se puede utilizar el tiempo de la siesta para practicar un poco de silencio y recogimiento que facilitan entrar en contacto con uno mismo.

Es un gozo poder echar una siesta como antaño, algo que no se debería perder, sino recuperar. Realizar un alto en el camino permite tomar conciencia de quién se es y qué importa en la vida.

Duración ideal de la siesta y cómo recuperarse tras ella

No es aconsejable dormir mucho rato porque entonces el organismo lo considera un sueño largo y se dificulta la digestión, lo que produce malestar.

El tiempo adecuado varía según cada persona, pero se recomiendan entre 20 y 30 minutos. A algunas personas, sin embargo, les resulta suficientemente reconfortante echar solo "una cabezadita".

Para los niños, las mujeres embarazadas y los ancianos, el tiempo de la siesta puede prolongarse. Incluso pueden tumbarse en la cama para poder conseguir un mejor descanso.

El descanso proporciona un mejor rendimiento en el trabajo, pero no todo el mundo tiene un buen despertar. La recuperación del ritmo ha de ser gradual y pausada.

Es recomendable una buena taza de té caliente para despejar suavemente tanto el cuerpo como la mente. Las bebidas frías no resultan aconsejables por el hecho de que el cuerpo acaba de ponerse en marcha.

Después de tomar el té se puede lavarse la cara con agua corriente para acabar de despejarse y ¡a seguir!

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La siesta: la hora del corazón para la medicina china

El cuerpo funciona siguiendo el horario solar y los cambios estacionales.

Lo demuestran los meridianos, de los que hay doce principales. Cada uno se asocia a un órgano vital, empezando por el pulmón. A cada órgano le corresponden dos horas de máxima energía, es decir, dos horas en las que se manifiesta en su máxima capacidad funcional.

El horario de máxima potencia energética del pulmón es de 3 a 5 de la madrugada (hora solar). Al pulmón le siguen el intestino grueso, el estómago, el bazo, el corazón, el intestino delgado… y así hasta terminar el ciclo con el hígado.

En Occidente, exceptuando algunos países entre los que se encuentra España, se suelen respetar bastante los horarios solares a la hora de programar las actividades. La hora de comer, por ejemplo, coincide bastante con las horas de bazo y corazón.

El bazo es el motor principal del sistema digestivo. Y el corazón, que es la madre del bazo, corresponde al fuego según la teoría de los cinco elementos.

La medicina tradicional china considera al corazón como el emperador, el órgano que gobierna los sentidos, el pensar, la dirección o los sentimientos, entre otros, en definitiva el órgano que marca el ritmo de la vida.

Si se tiene en cuenta que la energía estacional del corazón es el verano, no es de extrañar que en esta estación resulte más fácil caer en la tentación de descansar el corazón justo en su hora de máxima energía.

El cerebro es un órgano controlado y apoyado por todos los órganos vitales, especialmente el riñón y el corazón, y necesita una cantidad muy grande de chi puro (energía) para mantenerse lúcido y equilibrado. Este chi puro es ascendido por el bazo y el estómago para nutrir y alimentar al cerebro.

Ahora bien, cuando el estómago está en pleno funcionamiento una parte muy importante del chi debe concentrarse en él y por eso después de comer suele aparecer el sopor: es el "plan de ahorro" del cuerpo.

Para que el estómago pueda recibir toda la energía disponible que le permita hacer la digestión, el cuerpo –y con ello el cerebro– pasa a un estado de reposo y mínimo consumo de chi. Se trata de un fenómeno fisiológico.

¿Es imprescindible la siesta en los niños?

En el caso de los niños, dormir después de comer es especialmente recomendable porque son muy activos y un rato de descanso es vital para su bienestar y crecimiento.

Cuando yo estudiaba primaria la escuela era muy precaria en China, pero en verano nos permitían –o mejor dicho nos obligaban– a echar una siesta después de comer.

Todo el mundo tenía que hacerla y en cada clase había uno o dos alumnos –los más fuertes, o el delegado– que nos vigilaban para asegurarse de que todos los niños estuviéramos debidamente recostados sobre el pupitre y durmiendo como angelitos.

Muchos dormían, pero para algunos era un auténtico castigo y cuando por fin sonaba el timbre, los que fingían dormir saltaban como un resorte de su silla de madera y en un abrir y cerrar de ojos ya estaban correteando por el patio.

Es uno de esos recuerdos dulces y tiernos de mi infancia, una imagen incrustada en mi memoria como una nube suspendida en el aire.

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Durante el curso escolar los niños están muy ocupados con los estudios, además de con otras actividades deportivas, artísticas o creativas. Implican muchos esfuerzos para seres en pleno crecimiento.

Los tiempos han cambiado y los niños ya no tienen campos, ni de tierra ni de hierba, para correr y jugar, ni amigos del barrio con los que correr aventuras juntos.

Hay mucho asfalto y semáforos, demasiados coches y motos, las canicas han sido sustituidas por las videoconsolas y los niños ya no se hacen heridas en las rodillas por caerse corriendo, sino que sufren cada vez más enfermedades inmunitarias, de corazón o trastornos psicológicos.

Muy pocos son los niños que disfrutan de una tarde tranquila y hasta perezosa, y que pueden estar sin hacer nada, tan solo escuchando el latir de su corazón y el canto de los pájaros.

Cada vez son menos los que saben subirse a un árbol, perseguir mariposas, bañarse en las frías aguas de un arroyo o tumbarse bajo la sombra de un árbol hasta quedarse dormidos con la brisa acariciándoles las mejillas.

Durante las vacaciones, por lo menos, se puede intentar recuperar esta costumbre cada vez más perdida en el baúl de los recuerdos y revivirla a conciencia. Mejor aún si se puede instruir a los hijos en este arte y compartirla juntos.

Serán esos momentos dulces de los que no querremos despertar.

La siesta de Confucio

Bajo el cálido sol de verano, en el aire denso, casi inmóvil, las hojas de los árboles parecen pintadas sobre un lienzo plateado, quietas. Una sombra refresca la pequeña galería donde tiene su estudio.

Encima de la mesa hay un pincel apoyado sobre el tintero, algo seco. Sobre el pergamino, versos sin terminar. El maestro Confucio se ha quedado plácidamente dormido.

El único movimiento perceptible es el persistente frotar de la cigarra, entonando su canto largo y chirriante, la nota que rasga el paisaje.

Un discípulo se acerca al maestro con mucho sigilo, pero a pesar de su cautela el anciano se despierta. Cuando el discípulo le susurra que se ha quedado dormido, el maestro le responde: "No estaba dormido, fui a encontrarme con Zhou Gong".

Zhou Gong fue un gran filósofo de la dinastía Xi Zhou y un ídolo para Confucio, que solía decir que de tanto añorarlo, Zhou Gong le venía a ver durante el sueño.

De aquí surge el dicho "Meng Jian Zhou Gong", que significa encontrar a Zhou Gong en el sueño, y que, con el tiempo, se ha convertido en una expresión china utilizada para referirse a dormir la siesta, o echar una cabezada, de una forma más elegante.

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