Cuidado natural

Cómo prevenir y curar la alergia sin fármacos

Dr. Pablo Saz

El número de personas alérgicas aumenta de año en año. La medicina natural ofrece formas saludables de aliviar los síntomas a la vez que busca las causas del desequilibrio con objeto de restablecer la salud.

Ser "alérgico" o "atópico" podría considerarse una forma de reaccionar ante la vida, con una sensibilidad especial para captar los peligros ambientales o alimentarios que podrían ser perjudiciales para uno mismo y quizá también para la especie.

La alergia es una reacción condicionada por el entorno, la genética y los modos de vida individuales y colectivos. Informa a las personas sobre los riesgos y los hábitos que deben adoptar para mejorar su vida.

La alergia es una reacción exagerada del cuerpo

Desde otro punto de vista, una alergia es una reacción anómala del sistema inmunitario, que al contacto con sustancias –los llamados antígenos– que para la mayoría de las personas son inocuas, se comporta como intolerante produciendo una reacción inflamatoria exagerada.

Otros lo consideran un mecanismo de defensa rápido y seguro ante sustancias tóxicas o ante gusanos y parásitos como pulgas, garrapatas, oxiuros o filariasis.

En la actualidad sólo se habla de alergias cuando se trata de una reacción humoral. Las provocadas por reacciones celulares, como es el caso de la dermatitis de contacto, se consideran pseudoalergias.

La predisposición a sufrir enfermedades alérgicas se conoce como atopia. Hoy se da en entre un 15 y un 30% de los europeos. En la población adulta española los afectados son el 21,6%, y es más frecuente en las mujeres y en los núcleos urbanos de más de 500.000 habitantes. Pero cada día va a más.

Las causas más habituales son los aeroalérgenos (pólenes y ácaros) y los medicamentos. En cuanto a la forma de manifestarse, predomina la rinoconjuntivitis y le siguen las manifestaciones cutáneas.

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La contaminación favorece las alergias

Los pólenes son los protagonistas de las alergias primaverales. Al unirse a las partículas de contaminación que transporta el aire, su estructura se altera y hace que nos volvamos más sensibles a ellos.

Además, ponen esas partículas de contaminación en contacto con el organismo, que reacciona a los pólenes o a la contaminación que los acompaña. De ahí que sea espectacular cómo crecen las alergias en las ciudades grandes y contaminadas.

Hay un exceso de contaminantes en la atmósfera, pero también en el agua y en las tierras de cultivo que podría guardar relación con el aumento de las alergias.

Quizá la guarde asimismo el exceso de higiene. El mecanismo de la alergia está preparado para defender al organismo de piojos, pulgas, chinches y gusanos; cuando estos desaparecen, se puede seguir disparando y provocar reacciones alérgicas a otros agentes con alguna similitud a nivel molecular.

La sensibilidad alérgica puede empezar en el plato

Se ha hablado de la influencia de los productos lácteos en la aparición de las alergias, aparte de por los contaminantes que puedan llevar, por la división de sus grasas en moléculas más pequeñas en el proceso de homogeneización, que podrían atravesar la pared intestinal.

También sabemos que la carga de química de muchos alimentos y el consumo habitual de comida procesada lleva a una mayor incidencia del asma en la adolescencia. Y en las golosinas para niños se pueden hallar unos cuantos aditivos colorantes dispuestos a desencadenar alergias, a veces de forma rápida y otras al reaccionar con otras sustancias.

¿Qué pasa con la predisposición familiar?

En la aparición de una alergia se sabe que pueden intervenir factores genéticos por haber una predisposición familiar, de modo que conviene cuidar la época de gestación y de lactancia. Durante la gestación se recomienda a la madre tener contacto con el medio natural y eliminar la comida "basura" y con químicos.

En familias atópicas se aconseja alargar la lactancia natural al máximo, incluso hasta los seis años, cuando se modifican los dientes de leche, pues la lactancia influye en el sistema inmunitario del niño.

Los antígenos pueden ser diferentes para cada persona, se puede ser alérgico a diferentes antígenos e incluso puede que la reacción cambie con el tiempo: la alergia es un estado modificable.

¿Qué sucede en el cuerpo?

El término «alergia» describe, específicamente, una cascada precisa de reacciones bioquímicas que produce síntomas físicos concretos, como rinorrea, estornudos, sibilancias, vómito e incluso vasodilatación y anafilaxia.

El proceso mediante el cual una persona genéticamente susceptible se vuelve alérgica a una sustancia comienza con la sensibilización. En esta etapa inicial, la persona produce muchos anticuerpos inmunoglobulina E (IgE) contra una sustancia inhalada, ingerida o inyectada, y estos anticuerpos se adhieren a los basófilos de la sangre o a los mastocitos de la mucosa de la piel, el sistema gastrointestinal o el respiratorio.

En esta fase no se da ninguno de los síntomas atribuidos a las enfermedades alérgicas; de hecho, la persona no suele percatarse de estos cambios moleculares y celulares iniciales y sólo cuando se repite la exposición al alérgeno comienzan los síntomas.

La segunda fase del proceso alérgico en el cuerpo

El segundo paso del proceso alérgico es la fase de reactividad. La reacción alérgica ocurre cuando la persona sensibilizada se expone de nuevo al alérgeno, que actúa como puente formando enlaces cruzados en las moléculas IgE situadas en la superficie de cada basófilo y origina la degranulación del mastocito o el basófilo.

Este proceso libera mediadores preformados (como histamina, proteasas de serina y proteoglucanos) y compuestos recién sintetizados (como eicosanoides y citocinas).

La histamina dilata los vasos sanguíneos, lo que ocasiona edema local en tejidos como la piel y las mucosas, así como urticaria generalizada. Las citocinas provocan la afluencia de más células a la zona de reacción inicial: por ejemplo, linfocitos TCD4+ y eosinófilos al tejido pulmonar en una exacerbación asmática.

Los síntomas de alergia pueden ser de distintos tipos según a qué órgano afecten:

  • Rinitis
  • Conjuntivitis
  • Bronquitis asmática
  • Dermatitis

En los parámetros sanguíneos se puede detectar un aumento de IgE, IgG4 o los eosinófilos. Tambien se puede realizar un test con distintos reactivos para comprobar si hay reacción o hacer pruebas de provocación

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Los medicamentos para las alergias

Uno de los problemas de las alergias, además de su prevalencia, es que no tienen fácil solución y que los tratamientos convencionales solo atajan los síntomas, con lo que con el tiempo pueden volverse ineficaces. Además, no están exentos de efectos secundarios.

La adrenalina, los corticoides y los antihistamínicos, dentro del arsenal terapéutico con medicamentos, se han de emplear solo para resolver situaciones de urgencia y seguidamente suprimirlos, ya que su uso continuado o para prevenir alergias solo desencadena más problemas.

¿Las vacunas son efectivas?

El tratamiento con vacuna dirigido a controlar la reacción inmunitaria con efectos de larga duración, se le llame "inmunoterapia específica". Esta vacuna no actúa propiamente como tal, pues no se usa para generar anticuerpos sino para regular su exceso.

Pese a que aún no se ha aclarado bien el mecanismo, se viene usando de forma más bien empírica, y con pocos éxitos. Por otro lado, la administración de alérgenos puede tener efectos secundarios graves.

En la actualidad se preparan nuevas vacunas con derivados de alérgenos y genes alérgicos que se presentan como libres de los efectos secundarios de las anteriores y capaces de orientar al sistema inmunitario, si bien sus efectos están aún por demostrar.

El enfoque de la medicina naturista ante las alergias

La medicina naturista parte de una premisa: la enfermedad en sí es un proceso regulador a partir del cual el cuerpo busca su curación. Por eso propone ayudar a regular este proceso introduciendo ciertos cambios en la vida de la persona, en su medio externo e interno.

Entre ellos cabe la utilización de plantas medicinales porque favorecen la adaptación y una mejor reacción del organismo.

Una salud que se acciona y autogestiona por el propio paciente y por su naturaleza, en equilibrio con el medio ambiente, es más eficaz y duradera que la manipulada artificialmente.

Las terapias naturales se esfuerzan por reajustar el equilibrio entre la persona y su medio teniendo en cuenta factores físicos y químicos, biológicos y emocionales.

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Tratamiento natural de la alergia

El tratamiento se plantea en tres frentes: la regulación de cómo reacciona el organismo, cambios en el estilo de vida y la modificación del entorno.

  • Atenuar la respuesta inflamatoria antihistamínica: se emplean diversas plantas medicinales –fumaria, manzanilla, llantén o lufa (Luffa operculata)–, en infusión o en baños o compresas.
  • Impedir la degranulación de basófilos: resultan útiles la quercetina, la vitamina C y la bromelaína. Se pueden tomar zumos. La homeopatía emplea Apis, Pollens y Allium Cepa en forma de gránulos.
  • Actuar sobre la glándula suprarrenal: se pueden emplear diversas plantas antiinflamatorias, como harpagofito, helicriso, equinácea, grosellero negro, regaliz, agrimonia, soja o aloe, en infusión, cocimiento o el jugo.
  • Con inhibidores momentáneos de las células de Langerhans: estas células, situadas en la piel, actúan presentando el antígeno; pueden inhibir la reacción alérgica las aguas sulfuradas, las radiactivas, las hipertermales y las cloruradas sódicas, o el mismo baño caliente a una temperatura de 40 ºC.
  • Estimular la producción de los linfocitos T supresores: con licopodio, calaguala o aceite de onagra.
  • Promover la regulación inespecífica inmunitaria a nivel general: con equinácea o bardana, en infusión.

6 medicamentos homeopáticos para la rinitis alérgica

Cuando la rinitis alérgica se desata, la homeopatía ofrece una primera ayuda para aliviar y superar ese momento crítico. Después habrá que abordar las causas profundas que puedan haber llevado al desequilibrio inmunitario.

El tratamiento y la dosis óptimos para la alergia debe indicarlos en cada caso un homeópata experimentado que conozca bien a la persona. Estos son algunos de los medicamentos que más se prescriben en la alergia:

  1. Histaminum. Puede tomarse de manera general en procesos alérgicos, pues reduce la reacción debida a la liberación de histamina. Resulta útil en la urticaria generalizada, con sensación de ardor, irritabilidad e inquietud.
  2. Arsenicum album. Se produce una secreción nasal acuosa, copiosa e irritante, que suele predominar en el lado derecho, con obstrucción en la raíz de la nariz. Los síntomas suelen empeorar tras la medianoche. Anímicamente, se siente inquietud y ansiedad. También hay sed.
  3. Allium cepa. Hay una secreción nasal abundante y acuosa que mejora al aire libre. Se acompaña de conjuntivitis con lagrimeo y picor en la nariz. Empeora al anochecer y con viento frío y húmedo.
  4. Ferrum phosphoricum. Muy indicado al inicio de una coriza aguda con congestión nasal, ardor al inspirar, estornudos o tos. A veces hay fiebre con piel caliente y sudor nocturno.
  5. Nux vomica. Rinitis especialmente matutina, con estornudos frecuentes y obstrucción nasal nocturna. Empeora después de comer y en habitaciones calurosas. Suele haber dolor de garganta y calor en la cara. Impaciencia e irritabilidad.
  6. Pulsatilla. Se pierde el gusto y el olfato, y la obstrucción nasal empeora de noche y en habitaciones calientes. La secreción es suave, no irritante y verde-amarillenta, mayor de mañana y al anochecer. El carácter es suave y no hay sed.

El estilo de vida que protege de la alergia

Se pueden tomar muchas medidas de estilo de vida para mejorar una alergia:

  • Alimentación. El intestino es el gran regulador inmunitario. Es importante cuidar la flora intestinal y suprimir el azúcar. También es recomendable tender a una dieta vegetariana y tomar alimentos y plantas medicinales que protejan el hígado, como el cardo o la alcachofa. Algunas curas pueden resultar útiles, por ejemplo una cura de zumos o efectuar un ayuno de 3 a 7 días.
  • Ejercicio y relajación. Las personas alérgicas se benefician de la práctica de ejercicio moderado, sobre todo con disciplinas como el taichí, el chikung o el yoga. La autosugestión, el entrenamiento autógeno y la relajación y las visualizaciones del yoga también pueden ayudar.
  • Cuidarse con técnicas naturales. En la acupuntura se utilizan preferentemente puntos en el meridiano vaso gobernador que actúan como reguladores de la inmunidad central del cuerpo. Desde la helioterapia se recomienda realizar baños de sol progresivos.
  • Entorno. Conviene modificar el entorno o elegir uno más adecuado. Esto incluye alejarse del alérgeno o evitar exponerse a él, preferir los ambientes sin polvo ni contaminación y evitar zonas geopatógenas con corrientes telúricas y los campos electromagnéticos artificiales.

El agua como terapia

Desde la hidroterapia, para la alergia se aconsejan:

  • Pequeños estímulos de agua fría en brazos, pies o cara a fin de provocar después reacciones de calor y modular así el sistema inmunitario.
  • Paseos descalzos en contacto con agua fría.
  • Baños calientes de diez minutos a 42 ºC. Calman picores y molestias de piel.
  • Sauna usada a menudo.
  • Masajes bajo el agua con chorro de agua caliente a presión para el picor.
  • Lavado nasal con infusiones de plantas (como harpagofito o manzanilla), o con agua y sal (9 g por litro). Alivia la rinitis.
  • Baños oculares con eufrasia o manzanilla en la rinitis y la conjuntivitis.
  • Baño de "diálisis" para el picor. De 3 a 5 horas en agua templada con una taza de vinagre y 2 kg de sulfato de magnesio.

Los gránulos homeopáticos, la infusión o el cocimiento de estas plantas, los zumos, los baños con las aguas… se pueden utilizar tanto en el momento de la crisis alérgica como una vez pasada la misma, como reguladores y al mismo tiempo como alivio de los síntomas.

Consejos para prevenir las crisis de alergia

Cuando se tiene tendencia a la hipersensibilidad alérgica, se puede prevenir la aparición de síntomas o reducir su intensidad adoptando algunos hábitos dietéticos y de estilo de vida, así como ciertas medidas de precaución.

  • Reducir la leche. La caseína (proteína láctea) pue­de irritar el sistema inmunitario. Consumir menos leche puede no solo aliviar las alergias, sino prevenir resfriados crónicos, bronquitis, sinusitis y algunas enfermedades autoinmunes.
  • Moderar las proteínas. Un consumo excesivo de proteínas puede alterar el sistema inmunitario y mantenerlo en un estado de hiperreactividad, lo que favorece la crisis alérgica.
  • Reducir la exposición al polen. Conviene informarse de su concentración en el aire para evitar salir los peores días o hacerlo con mascarilla, sobre todo si hay viento. En España se puede consultar la web http://www.polenes.com.
  • Ejercitarse en zonas poco contaminadas. Se aconseja evitar lugares de mucho tráfico.
  • Cuidar el ambiente del hogar. Si no se conoce la causa de la alergia, es bueno aspirar alfombras y suelos para reducir la exposición a ácaros, polvo y pelos. También puede ayudar instalar un purificador de aire con filtros de alta eficiencia, o bien un deshumidificador para mantener la humedad en torno a un 40%. Los colchones se pueden cubrir con una funda antiácaros, y la ropa de cama, lavarse semanalmente con un detergente sin fragancia.
  • Adelgazar. La mayoría de personas con sobrepeso experimentan una gran mejoría o la remisión completa de su alergia al normalizar su peso.
  • Frenar el estrés. El yoga y la relajación ayudan a reducir las crisis alérgicas y su intensidad.
  • Quercetina. Este flavonoide, presente en el trigo sarraceno, la cebolla y los cítricos, estabiliza la membrana de las células que liberan histamina. Se pueden tomar 400 mg, dos veces al día, fuera de las comidas.
  • Un remedio convencional. Las nebulizaciones de ácido cromoglícico en las fosas nasales pueden evitar la rinitis. Son eficaces y carentes de efectos secundarios, a diferencia de los aerosoles de corticoides.

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