Microbiota

Descubren cómo la dieta y la microbiota activan la inmunidad

Las bacterias digestivas transforman determinados aminoácidos en moléculas que activan la regulación de la inmunidad y la defensa contra bacterias patógenas, virus y células cancerosas.

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Claudina Navarro Walter

Fisioterapeuta y periodista

Un equipo internacional de investigadores liderado por el doctor Dennis Kasper, de la Universidad de Harvard, ha encontrado una prueba molecular de la influencia de la dieta y de las bacterias digestivas sobre el funcionamiento del sistema inmunitario.

El artículo, publicado en la revista Nature, explica que, a partir de un tipo de aminoácidos que proporcionan los alimentos, determinadas bacterias producen en el intestino una moléucla que estimula la actividad de las "células T asesinas naturales" ("natural killers").

Estas células son una parte esencial de la inmunidad porque regulan la respuesta inflamatoria y son capaces de destruir células cancerosas o infectadas por virus o bacterias.

Dennis Kasper explica que el hallazgo describe paso a paso cómo la dieta acaba influyendo sobre la inmunidad. La investigación se ha realizado con animales de laboratorio y tendrá que confirmarse con otras especies y en los seres humanos.

En una serie de experimentos, el equipo científico descubrió que los aminoácidos de cadena ramificada aportados por los alimentos son absorbidos por las bacterias digestivas Bacteroides fragilis, que los devuelven al intestino en forma de unas moléculas denominadas alfa-galactosilceramidas, que, a su vez son descubiertas y "marcadas" por unas células inmunitarias denominadas presentadoras de antígenos. Estas células activan las células asesinas naturales.

Posible tratamiento para las inflamaciones intestinales

Los investigadores descubrieron, además, que las alfa-galactosilceramidas reducen la inflamación en los ratones con colitis ulcerosa. Este hallazgo abre la posibilidad de que las enfermedades inflamatorias intestinales puedan ser tratadas con moléculas producidas por bacterias.

Incluso podría ser posible tratar otras enfermedades inflamatorias más allá del sistema digestivo, como el asma, según los autores del estudio.

El trabajo científico, en el que han colaborado la Universidad de Harvard (Estados Unidos), la Universidad Nacional de Seúl (Corea del Sur) y la Universidad de Monash (Australia), se ha realizado con animales de laboratorio y sus conclusiones tendrán que confirmarse en otras especies y en los seres humanos.

¿Qué son los aminoácidos de cadena ramificada?

Toda la cadena de reacciones descubierta por el estudio no sería posible sin la ingesta a través de los alimentos de los esenciales aminoácidos de cadena ramificada.

Estos son la valina, la leucina y la isoleucina, que anteriores estudios han considerado útiles para el tratamiento de algunas enfermedades, como trastornos neurológicos, hepáticos, cardiometabólicos y cáncer. También son utilizados en medicina deportiva para favorecer la recuperación muscular.

  • La valina se encuentra en abundancia en la soja, el queso, los cacahuetes, las setas, los cereales integrales y las verduras.
  • La leucina se halla en las alubias, el queso cottage, las semillas de sésamo, cáñamo y calabaza, las lentejas, la avena, los huevos y los cacahuetes.
  • La isoleucina en los alimentos de origen animal y en las lentejas, los frutos secos y las semillas.

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También es necesaria la fibra

Anuque los mencionados aminoácidos esenciales se hallan en el inicio del proceso que acaba regulando positivamente la inmunidad, el efecto beneficioso no sería posible si en el intestino no hubiera una microbiota saludable.

Y para que haya bacterias digestivas beneficiosas es necesario consumir una cantidad suficiente de fibra, que se consigue de alimentos vegetales como las legumbres, los cereales integrales, los frutos secos, las frutas y las hortalizas.

Algunos de estos alimentos proporcionan inulina, un tipo de fibra que resulta especialmente beneficioso para la microbiota. Estos alimentos son el ajo, la cebolla, el puerro, los espárragos, las alcachofas y los plátanos.

Una bacteria con dos caras: Bacteroides fragilis

La bacteria que protagoniza el estudio publicado en Nature es una vieja conocida. Bacteroides fragilis es un habitante habitual del intestino humano, donde desarrolla funciones beneficiosas como la descrita en el estudio, pero cuando, en determinadas circunstancias (operaciones quirúrgicas, traumas enfermedades), sale del intestino y accede a los tejidos vecinos o a la sangre, puede dar lugar a infecciones peligrosas que necesitan tratamiento antibiótico.

Referencias científicas:

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