Los "E" bajo lupa

Hay aditivos buenos y malos. ¿Sabes diferenciarlos?

Claudina Navarro y Manuel Núñez

Los colorantes, conservantes y potenciadores del sabor tienen mala fama pero los hay inocuos e incluso adecuados para productos de calidad y naturales.

Los seguidores de la dieta natural los rechazan de pleno. Es cierto que algunos son perjudiciales, pero también lo es que muchos de los 336 "números E" permitidos en Europa son inocuos. La cuestión es cómo distinguirlos.

Los estudios científicos que sugieren los efectos dañinos de algunos están publicados pero los expertos de la Comisión Europea no los consideran todavía concluyentes como para prohibirlos. Hace falta información actualizada para orientarse.

El artículo Los 47 números "E" que te conviene evitar se basa en informaciones de reconocidos expertos y asociaciones médicas, como el doctor Udo Pöllmer, director del Centro Europeo para las Ciencias de los Alimentos y la Nutrición, y el Centro por la Ciencia en Interés Público (Estados Unidos). No es una lista definitiva, puesto que casi diariamente aparecen nuevos estudios sobre las propiedades y los efectos de los aditivos en el organismo.

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Los 47 números "E" que te conviene evitar

Seguir una dieta natural reduce la ingesta de aditivos al mínimo

La industria alimentaria recurre a los aditivos por diversas razones. Una de las más importantes es alargar la duración de los productos. Otras motivaciones son abaratarlos, conseguir que ofrezcan siempre la misma textura, color y sabor y, sobre todo, que su aspecto resulte atractivo a los potenciales compradores.

Hasta cierto punto es verdad que los consumidores son un poco responsables de que se incluyan tantos aditivos, porque prefieren productos con unas intensidades de color, sabor y cremosidad que no son naturales. Quizá cambiarían sus prioridades si supieran que al cabo de un año una persona puede haber ingerido de 3 a 25 kg de aditivos en función del tipo de dieta.

Esas cantidades y la interacción entre aditivos, medicamentos y tóxicos ambientales solo pueden contribuir a la saturación del organismo. También se lo pensarían si conocieran las advertencias sobre aditivos relacionados con enfermedades concretas como cáncer, alergias, asma o hiperactividad infantil, entre muchas otras.

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Conservantes, ¿imprescindibles?

Los conservantes son necesarios para evitar la proliferación de gérmenes cuando los alimentos se mueven de una punta a otra del planeta, y se manipulan y almacenan una y otra vez. Se utilizan sobre todo en productos a base de pescado y carne, en bebidas con zumos de frutas, pan de molde, productos de repostería, ensaladas, margarinas, salsas para ensaladas, vinos y frutas desecadas.

Sin embargo, se encuentran entre los aditivos más rechazados. A menudo se señalan los sulfitos (del E221 al E228) porque pueden desencadenar alergias en personas vulnerables y los nitratos y nitritos (del E249 al E252) porque pueden favorecer la formación de nitrosaminas cancerígenas.

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Expertos como Udo Pöllmer recuerdan que la ingesta de nitratos es mucho mayor a través del consumo de alimentos como las espinacas de cultivo no ecológico, por lo que no tiene mucho sentido desaconsejar el E252.

Se han publicado estudios científicos que descubren el efecto positivo de dosis moderadas de nitritos, como el E250, pues contribuyen al control de gérmenes patógenos en el sistema digestivo y a la regulación de la presión arterial. Ambos aditivos están permitidos en los productos cárnicos ecológicos y solo están prohibidos en la certificación no oficial Demeter de la agricultura biodinámica.

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Colorantes, alimentos con colores intensos

La otra gran categoría de aditivos bajo sospecha general son los colorantes que se emplean con generosidad en golosinas, limonadas, postres, helados y otros productos con frutas, así como en margarinas y quesos.

Con razón están bajo sospecha: muchos de los códigos desaparecidos de la lista oficial del E100 al E199 corresponden a colorantes prohibidos en los últimos años.

Después de un estudio muy riguroso realizado por la Universidad de Southampton en 2007 se acusa a productos especialmente diseñados para el público infantil que contienen determinados colorantes de favorecer trastornos de la atención e hiperactividad en los niños.

A raíz de la investigación, la Unión Europea decidió que la presencia de los aditivos en cuestión debía ir obligatoriamente acompañada de una advertencia sobre su relación con la hiperactividad, pero no los prohibió pese a que sus principales consumidores son precisamente los niños.

Por otra parte, estos y otros colorantes pueden resultar alergénicos.

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Más sabor del necesario

El sabor de los alimentos puede ser modificado mediante diferentes clases de aditivos: reguladores de la acidez, aromas, potenciadores del sabor y edulcorantes. Todos contribuyen a intensificar y estandarizar los gustos, alejándolos de la deseable naturalidad.

Su efecto resulta especialmente preocupante en los niños porque puede condicionar su aprendizaje de los sabores, haciendo que rechacen los matices y que prefieran los sabores básicos de dulce y salado, que se asocian respectivamente a un exceso de calorías (obesidad, diabetes) y de sodio (hipertensión).

Incluso los edulcorantes sin calorías favorecen la obesidad, según una investigación reciente del Instituto Weizmann de Rehovot (Israel), al modificar la flora intestinal de modo que facilita el aumento de la tasa de azúcar en la sangre.

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Además, ciertos aditivos se relacionan con problemas concretos, como las reacciones alérgicas a los glutamatos (E620 a E625), incluido el monosódico (E621), y las alteraciones genéticas asociadas al acesulfamo (E950) y al aspartamo (E951).

Por otra parte, está en revisión el estudio de los aromas, una categoría de aditivos sin "números E" que reúne casi tres mil compuestos. Actualmente existe una lista de 2.100 aromas autorizados y 400 que pueden utilizarse mientras continúa su examen científico.

Debemos leer las etiquetas

Existe una cantidad importante de otros aditivos que no pertenecen a ninguna de las categorías tratadas, como por ejemplo emulgentes, rellenos, antiespumantes, humectantes, enzimas, agentes liberadores, sustancias específicas para tratar la harina o masticables. Algunos de estos aditivos son inofensivos, otros no tanto y casi todos poseen nombres complicados.

La realidad es que se hace muy difícil saber qué se está comiendo cuando la lista de ingredientes y de sustancias añadidas ocupa varias líneas de letra diminuta. Cuando la dieta está compuesta esencialmente por alimentos naturales es una lectura entretenida que se puede reducir al mínimo los aditivos para evitar los que están bajo sospecha en los escasos productos elaborados y envasados que se consuman.

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Bibliografía recomendada:

  • M. Núñez y C. Navarro. Guía completa de aditivos alimentarios (Ed. RBA Libros )
  • A. Ara. Aditivos alimentarios ¿sabes lo que comes? (Ed. Los Libros del Olivo )

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