Entrevista a Carlos López-Otín

"El cuerpo es un inmenso reloj. Si se descoordina, vivimos menos y peor"

Sira Robles

El bioquímico Carlos López-Otín acaba de publicar El sueño del tiempo (Editorial Paidós), un libro que reflexiona de manera exquisita sobre la falta de sincronía entre el tiempo del mundo y el de la vida y que nos da claves del envejecimiento y la longevidad.

Carlos López-Otín es uno de los investigadores españoles de mayor relevancia internacional. Es Catedrático de Bioquímica en la Universidad de Granada y sus investigaciones han permitido definir las claves moleculares del envejecimiento.

Su último libro, El sueño del tiempo (Editorial Paidós), nos invita a conocer de una manera fascinante los enigmas del tiempo en relación con el hombre; desde la influencia de los relojes de la vida en nuestra biología hasta el impacto del tiempo sobre el envejecimiento y la longevidad.

–Dice usted que su libro surgió de la siguiente idea: “El tiempo biológico vive en nosotros y nosotros vivimos en el tiempo del mundo”. ¿Por qué existe esta contraposición?
–Porque el imperio de los sentidos y de las emociones fue largamente sustituido por el imperio de los minutos y los segundos en una afán de conseguir precisión y puntualidad.

El impacto de la falta de armonía entre el tiempo de la vida y el tiempo del mundo es enorme en múltiples dimensiones desde la pérdida de calidad del sueño a la predisposición a numerosas enfermedades, o al acortamiento de la longevidad.

Sincronizar los relojes de la vida

–La ciencia ha demostrado que ese tiempo de la vida del que habla viene marcado por un reloj interno natural. ¿Dónde se albergan las manecillas del reloj humano?
–El reloj principal se ubica en una región del cerebro llamada núcleo supraquiasmático. En el cerebro también tenemos el reloj pineal que produce melatonina, la hormona de la oscuridad.

Además, cada tejido tiene sus propios relojes coordinados con el reloj central y que en conjunto dictan los ritmos circadianos, que son los que duran aproximadamente un día.

Y a estos relojes hay que sumar otros mecanismos de contar nuestro tiempo celular con el reloj telomérico, el epigenético, el de las ciclinas…En suma parece imposible que todo esta inmensa relojería funcione bien.

–¿Qué puede llevar a que esta complicada relojería se averíe? ¿Cuáles son los disruptores de los relojes circadianos?
–Daños en los genes que codifican las proteínas responsables del funcionamiento del reloj central, infecciones virales o daños físicos en determinadas regiones del cerebro estropean nuestra correcta percepción del tiempo.

Además, estilos de vida inadecuados, estrés, mala alimentación, viajes transoceánicos, y el propio paso del tiempo son disruptores de nuestros relojes. En realidad, la vida es una conversación entre relojes, si este diálogo se interrumpe por el ruido de la vida se adelgaza nuestra longevidad y nuestro bienestar emocional.

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–¿Cómo podemos reajustar esas conversaciones entre los relojes internos de forma natural?
–Podemos hacerlo mediante hábitos saludables ya bien conocidos pero poco practicados: alimentación sana y natural, ejercicio moderado pero disciplinado, o respeto a los ritmos naturales de luz y oscuridad.

–¿Pueden ayudar determinadas plantas?
–Sí. Algunas plantas y hierbas tradicionales pueden ayudar, manzanilla, valeriana, la kava o la melisa, todas ellas reconocidas desde hace siglos por su capacidad de actuar como sustancias relajantes y promotoras del sueño. La melatonina como suplemento por ahora solo se debe usar en circunstancias concretas.

Enfermedades del tiempo y longevidad

–En su libro enumera las diferentes “enfermedades del tiempo” y constata que las enfermedades del alma entran dentro de esta categoría. ¿Por qué?
Porque nos roban o asesinan la ilusión por el futuro.

–Si fuera posible dominar el tiempo vital, ¿desaparecerían las enfermedades?
–Hay muchas enfermedades que hoy se curan y el progreso de la Medicina va a ser continuo, pero la enfermedad forma parte de nuestro legado evolutivo. Mientras nuestro cuerpo tenga un mínimo soporte biológico existirán la enfermedad y la muerte.

–¿La restricción calórica o practicar el ayuno pueden ayudar a vivir más años con mejor salud?
–Sí. Porque favorece la autofagia, un sistema de reciclaje celular muy eficiente que elimina productos defectuosos o gastados y genera componentes moleculares esenciales para la supervivencia.

–Precisamente, entre los antídotos generales que contrarrestan la longevidad, usted nombra la intoxicación crónica. ¿Qué podemos hacer al respecto?
–A nivel amplio cuidar la naturaleza y ser muy respetuosos con ella. Debemos dejar de ser el meteorito humano que le ha tocado sufrir al planeta Tierra. A nivel más cotidiano, eliminar la exposición a agentes causantes de polución doméstica innecesaria, aerosoles, ambientadores con componentes inadecuados…

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–¿Es cierto que el sistema inmune se relaciona también con el envejecimiento?
–Por supuesto, las alteraciones del sistema inmune son una de las claves del envejecimiento. Un sistema inmune sano y fuerte es sinónimo de longevidad.

–Actualmente, ¿podemos reparar de algún modo los daños que causa el paso del tiempo al organismo?
–Hay algunas estrategias, sobre todo intervenciones epigenéticas o metagenéticas que se logran mediante cambios nutricionales o metabólicos, o a través de la inducción de procesos naturales como la hormesis y la autofagia.

–¿La conclusión de los estudios sobre el envejecimiento y la cronobiología es que el tiempo de la vida es irreversible?
–Al nivel celular es reversible, la reprogramación celular con factores de Yamanaka es ya factible y se practica en muchos laboratorios, incluyendo el nuestro. El objetivo no es conseguir la inmortalidad sino curar enfermedades o desarrollar nuevos modelos celulares para comprenderlas mejor.

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