Según la neurociencia

Cómo afecta el amor al cerebro

El amor transforma la arquitectura de tu cerebro y produce cambios en él orientados hacia la dicha, el gozo, la motivación y la regulación emocional.

Dr. Tomás Álvaro
Dr. Tomás Álvaro Naranjo

Director médico del Centro de Medicina Integrativa Arjuna Tortosa

El amor romántico es un estado motivacional asociado al deseo de mantener una estrecha relación con otra persona. Su efecto es de tal magnitud que tiene la capacidad de inducir cambios cerebrales tanto en el que lo da como en quien lo recibe. ¿Hasta qué punto?

La neurociencia ha demostrado que el amor modifica la arquitectura cerebral y produce cambios de la actividad funcional del cerebro. Estos cambios, que están orientados hacia la dicha y la regulación emocional y permiten la gran experiencia del amor, hacen que actuemos y sintamos diferente cuando damos y recibimos amor.

Neurociencia: el amor cambia el cerebro

Las resonancias magnéticas permiten investigar el procesamiento de la regulación emocional, la motivación y la recompensa. Cuando los enamorados ven fotografías de sus parejas, es posible observar los cambios que se producen en la arquitectura cerebral por el estado de enamoramiento.

A través de esta técnica, un grupo de investigadores chinos ha conseguido identificar las estructuras cerebrales implicadas en el estado de gozo de los enamorados.

  • Se ha confirmado la participación del sistema límbico, cuyas estructuras aumentan de tamaño y de función de forma significativa en el grupo de estudio de los enamorados.
  • Los cambios se relacionan con la duración del enamoramiento y de la pérdida del estado amoroso.
  • Otras zonas de la corteza cerebral prefrontal implicadas en la regulación emocional, así como la amígdala y el núcleo accumbens, que está en relación con la dicha y con el placer, muestran una especial receptividad al estado amoroso.

El mecanismo por el cual el amor cambia el cerebro es la neuroplasticicidad. Este mecanismo permite integrar las experiencias vividas y propiciar el funcionamiento básico de crecimiento y evolución. De este modo el amor queda escrito sobre células, tejidos y sistemas. Muy especialmente sobre el sistema nervioso, pero también sobre los sistemas inmune y endocrino.

Al dar o recibir amor se producen varios tipos de modificaciones en el cerebro:

  • Modicifaciones corticales. Son las que se encargan de mediar la recompensa y el estado de gozo, la motivación y la regulación de la emoción.
  • Modicificaciones subcorticales. Dirigen principalmente la cognición social, la atención, la memoria, las asociaciones mentales y la imagen de sí mismo.

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La radiación del amor hace vibrar las moléculas de información de los sistemas (citocinas, hormonas y neurotransmisores), diseñadas para difundir el gozo amoroso por todo el organismo, sus tejidos y sus emociones.

Fruto de estas modificaciones, percibimos principalmente 3 cambios en el cerebro que modulan nuestra forma de actuar:

1. Entramos en estado de "psicosis"

El amor esculpe la arquitectura cerebral a través de cambios asociados a lo que algunos investigadores consideran un estado de psicosis transitoria.

Bajo su efecto, se producen alteraciones de la cognición y el comportamiento, del foco de atención, la euforia, la obsesión, la distorsión de la realidad, la dependencia emocional, los cambios de la personalidad y la asunción de riesgos.

2. Sentimos más pero tenemos menos miedo

El patrón de actividad neuronal de los enamorados enciende regiones cerebrales como el hipocampo, el núcleo accumbens, el núcleo caudado y el hipotálamo, implicadas en la percepción de los sentimientos y la regulación de las emociones.

A la vez, se produce la disminución de la activación de la amígdala, la corteza prefrontal y los lóbulos temporales, estructuras más relacionadas con el miedo y la precaución.

3. Nos volvemos más empáticos

Los estudios indican que los enamorados y su cerebro hacen esfuerzos frecuentes para activar las partes del cerebro que se encargan de monitorizar su propio estado emocional, así como el estado emocional de la pareja.

Con ello, de forma consciente o inconsciente, se consigue armonizar los conflictos y se emplean estrategias cognitivas para resolver posibles escollos y mantener así la relación inmune a los problemas.

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El amor que recibes en la infancia modula el cerebro

Según el Dr. McLean, autor del libro Biología del amor – en el que explora cómo a nivel neurológico el amor determina la estructura cerebral y corporal del ser humano– el cerebro trino este está compuesto por:

  • Una primera serie de estructuras antiguas o reptilianas, que incluyen los mecanismos de control de los instintos.
  • Un segundo cerebro emocional o mamífero, con capacidad de procesar los sentimientos.
  • Y un cerebro humano, el más evolucionado, donde se asientan los circuitos de regulación, comprensión y razonamiento.

Este último constituye la corteza cerebral, mientras que nos referimos a los dos primeros como estructuras subcorticales, por estar enterradas en las profundidades del cerebro.

El Dr. Janov estudió especialmente las vías neurales que el cerebro desarrolla en respuesta a estímulos amorosos desde el momento del nacimiento y los períodos prenatal y perinatal.

Apuntó que la carencia afectiva en las primeras etapas de la vida, la falta de cuidados amorosos, de caricias y de atención, suponen una auténtica catástrofe en el desarrollo físico, inmunológico y emocional, que determina el curso vital de la persona.

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El emisferio derecho del cerebro es de mayor tamaño que el izquierdo y se encarga de procesar sentimientos y emociones. Su sistema límbico está más desarrollado que el izquierdo y madura mucho antes, habiendo completado su desarrollo casi totalmente hacia el segundo año de la vida.

En este proceso interviene de forma decisiva el amor recibido en la primera infancia, que estructura literalmente el cerebro e impulsa su desarrollo. En la primera infancia, la vivencia del amor está directamente relacionada con la satisfacción de las necesidades básicas, el contacto físico, crucial en los primeros años de vida y también en el adulto. La ausencia de la experiencia amorosa impide que tanto el cuerpo como el cerebro se desarrollen adecuadamente.

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