Ordena tus prioridades

Preparar... listas... ¡ya!

Gabriel García de Oro

Frente a la multitarea y para la productividad: las listas están de moda. Podemos usarlas para realizar muchas tareas... o para realizarnos como personas. ¿Qué vas a anotar?

En la era de la productividad sin control, la multitarea se ha convertido en una obsesión. Abarcarlo todo, tener tiempo para todo y no dejarse nada es el signo de nuestros tiempos. Por eso las listas están de moda. Sin embargo, son un arma de doble filo.

Cómo ayudan las listas a mejorar tu rendimiento diario

Sirven, es cierto, para poner orden al caos del día a día. Ayudan a nuestra memoria y son útiles para reducir el estrés y eliminar esa sensación tan desagradable de “me estoy dejando algo importante”. Además, con ellas, somos capaces de priorizar y visualizar qué es aquello que se repite semana tras semana y, por tanto, o no lo queremos hacer o nos da mucha pereza o no somos capaces de afrontarlo.

El problema, hacerlo todo. Dividirlo en pequeñas partes, la solución. Las listas de tareas, la herramienta.

Sí, sin duda, hemos vuelto a la clásica estrategia de la enumeratio, es decir, dividir un gran problema en pequeñas partes para que nos sea más sencillo abordarlo y, claro, solucionarlo. Y las listas, así, funcionan.

Las listas como forma de organizar el mundo

Pero hay más. Las listas forman parte del origen de nuestra civilización y cultura. El gran escritor y filósofo italiano Umberto Eco en su El vértigo de las listas asegura que son un intento de manejar el infinito, de comprender lo incomprensible y, de hecho, una manera de no querer morir, un intento de inmortalidad del momento, casi equiparando el hacer constante al existir ininterrumpido.

Es fácil, pues, perdernos en este espejo que son las listas. En ese tener delante nuestro yo futuro, el que cumplirá con todo. En esta voluntad de acaparar la vida, el peligro es acabar haciendo cosas sin fin pero sin finalidad. Y aquí, la finalidad es ser feliz. No es solo hacer, es realizarse.

Da el salto: de las tareas a los deseos

Por eso, sí, es importante saber hacer una lista de cosas que hacer. Y quien más o quien menos ha leído y se ha convencido de que debemos empezar por lo importante, lo significativo y lo relevante del día. Somos conscientes de que es mejor empezar la jornada con la lista hecha, y que además sea posible hacerla, no podemos ponernos demasiadas cosas por hacer y que esto nos desmotive.

Pero lo importante, el secreto, es pasar de una lista de cosas que hacer a una lista de cosas que deseas hacer. Tener una lista, casi secreta y personal, de todas aquellas cosas que están enterradas en lo cotidiano pero que nos harían felices y que prácticamente hemos olvidado. Esa lista es la lista de nuestra felicidad. Una lista, además, inteligente, porque se compenetra con nuestras expectativas.

¿Cómo hacer una buena lista de la felicidad?

Para escribirla, esto es lo que debemos hacer:

  • Reflexionar acerca de todas aquellas cosas que hemos dejado de lado, aquellas cosas que ya ni soñamos en hacer, pero que sabemos que nos realizaría hacerlas.
  • Listarlas en un papel, en una libreta o en una aplicación. Por absurdas que nos parezcan, si son importantes para nosotros, apuntémoslas. ¿Por qué no?
  • Enumerarlas, en el sentido de la enumeratio, es decir, ¿qué pasos podemos dar para alcanzar ese sueño ya desenterrado y puesto delante del espejo de nuestra lista?
  • Progresar. Ir haciendo cosas, dando pasos, por pequeños que sean, más allá de las cosas que el día a día nos obliga a hacer. Hacerlo para, sí, realizarnos.
  • Realizarse. Así, tarea a tarea, podremos hacer realidad el milagro de la realización personal y seremos más felices, y ese debería ser el objetivo último de cualquier lista.

Las listas también son un arma creativa

Ray Bradbury, el genial escritor de ciencia ficción y autor, por ejemplo, de Crónicas marcianas, nos explica en su biografía Zen en el arte de escribir que uno de los secretos de su creatividad eran las listas.

Su funcionamiento es muy sencillo. Se trata de empezar a listar palabras, reflexiones y pensamientos. Sin aparente sentido. Sin pensar, obedeciendo a un impulso que conecte con algo que está más allá de lo racional. Pero luego, empezamos a conectar puntos de esa lista y, como quien frota dos piedras para conseguir esa chispa, se enciende el fuego de nuestra creatividad.

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