Tu tiempo es oro

¿Y si te quedasen 10 minutos de vida?

Gabriel García de Oro

¿Qué harías? Seguro que cada uno responde de una manera; pero seguro, segurísimo, que nada tiene que ver con las cosas que, realmente, haremos en los próximos 10 minutos de nuestras vidas.

Hay libros que empiezan golpeándote en la cara para terminar sacudiéndote el corazón. Uno es, sin duda, Tropezar con la felicidad, de Daniel Gilbert, profesor de Psicología en Harvard. En las primeras páginas se lanza la pregunta: ¿Qué harías si te quedaran 10 minutos de vida?

Obviamente, puede resultar absurda porque estamos convencidos de que nos queda más tiempo y que de no tenerlo tampoco lo sabríamos. Pero es ahí, en lo absurdo, donde radica su magia y su fuerza.

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¿Cuál es tu excusa?

¿Acaso no es absurdo contestar que de quedarnos 10 minutos haríamos las paces con nuestro hermano, por ejemplo, y dejar pasar todo el día de hoy sin hacerlo? ¿O estar convencidos de que le confesaríamos por fin nuestro amor a esa persona y, por el contrario, seguir disimulando que somos solo amigos? ¿O que iríamos a ese restaurante que nos gusta tanto y disfrutar de una buena comida y en cambio comer de tupper? O no, a lo mejor, simplemente nos arrepentiríamos de no haber aprendido a tocar el piano, de haber dejado de fumar o de cuidarse más...

Lo que sea, pero todos podemos ver lo absurdo de no hacer aquello que queremos hacer y que, en el fondo, podemos. Y no hay que olvidar que poder significa “ser capaz de...”. Y somos poderosos cuanto más somos capaces de hacer.

Tal vez la pregunta de los 10 minutos sea absurda, pero más absurdas son las excusas para no ejercer el poder que tenemos en nuestras vidas. Y ahí está la magia. Decidir que sí, que nos quedan 10 minutos de vida, de la vida que conocemos, porque ahora, en 10 minutos, podemos (somos capaces de...) decidir hacer todo aquello de lo que no queremos arrepentirnos en un futuro.

¿Qué quieres hacer? Empieza por aquí

1. Haz una lista

Sin pensar demasiado. Lo primero que nos pase por la cabeza. Todo vale. Lo importante es sacarlo de dentro y ponerlo delante del espejo, que es una hoja de papel. Porque si se refleja, es que algo real hay dentro de nosotros que nos preocupa.

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2. Encuentra las razones

Preguntémonos por qué esas cosas están, sin hacer, en esa lista. ¿Qué nos frena? ¿Qué sentimos cuando sentimos que podemos hacerlo? ¿Cuándo nos visualizamos consiguiéndolo? ¿Culpa? ¿Miedo? ¿Alegría? ¿Pereza? Seamos sinceros.

3. Filtra

Eliminemos. Tal vez, al haber llevado nuestra imaginación al límite de los 10 minutos, nos damos cuenta de que en ese primer volcado de lista hay cosas que no nos convienen.

Por ejemplo, pongamos el caso que uno piensa que volvería a fumar un cigarrillo después de haberlo dejado durante treinta años. Bien, seguro que en el punto dos habremos descubierto que esa es una de las cosas que es mejor posponer para cuando nos queden solo 10 minutos. Esas, que nos agreden de algún modo, eliminémoslas.

Si pensamos que nuestra vida está hecha de sucesivos periodos de 10 minutos, nos resultará más fácil pensar en qué cosas de la lista elegir.

4. Prioriza

Escojamos tres. Solo tres, pero vamos a hacerlas. Seleccionemos aquellas que representan un reto, aquellas en las que necesitaremos coraje. Elijamos aquellas en las que deberemos dar nuestra mejor versión y requerirá de sentimientos positivos en relación al mundo y a nosotros mismos.

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5. Comprométete

Escribámoslo como objetivo que vamos a cumplir. Es decir, como un contrato con nosotros mismos, un compromiso con la vida y la energía que vamos a necesitar. Y es que si antes hemos dicho que una lista en un papel en blanco es un espejo, una redacción, manuscrita, de nuestro puño y letra, es un compromiso y un recordatorio. Porque si nos perdemos, podemos volver a esa redacción y recuperar la fuerza con la que decidimos comprometernos.

Ahora, preguntémonos: ¿Esperaremos a que nos queden 10 minutos de vida o vamos a cambiar las cosas de nuestra vida en los próximos 10 minutos?

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