El humor que cura

El buen humor también es un hábito de higiene

Pablo Saz

El ánimo refleja el estado de salud y marca el camino a seguir para mejorarla. Los mecanismos hormonales generan estados de ánimo para adaptarnos al entorno.

El buen humor –comenta el Dr. Eduardo Alfonso, en su libro Mis recuerdos– produce buenos humores fisiológicos, es un factor de higiene y esta incumbe a los médicos.

Estas palabras las repetía a menudo el Dr. Alfonso mientras contaba chistes después de comer, pues decía que mejoraban la digestión.

Para los antiguos griegos la salud física y mental estaba determinada por cuatro fluidos o humores corporales: sangre, flema, bilis vitelina y bilis negra.

La buena salud resultaba del equilibrio entre estos fluidos; el predominio de uno marcaba complexión, carácter y temperamento, o llevaba a enfermar.

Se creía que la flema tendía a acumularse en invierno, provocando resfriados y afecciones de garganta, mientras que la sangre predominaba en primavera y verano, causando vómitos y mareos. El equilibrio de los fluidos mejoraba con el buen humor, una alimentación adecuada y un entorno amable.

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Hoy se explica el humor a nivel fisiológico mediante los mecanismos hormonales.

Así, los estrógenos ayudan a regular la serotonina, que inhibe el enojo y la agresividad. Influyen en el humor, la ansiedad, el sueño, el dolor, el apetito y la libido.

Cuando la mujer está fértil los estrógenos suben, lo que la pone de mejor humor; está relajada, sus feromonas atraen más y hasta camina diferente. Antes de menstruar, los estrógenos bajan y aumentan el mal humor y la irritabilidad o depresión.

¿El humor es inconsciente?

Muchos de estos mecanismos fisiológicos funcionan inconscientemente.

Así lo señalan psicólogos como John Bargh: el cuerpo puede procesar más de 11 millones de bits de información por segundo de forma inconsciente, pero de forma consciente, y funcionando a tope, solo puede procesar 50 bits.

La mayoría de decisiones y estados de ánimo se gestan, pues, de forma inconsciente y responden a estímulos y órdenes de quienes nos rodean. No es de extrañar que a menudo uno no sepa por qué ríe o se siente triste.

Pero el estado de ánimo también puede estar reflejando el estado de salud. El cuerpo capta dificultades en su interacción con el entorno y avisa de la necesidad de cambiar de ambiente o de prepararse para reaccionar de otra manera.

La enfermedad es una respuesta que intenta equilibrar los humores, y en la que los mecanismos inconscientes buscan lo mejor para el cuerpo.

El humor nos ayuda a adaptarnos al entorno

Hormonas y neurotransmisores se adaptan al medio para ayudarnos a sobrevivir y vivir mejor, creando estados de ánimo adecuados a cada circunstancia.

Se puede planificar vivir en armonía e intentarlo, pero un ambiente hostil puede hacer que no se reaccione con buen humor, sino con el mejor humor posible adaptado a la circunstancia.

Cuando aparecen emociones negativas o mal humor, hay que preguntarse cuál puede ser la causa. Sin embargo, a veces no se encuentra respuesta ni salida.

En esos contextos, ser capaz de reírse de uno mismo ayuda a recuperar la alegría, la paz, la paciencia, la benevolencia y la salud.

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