Terapias naturales

Guía completa para el tratamiento natural del hipotiroidismo

Existen formas de estimular la glándula tiroides para evitar un problema que puede requerir un tratamiento de por vida.

Manuel Núñez
Manuel Núñez

Periodista especializado en salud y ecología

El hipotiroidismo es la deficiencia de hormonas tiroideas y causa problemas en casi todos los sistemas del cuerpo, desde el corazón y el tracto gastrointestinal hasta el sueño, el estado de ánimo e incluso el crecimiento del cabello, la piel y las uñas.

Las consecuencias del hipotiroidismo pueden tardar años en manifestarse. Aunque puede afectar a cualquier persona, incluso a bebés, es más frecuente en las mujeres de 50 años o más. Los signos típicos son fatiga, aumento de peso, piel seca y pálida, pérdida de cabello y uñas secas y quebradizas.

Otros problemas frecuentes son dolores musculares o articulares, estreñimiento, depresión, irritabilidad, pérdida de memoria, menstruación muy abundante y disminución del deseo sexual. Los síntomas más graves –muy raros– pueden poner en peligro la vida e incluyen presión arterial baja, disminución de la temperatura corporal, respiración superficial e incluso coma.

Causas del hipotiroidismo

Las hormonas tiroideas, que regulan procesos metabólicos vitales en todo el cuerpo, son producidas en la tiroides, una glándula pequeña con forma de mariposa que se encuentra cerca de la base del cuello. La insuficiencia en su producción puede tener varias causas:

  • Dietética: la mayoria de casos de hipotiroidismo se explica por una deficiencia de yodo en la dieta. El yodo es necesario para producir las dos principales hormonas tiroideas: la tiroxina (T-4) y triyodotironina (T-3).
  • Tiroiditis de Hashimoto: es una enfermedad autoinmune más frecuente en mujeres y en personas con antecedentes familiares.
  • Exposición a tóxicos: en algunos casos el hipotiroidismo tiene relación con la exposición a contaminantes como el mercurio, el perclorato, el bisfenol o el teflón. Otros contaminantes químicos también pueden dañar la tiroides, como las dioxinas, los pescicidas organofosforados, el cadmio, los retardantes de llama y los ftalatos. Ciertos medicamentos también pueden promover el hipotiroidismo, como el litio, que se usa para tratar afecciones psiquiátricas.

Tratamiento convencional

Cuando el médico diagnóstica hipotiroidismo a partir de las evidencias analíticas prescribe hormona sintética de reemplazo (levotiroxina). Es un tratamiento de por vida, pues la tiroides dejará por completo de producir hormonas. Llegados a este punto, los tratamientos naturales pueden ayudar, pero no pueden sustituir a los fármacos, según el doctor Josep Lluís Berdonces, especialista en medicina natural y fitoterapia.

¿Qué es el hipotiroidismo subclínico?

Cuando los niveles de hormonas T-3 y T-4 son normales, pero los de TSH (hormona estimulante de la tiroides) están aumentados, se habla de hipotiroidismo subclínico.

Un síntoma habitual de este trastorno es una temperatural basal (se mide al despertarse, antes de salir de la cama) por debajo de 36,6 °C. El hipotiroidismo subclínico puede afectar al 2-10% de la población.

Tratamiento natural del hipotiroidismo subclínico

Dieta

En los casos de hipotiroidismo subclínico, la dieta puede ayudar a prevenir que el hipotoroidismo se desarrolle plenamente. Para ello, conviene consumir alimentos que aporten las cantidades adecuadas de yodo (150 a 200 µg diarios).

El aliño con sal marina yodada y el consumo de cantidades pequeñas de algas suele ser suficiente para alcanzar la dosis recomendada, pero no conviene superarla porque se podría conseguir el efecto contrario al deseado (la tiroides podría dejar de segregar hormonas).

Por otra parte, se aconseja un consumo moderado (no más de una ración diaria) de alimentos que, aunque pueden ser muy saludables, contienen bociógenos. Si se consumen en exceso, estos compuestos pueden interferir con la síntesis de la hormona tiroidea.

Alimentos con bociógenos son las verduras crucíferas (repollo, col rizada, coles de Bruselas, brócoli y coliflor), la yuca, los boniatos, los cacahuetes y la soja no fermentada. Cocinar las coles reduce de manera significativa la actividad de los bociógenos.

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Además de yodo, la glándula tiroides necesita varios nutrientes para segregar las hormonas tiroxina (T-4) y triyodotironina (T-3). Puedes conseguirlos de las alimentos o mediante suplementos nutricionales.

  • Selenio. Es necesario para transformar la T-4 en T-3, que es la forma activa. Una nuez de Brasil aporta 100 µg, el doble de la cantidad que se necesita al día. En caso de sufrir la enfermedad de Hashimoto se aconseja doblar la dosis.
  • Zinc. A medida que se cumplen años es más probable sufrir una deficiencia de este mineral. Se necesitan 11-30 mg diarios. Las semillas de calabaza son una buena fuente vegetal.
  • Vitaminas C y E. Protegen los tejidos de la tiroides. La vitamina C se halla en las frutas frescas y la vitamina E, en los frutos secos y semillas. Las dosis recomendadas son respectivamente 100-1.000 mg y 15 mg.
  • Tirosina. Es un aminoácido necesario para la formación de hormonas tiroideas. El organismo lo puede sintetizar, pero también lo puedes encontrar en las almendras y en las semillas de calabaza y de sésamo.
  • Otros nutrientes. Las vitaminas del grupo B, la vitamina D, la vitamina A y el cobre son otros nutrientes que también participan en la producción de hormonas tiroideas.

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Ejercicio físico para estimular la tiroides

Buena parte de los beneficios que el ejercicio físico produce en todas las personas pueden deberse a que estimula la tiroides. Hacer ejercicio físico es recomendable siempre, pero lo es aún más en las personas que siguen una dieta hipocalórica para perder peso, ya que puede contrarrestar la disminución de la actividad metabólica que experimentan.

Aunque las personas con hipotiroidismo se sienten a menudo cansadas y doloridas, el endocrinólogo John C. Morris, de la Clínica Mayo, asegura que pueden estimular su tiroides con la combinación de actividad aeróbica de bajo impacto (andar, nadar, yoga, taichí) con ejercicios de fuerza, como los que se hacen con pesas, máquinas y gomas elásticas.

Acupuntura y fitoterapia china

Según la medicina tradicional china, (MTC) los pacientes con hipotiroidismo sufren una deficiencia de yang que se puede tratar con acupuntura y diferentes mezclas de plantas medicinales en función de la sintomatología.

Homeopatía

La "medicina dulce" también puede resultar de ayuda. Aunque los mejores resultados se consiguen con el tratamiento personalizado, un estudio publicado en el British Homeopathic Journal muestra que el tratamiento con tres gránulos de Iodum 6C cada 8 horas incrementaba los niveles de T3 y T4 un 20 y un 5%, respectivamente.

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Algas y plantas estimulantes

  • Kelp (Saccharina latissima). Se trata de un complemento magnífico rico en yodo. La mejor forma de consumirla es como componente de una sal vegetal baja en sodio.
  • Fucus (Fucus vesiculosus). El sargazo o fucus es un alga que se toma como suplemento en cápsulas. Es una fuente excelente de yodo. Se pueden tomar 100 mg, 3 veces al día.
  • Gugulón (Comniphora mukul). La resina de esta planta mejora el rendimiento de la tiroides. Una dosis habitual es de 400 mg de extracto, 1 a 3 veces al día, según indicación médica.
  • Ashwagandha (Whitania somnifera). Esta planta es capaz de aumentar las hormonas tiroideas T-3 y T-4. La raíz de ashwagandha tiene un efecto general de estímulo endocrino.

Otras terapias naturales

Hidroterapia: aplicar alternativamente packs fríos (1 minuto) y calientes (3 minutos) sobre la nuca y la garganta estimula el funcionamiento de la glándula tiroidea. Se repite la aplicación 3 veces, y se puede hacer en dos o tres ocasiones al día.

Masaje terapéutico: actúa sobre los sistemas circulatorio y linfático, lo que favorece la llegada de nutrientes y la salida de toxinas. Un fisioterapeuta puede elegir las técnicas más apropiadas. Además, el masaje reflexológico de pies lo puede hacer uno mismo: trabaja el punto situado entre las bases del dedo gordo y el segundo dedo.

Meditación: la práctica de la atención plena durante 20-30 minutos diarios equilibra el sistema nervioso, que a su vez influye sobre el hormonal. Durante la meditación se puede visualizar cómo la tiroides se llena de energía estimulante.

Ejercicios respiratorios: las técnicas yóguicas de respiración refuerzan el efecto de las posturas y estimulan los sistemas nervioso y endocrino. Están indicadas las técnicas surya bheda (respiración por una sola fosa), anuloma viloma (respiración alterna) y ujjayi (respiración victoriosa).

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Yoga para regular la glándula tiroides

Ciertas asanas y ejercicios respiratorios son capaces de equilibrar el sistema endocrino. Las posturas de la vela (sarvangasana) y el pez (matsyasana) están especialmente recomendadas en caso de hipotiroidismo. Un estudio publicado en el Journal of Complementary and Integrative Medicine halló que la práctica de yoga durante 6 meses se asoció con mejorías en los niveles de la hormona estimulante de la tiroides (TSH).

sarvangasana h

Sarvangasana produce un estímulo sobre la tiroides.

  • Acuéstate boca arriba con los brazos estirados y las palmas hacia arriba.
  • Levanta las caderas y las piernas al tiempo que llevas las manos a los riñones. El objetivo es que las piernas queden estiradas y perpendiculares al suelo.
  • Mantén la nuca y los hombros apoyados en el suelo. Estira el torso y las piernas todo lo que puedas.
  • Aguanta la postura el tiempo que te resulte posible, hasta alcanzar los 5 minutos al día.
  • Visualiza, mientras mantienes la postura, cómo esa mariposa que tienes en la zona de la garganta (la glándula tiroides) se despierta de un largo periodo de inactividad y comienza a producir más hormonas.
  • No realices esta postura si estás embarazada o menstruando; tampoco si tienes glaucoma, sinusitis o presión arterial alta.
Matsyasana

Matsyasana activa la tiroides y reduce el estrés y la fatiga.

  • Tiéndete boca arriba, con las piernas rectas y juntas, y las manos boca abajo al lado de los muslos o por debajo.
  • Arquea la espalda mientras inspiras y levanta el tronco, empujando hacia arriba el pecho, como si te fueras a incorporar. Presiona sobre los codos contra el suelo para ayudarte.
  • Levanta la cabeza con cuidado y apoya suavemente la coronilla en el suelo.
  • El cuello, la garganta y el pecho se abren y estiran con esta postura. Permanece así entre 30 segundos y un minuto. Regresa lentamente a la posición inicial.

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