Guía de alimentos

Algas

Aportan poca grasa y una gran concentración de minerales consumiendo muy pequeñas dosis, una característica que las convierte en un excelente recurso en la cocina vegana, combinadas con cereales y legumbres. Son ricas en yodo, lo cual garantiza un correcto aporte de este micronutriente para la regulación de la glándula tiroides, a excepción de que se padezca de hipertiroidismo, y resultan muy depurativas. Sus ácidos orgánicos, como el algínico o los fucanos son depurativos y ayudan a arrastrar y expulsar del cuerpo los metales pesados que hayan podido acumularse. 

 

Buenas para los huesos y antianémicas
Las algas, que se pueden combinar con arroz, verduras o sopas, como la wakame o la nori o con legumbres, como la kombu (ayuda a ablandarlas) y que tienen un sabor a mar sorprendente, aparte de las propiedades nutricionales mencionadas, son también una buena fuente de fósforo y calcio, que ayudan a mantener dientes y huesos sanos. Además, el calcio de las algas viene acompañado de otros minerales como el magnesio, necesarios también para su correcta asimilación y la formación ósea.

Las algas también aportan hierro, que se asimila bien gracias a la presencia de vitamina C (el alga dulse y el espagueti de mar contienen alrededor de 60 mg de hierro por 100 g), combatiendo la anemia.

 

Vitaminas y mucha fibra
Por otra parte, las algas son una fuente importante de vitaminas. Por ejemplo, el alga nori presenta un alto contenido en betacaroteno o provitamina A, conocida por su papel protector en la salud de la vista. La presencia de vitamina B es también abundante en algas como la hiziki o la espirulina, mientras que las vitaminas E y C, potentes antioxidantes, además de grandes aliadas para un buen tono y salud de la piel, están presentes en la lechuga de mar o el alga wakame. 

Las algas aportan fibras que favorecen el movimiento intestinal, especialmente mucílagos (por ejemplo, el alga cochayuyo), que protegen las mucosas del estómago e intestino, haciendo que las digestiones sean más suaves. Resultan además muy saciantes.

 

Frescor marino en los platos
Hay muchas formas y técnicas para aprovechar el potencial culinario de las algas. Para ensaladas, se pueden remojar lechuga de mar, dulse, arame o wakame y aliñarlas con vinagretas de sabor profundo (con mostaza o especias). La espirulina (técnicamente no es un alga sino una cianobacteria), al presentarse en polvo, puede enriquecer fácilmente con sus proteínas zumos, gazpachos o cremas de verdura (por ejemplo, de brécol o espinaca).

Las algas más duras y de sabor más intenso (como hiziki o kombu) se pueden usar cocidas y son ideales para estofados, curris, platos especiados e invernales, a los que aportarán su fondo de sabor. 

En la cocina con algas es básico usar poca cantidad, ya que son un alimento muy concentrado, tanto en nutrientes como en sabor y cunden mucho. Si se almacenan secas se pueden conservar durante mucho tiempo.

 

 

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