Entrevista a Francesc Miralles

"Hay que quitar presión a los jóvenes y darles permiso para explorar distintos caminos"

Francesc Miralles y Héctor García acaban de publicar "El pequeño Ikigai" (Editorial Destino), una guía práctica ilustrada para ayudar a las nuevas generaciones a descubrir y desarrollar su propio talento.

Sira Robles
Sira Robles

Periodista especializada en salud, bienestar y ciencia.

Muchos jóvenes viven con angustia y estrés el momento de tener que elegir a qué quieren dedicarse. Temen equivocarse, no saben exactamente qué quieren hacer en el futuro y sufren porque, en realidad, desconocen para qué tienen talento.

Francesc Miralles, autor galardonado que escribe sobre psicología y espiritualidad, y Héctor García, referente mundial en cultura popular japonesa, acaban de publicar El pequeño Ikigai (Editorial Destino), una guía práctica ilustrada que puede ser una herramienta para ayudar a las nuevas generaciones a descubrir y desarrollar su propio talento.

Francesc Miralles ha trabajado como editor, periodista y terapeuta artístico. Actualmente da conferencias en todo el mundo. Su ensayo pionero IKIGAI: Los secretos de Japón para una vida larga y feliz, coescrito también con Héctor García, ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo

Con la guía práctica ilustrada El pequeño Ikigai pretenden que sean los jóvenes los que ahora puedan encontrar su propio ikigai, palabra cuyo significado literal es "una vida que vale la pena".

–En el libro que has escrito junto a Héctor García te diriges a los jóvenes y les dices: debes encontrar tu ikigai, tu propósito en la vida. ¿Por qué sentisteis la necesidad de explicarle este concepto a las nuevas generaciones?
–Porque la adolescencia suele ser la etapa de la existencia en la que nos sentimos más perdidos. En poco tiempo has de tomar decisiones cruciales (por ejemplo, tu rumbo académico) que afectarán al resto de tu vida, cuando aún no sabes quién eres ni lo que quieres. Por eso decidimos escribir un libro para los más jóvenes, así como para padres y educadores.

–En este relato explicas que durante tu juventud te costó encontrar tu propósito y fuiste cambiando de rumbo. Es muy común que ocurra, pero a muchos jóvenes se les sugiere que deben saber lo que quieren y acertar a la primera al decidir su futuro laboral. ¿No es demasiada presión?
–Es un grave error. En medio de la explosión de hormonas, la adolescencia es una etapa llena de descubrimientos y altibajos donde lo normal es andar confuso. Hay que quitar presión a los jóvenes y darles permiso para explorar distintos caminos hasta que encuentren el suyo. Con el Ikigai sucede como con la ciencia, se avanza por prueba y error.

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–Los años de la juventud son años de tomar decisiones y tú les hablas precisamente sobre eso: sobre elegir un camino. ¿El actual momento de incertidumbre que estamos viviendo puede entorpecer su toma de decisiones?
–Yo creo que incluso es favorable, porque justamente cuando todo se derrumba a tu alrededor, para seguir tu rumbo en medio del caos solo tienes tu ikigai. Un proverbio indio dice que “uno solo tiene aquello que no puede perder en un naufragio”.

El propósito personal es una de esas cosas que no puedes perder.

–¿Qué ocurre si una persona joven tiene muy claro su ikigai pero no consigue alcanzarlo?
–Los resultados no vendrán de hoy para mañana, aunque seas un genio. Cualquier cosa importante que quieras conseguir requiere tiempo. Sobre esto, un mítico peluquero inglés decía que “el Éxito solo viene antes del Trabajo en los diccionarios”. Y el periodista Malcolm Gladwell calculó que son necesarias 10.000 horas dedicadas a una sola cosa para acabar siendo un maestro, por mucho talento que tengas. La pregunta entonces es: ¿cuánto estás dispuesto a invertir por tu sueño?

–¿Y cuando el ikigai de un joven choca con lo que los adultos que lo rodean habían “planeado” para él? ¿Se puede salir de esa encrucijada?
–Esto ha sido siempre así. A menudo los anhelos de los hijos no casan con las expectativas de los padres. Por eso los jóvenes han de aprender a explicarse, como respeto y cariño, y hacer entender a los mayores que tienen responsabilidad sobre su propia vida. Y nuestra obligación es escucharles y ayudarles a que sigan su propio camino. Nadie va a morir por nosotros, así que cada cual tendrá que encargarse de su propia vida.

–También aquí tienen un papel importante los conocidos del entorno. Hablas de “trols” que te critican cuando quieres alcanzar tus sueños. ¿Es más difícil ahora mantener tu propósito en un mundo donde es tan fácil opinar sobre los demás a través de las redes sociales?
–Para evitar ese riesgo, hay que elegir bien a quién cuentas tu proyecto. Hay personas que nos empoderan, dándonos ánimos e ideas para avanzar, y otras que nos desempoderan, aportando una visión negativa altamente contagiosa. Por eso hay que ser muy precavido a la hora de compartir un sueño.

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–¿Dónde puede encontrar inspiración un joven de hoy?
–En personas que ya están en el camino que les atrae, así como a través de la experimentación con distintas posibilidades, hasta que resuene en su interior aquello que quieren hacer. En ese sentido, nuestro libro El pequeño ikigai es un buen punto de partida.

–Se le atribuye a Umberto Eco la frase: “La genialidad es 10% inspiración y 90% transpiración”. En efecto, según dices en el libro, saber qué queremos ser o hacer con nuestra vida es solo el primer punto…
–El talento es mucho más común que la perseverancia. Hay muchas personas que echan a perder su don natural porque no le suman el esfuerzo y la dirección.

Como en la fábula de la tortuga y la liebre, personas de capacidades supuestamente más modestas suelen llegar más lejos que los genios que no trabajan.

–¿Además de tenacidad, qué otras cosas necesitamos para perseguir nuestro ikigai?
–Sobre todo, autoconocimiento. Si no sabes quién eres, difícilmente puedes tener un propósito, ya que el ikigai está íntimamente ligado a tu esencia como ser humano.

–Así, si nos empeñamos, ¿deberíamos poder alcanzar el propósito de la vida?
–No basta con empeñarse, hay que dedicar el esfuerzo correcto en la dirección correcta, como un aprendiz de arquería. De hecho, tu propósito ya lo estás alcanzando por el solo hecho de ponerte en camino, incluso cuando crees que no lo tienes. Viktor Frankl, creador de la logoterapia, decía a sus pacientes: “si no tienes un propósito en la vida, yo te doy uno: descubrir cuál es tu propósito”.

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