Nuerodidáctica

Cómo estudiar para un examen: 10 trucos de la neurociencia para memorizar mejor

Memorizar un temario para aprobar un examen puede llegar a ser un calvario. Sin embargo, podemos ayudarnos de la neurodidáctica, que ha investigado de qué manera estimular el cerebro para aprender y memorizar con más facilidad.

Francesc Fossas

Dietista nutricionista

La neurodidáctica pretende fomentar el aprendizaje potenciando nuestras naturales ganas de saber y estimulando nuestra característica disposición a aprender.

Los recursos que describimos a continuación tienen en común buscar una mejora en el aprendizaje partiendo de la base de los conocimientos actuales sobre el funcionamiento cerebral. Pueden ser de gran ayuda para los estudiantes que tienen el reto de estudiar el temario de la selectividad.

1. Ponte retos asequibles en cada momento

Estudiar y en general aprender fácilmente puede convertirse en una labor estresante.

Así sucede cuando las demandas de la tarea superan con creces los recursos de los que disponemos para afrontarlas. En esas circunstancias nos invade la sensación de descontrol, de sentirnos desbordados, y cunde el desánimo. Cuando ocurre lo contrario nos aburrimos.

De ahí la importancia de hallar un equilibrio sutil entre estas dos variables y programar tareas que supongan retos asequibles, metas que podamos alcanzar.

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2. Emociónate mientras estudias

En la actualidad está probado científicamente que las emociones juegan un papel decisivo en la formación de la memoria.

Los sentimientos pueden fomentar el aprendizaje en la medida en que intensifican la actividad de las redes de neuronas y refuerzan las conexiones entre ellas.

Mientras que el mero saber suele borrarse pronto, las informaciones a las que se ha impreso un sello emocional se graban profunda y perdurablemente en la memoria y se encuentran también más disponibles.

Podemos probar convirtiendo una insípida ecuación en una pequeña película de intriga cuyo desenlace deseamos conocer.

3. Si no funciona, cambia tu técnica

Aprender algo nuevo cuesta mucho menos que reorientar una red neuronal consolidada.

De hecho, las cosas que se han aprendido bien, sean correctas o incorrectas, ya no se borran, en lo que se caricaturiza como "la maldición del saber". Por ello, más que insistir en corregir los errores interesa invertir en aprendizajes correctos alternativos.

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4. Memorización multisensorial

Cuanto más variadas sean las formas en que se transmite una información, mejor se recordará. De ahí que aprendamos con tanta más facilidad cuanto más sentidos intervengan.

Al utilizar varios canales sensoriales la información percibida se asocia entre sí, archivándose al mismo tiempo en diferentes territorios del cerebro, es decir, en una porción más amplia del mismo.

Así, por ejemplo, para aprender los países de África, los podemos ir repitiendo en voz alta mientras los vamos visualizando en el mapa y nos vamos paseando por la habitación.

5. Disfruta tus logros

Tras dar con la solución de algún problema o entender un nuevo conocimiento experimentamos una sensación de satisfacción, mediada por el aumento de los niveles de dopamina, un neurotransmisor relacionado con la experiencia del placer y las recompensas por el éxito.

La dopamina también provoca ganas de más, generándose un círculo virtuoso del tipo: tarea-éxito-dopamina-tarea...

"Todo lo que a la hora de aprender produce contento refuerza la memoria", decía ya en el siglo XVII Jan Amos Comenius, uno de los fundadores de la didáctica.

6. Utiliza las metáforas como aliadas

A veces topamos con conceptos que por su complejidad o abstracción se resisten a nuestra comprensión.

En estos casos, las metáforas pueden ser una excelente ayuda por su capacidad de convertir la cuestión en algo significativo y familiar y, en consecuencia, mucho más fácil de retener y recuperar en la memoria.

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7. Si lo no entiendes, cambia la estrategia

En ocasiones puede que no entendamos una información cuando se nos presenta de una determinada manera. En estos casos insistir machaconamente o tirar la toalla pensando que no somos capaces de asimilarla puede resultar una actitud contraproducente.

Más que impacientarse o desesperarse conviene, por el contrario, buscar formas alternativas de acercarse a ella, descubriendo puntos de vista nuevos y aspectos no considerados, encontrando formas diferentes de explicarla.

8. Búscale la utilidad

¿Para qué me va a servir esto? es una de las preguntas más habituales entre escolares cuando se les pide que asimilen determinados tipos de información.

No encontrar utilidad ni aplicación a lo que estamos aprendiendo resulta altamente desmotivador, y más en edades y en una época en que la búsqueda de recompensas a corto plazo gana por goleada a la de recompensas a largo plazo.

Es mucho más fácil aprender la información si somos capaces de darle un sentido. De ahí la importancia de conectar los conocimientos con nuestra vivencia personal.

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9. Utiliza el cerebro de formas distintas

Utilizar el cerebro de formas no habituales puede estimular la formación de conexiones neuronales. Para este fin podemos, por ejemplo, cepillarnos los dientes con la mano no dominante, vestirnos con los ojos cerrados, cambiar de posición en la mesa, colgar el reloj de la pared al revés, caminar a oscuras...

Al cerebro le motivan los cambios: lo desconocido excita las redes neuronales. De ahí que los ambientes fluidos y variados despierten la curiosidad favoreciendo casi de modo automático el aprendizaje.

Para el pleno desarrollo cerebral es muy importante la riqueza de estímulos y emociones positivas. Y recordemos que aprender es un proceso que se autoimpulsa: cuanto más se sabe acerca de algo, más rápidamente se progresa en esa cuestión.

9. Estimula tu curiosidad

La curiosidad es la puerta de entrada al conocimiento, es un querer saber más que conlleva una actitud de apertura, aventura, descubrimiento y exploración, que nos hace más receptivos a la nueva información.

Además, puede utilizarse como pista para descubrir nuestras capacidades y talentos, dado que en la mayoría de ocasiones nos interesamos más por aquello que mejor se nos da o aprendemos con mayor facilidad.

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10. Explota tus puntos fuertes

Tradicionalmente hemos asistido a la tendencia a descubrir los puntos débiles de las personas y esforzarse y trabajar en mejorarlos, intentando compensar sus deficiencias.

Pero hoy ya hay quien se atreve a romper con esta dinámica secular y apuesta por identificar los puntos fuertes, aquello en lo que uno es mejor, y edificar el aprendizaje sobre ellos, aplicándolos cuanto más se pueda en las diferentes tareas.

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