Crianza

Cómo enseñar a compartir de forma respetuosa

Forzar a los niños a compartir, lejos de ser beneficioso para ellos, puede crearles malestar y frustración. Podemos abordar este tema de forma mucho más respetuosa.

Ramón Soler
Ramón Soler

Psicólogo

El tema de “compartir o no compartir” es motivo de polémica en cualquier reunión en la que haya dos o más niños. Tarde o temprano, surge algún conflicto por una pelota o un juguete y se genera un momento de tensión entre los padres. En ese momento nadie sabe muy bien cómo actuar.

Los padres sienten una fuerte presión social para que sus hijos compartan: es algo que está bien visto y es aplaudido por todo el mundo. Sin embargo, cuando un niño no comparte sus juguetes, los demás padres comienzan a señalarlo, mirarle raro y a murmurar entre ellos.

Esta preocupación por la opinión de los demás, más que por las auténticas motivaciones de sus hijos, provoca que muchas veces, en parques de juegos, los padres quiten los juguetes a sus hijos para dárselos a un completo desconocido. La premisa es : “hay que compartir”.

Esta presión social es tan fuerte que puede llevarnos a casos absurdos. Paseando con nuestro perro Camilo, he escuchado varias veces la expresión, “..., suelta ese palo, hay que compartir”. Hasta a los perros les trasladamos estos fuertes condicionamientos sociales. En estos casos, yo suelo responder algo como “tranquilo, quizá es su palo favorito y no lo quiere compartir”.

Por qué no hay que obligar a compartir

Lo cierto es que forzar a los niños a que compartan todos sus juguetes por obligación no es nada respetuoso y, además, genera mucha frustración y malestar en los pequeños. Se sienten desprotegidos, enfadados e incomprendidos.

Tampoco se favorece la relación entre ellos. Los niños recuerdan si les forzaron a compartir en algún momento y van acumulando pequeñas tensiones. En futuras interacciones, se mostrarán mucho más alerta y será más fácil que surjan nuevo conflictos.

Dado que son muchas las familias que me consultan sobre este tema, he recopilado unas ideas y consejos para abordarlo de forma respetuosa.

1. Tener en cuenta la edad del niño

Los bebés y los niños muy pequeños no pueden compartir, no comprenden el concepto y su cerebro no está maduro para hacerlo. He visto a padres obligando a compartir a bebés de 2 años o menos: esto es absurdo. Lo único que se genera en estas situaciones, si se les quita un juguete para dárselo a otro niño, es malestar y frustración.

En estos casos, cuando son muy pequeños, siempre hay que buscar alternativas para jugar a otra cosa y desviar la atención del motivo de conflicto.

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2. Tener en cuenta su punto de vista

Todos tenemos nuestros objetos personales favoritos que no nos gusta compartir, aunque esto es muy variable y depende de cada persona. Por ejemplo, hay quien no se siente cómoda compartiendo sus libros, su coche o su casa.

De igual forma, los niños también tienen objetos que, por sus propios motivos (muy respetables), consideran especiales y que no quieren compartir.

Se preocupan de que se los puedan romper o perder. Puede que a tus ojos sean objetos poco valiosos y que se puedan sustituir, pero, para ellos, en este momento de su vida, son importantes y se sentirán violentados si alguien les fuerza a compartirlos.

3. No preocuparnos por el qué dirán

La asertividad es la mejor forma de explicar las razones por las que no se quiere compartir algo. Ayuda a que los otros comprendan que no es ningún capricho, sino que existe un motivo importante para el niño. Un ejemplo puede ser: “es un juguete nuevo que me acabo de comprar y me dolería mucho que se rompiera”.

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4. Servir de ejemplo

Como sucede en todos los ámbitos de la vida, los niños aprenden a compartir basándose en el ejemplo que tienen en sus padres. Si sus padres son generosos y comparten, ellos lo terminarán haciendo cuando estén preparados para hacerlo. En el fondo, esta es una cuestión de maduración fisiológica y emocional.

Si los padres le fuerzan a compartir pero ellos mismos no son generosos o comparten a regañadientes, por la presión social de quedar bien, esto será lo que aprendan sus hijos.

5. Fomentar la empatía

El compartir debe nacer de la empatía, no de la imposición. Si ayudamos a los niños a ponerse en el lugar del otro, con el tiempo, cuando estén preparados para hacerlo, podrán entender, por ejemplo, la ilusión que les hace a los demás jugar con un juguete novedoso para ellos.

En resumen, lo importante en este tema tan controvertido del “compartir” es pensar a largo plazo. El objetivo no es que un bebé de un año comparta sus juguetes a la fuerza, sino criar personas empáticas y generosas que puedan decidir libremente cuándo y qué quieren compartir.

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