COVID19

Estado de alarma por el coronavirus: cómo mantener la salud mental

La incertidumbre, la indefensión y el confinamiento van a provocar un gran impacto en el equilibrio mental de muchas personas. ¿Cómo sobrellevar mejor la situación? Te ofrecemos una guía para salvaguardar la salud mental durante la cuarentena.

La crisis sanitaria y económica que estamos sufriendo por la propagación del Coronavirus (COVID-19), junto con las medidas de contención decretadas por el gobierno, nos han llevado a un estado emocional de excepción. La incertidumbre, la indefensión y el confinamiento, van a provocar un gran impacto en el equilibrio mental de muchas personas.

¿Cómo afecta esta situación a nuestro comportamiento y a nuestras emociones? ¿Qué podemos hacer para afrontar esta situación?

Ansiedad frente a lo desconocido

Desde este lunes 16 de marzo, vivimos un estado de alerta, en el que, además de tener que permanecer confinados en nuestros hogares (se ha limitado la salida fuera de casa a lo estrictamente necesario), se han cerrado colegios, centros de ocio y todos aquellos establecimientos que no son considerados como de primera necesidad.

Este escenario, totalmente inaudito, nos recuerda inconscientemente a todas las películas apocalípticas que hemos conocido desde los años '80 y nos induce un estado mental, conocido por los psicólogos como “ansiedad por anticipación”. Casi sin poder controlarlo, nuestra mente se adelanta a los acontecimientos y se imagina la peor de las situaciones posibles.

Pensar que va a ocurrir algo terrible, aunque nos digan que se están tomando las medidas necesarias para no colapsar el sistema sanitario, puede llevar a muchas personas a sufrir graves cuadros de ansiedad.

La preocupación por poder enfermar, la obsesión por las noticias relacionadas con el Coronavirus, tomarse constantemente la temperatura corporal y vigilar todos los posibles síntomas, son algunas de las señales que pueden alertarnos de que estamos afrontando la crisis con excesiva ansiedad.

Ante esta situación, los Psicólogos de Emergencias del Colegio Oficial de Psicólogos de la comunidad de Madrid recomiendan tomar algunas precauciones para tratar de que el malestar emocional no vaya a más:

  • Comprender nuestros sentimientos. ¿Por qué sentimos este miedo? Quizá de pequeños nos inculcaron el miedo a la enfermedad, o puede que nos hayan llegado informaciones demasiado alarmistas sobre el tema. Identificar de dónde proceden estos sentimientos nos ayudará a relativizarlos y soportarlos mejor.
  • Aceptar las emociones que estamos sintiendo y, si es necesario, compartirlas con las personas de nuestro alrededor, ya que nos pueden ayudar a reducir el nivel de ansiedad.
  • Evitar la sobreinformación. El bombardeo de los medios de comunicación sobre el tema aumenta la sensación de riesgo y nerviosismo.

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El miedo nos hace actuar sin reflexionar

Las imágenes de personas comprando de forma compulsiva –desde mascarillas y gel de manos, a cantidades descomunales de comida y otros productos tan prescindibles como el papel higiénico– se han repetido en todos los países en los que se ha decretado el estado de alerta por el coronavirus.

¿Por qué tantas personas responden a esta situación realizando compras irracionales? En realidad, es el miedo a lo desconocido y el pánico ante una amenaza que no podemos controlar, lo que se encuentra tras esta respuesta tan dramática. La idea que subyace a esta reacción es que, a pesar de vivir en una sociedad desarrollada y tecnológica, somos vulnerables y la muerte puede encontrarnos a la vuelta de la esquina.

Este sentimiento de peligro inminente anula nuestra capacidad de análisis y activa las respuestas más primitivas de alerta y huida. La amígdala es una pequeña estructura de nuestro cerebro interno que se encarga de dar respuestas rápidas ante estímulos amenazantes o peligrosos. También se le llama “cerebro reptiliano”, para diferenciarlo de otras estructuras más superiores, que se encargan del análisis.

Precisamente, la amígdala, activada por el miedo, es la que nos empuja a actuar de forma impulsiva y a tomar decisiones irracionales como, por ejemplo, comprar cientos de mascarillas, en lugar de hacer algo tan sencillo y eficaz como lavarnos las manos.

  • Para evitar caer en el pánico que nos lleve a comportamientos poco resilientes y efectivos, el COP de Madrid sugiere no olvidar que las imágenes alarmistas que nos transmiten los medios y la sobreinformación sin filtro veraz y científico (fake news) , nos hacen percibir una mayor amenaza de la que realmente existe.
  • Si detectamos que nos estamos dejando llevar por el alarmismo, quizá nos convenga abandonar los grupos de whatsapp tóxicos (a través de los cuales nos puede estar llegando demasiada información de poca calidad), consultar medios de comunicación serios y, sobre todo, mantenernos críticos en todo momento.

Debemos valorar todas las iniciativas positivas y solidarias que se están dando. Desde las miles de personas que donan sangre, hasta los profesionales de la salud que están al pie del cañón, luchando a diario contra el coronavirus exponiéndose a ser infectados. Además de las cientos de iniciativas que ofrecen servicios on-line gratuitos para ayudar a las familias en las semanas de confinamiento que tenemos por delante. Todos estos gestos cargados de empatía y altruismo, tanto los grandes como los pequeños, han de ser tenidos en cuenta, ya que nos ayudan a mantener la esperanza y a confiar en la resiliencia del ser humano.

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Tener que pasar muchas horas en casa nos puede generar angustia

El estado de alerta en el que nos encontramos conlleva adaptarnos, por unos días, a nuevas realidades. Para muchos, esto significa tener que trabajar, por primera vez, desde casa compatibilizando su labor con el cuidado de los hijos, para otros el mayor cambio va a ser el pasar de llevar una vida muy social a tener que estar muchos días encerrados en su hogar sin –aparentemente– nada que hacer.

Este cambio en las rutinas habituales puede convertirse en fuente de intensas preocupaciones.

Además, muchas personas no están acostumbradas a pasar tanto tiempo en sus casas o tienen más necesidad de hacer actividades al aire libre, y se angustian cuando piensan en todo el tiempo que les queda por estar “encerradas”. Ante estas cuestiones, lo mejor que podemos hacer es flexibilizar nuestra postura y adaptarnos a la nueva situación, sabiendo que es algo temporal que no va a durar para siempre. ¿Cómo podemos hacerlo sin perder nuestro equilibrio mental?

  • Facilitar la convivencia. El Colegio de Psicólogos de Cataluña propone mejorar la convivencia en casa manteniendo espacios propios y combinando los momentos de trabajo con actividades comunes. Si, debido a la falta de costumbre, el ambiente con los hijos se tensa, resulta recomendable establecer turnos con la pareja para que cada uno pueda, además de disfrutar de algunos momentos de descanso mental, recuperar energía. También tenemos que comprender que los niños tienen un nivel de actividad más alto que el nuestro y que a ellos les resulta especialmente duro pasar días enteros encerrados entre cuatro paredes.
  • Mantenernos comunicados. A las personas que puedan sentirse aisladas, se les recomienda aprovechar la tecnología para realizar videoconferencias con amigos y familiares. Internet, el ordenador o el móvil se convierten en nuestra ventana para estar conectados con los seres queridos y, de esta forma, poder pasar el tiempo mucho más entretenidos.
  • Tomárnoslo con calma. No olvidemos que esta situación de alerta que nos obliga a parar, puede llegar a ser un regalo también para nuestra salud mental. Esta puede ser una buena oportunidad para volver a conectar con nosotros, para reflexionar, para realizar ejercicios de meditación y tratar de desconectar de un mundo que normalmente se mueve demasiado deprisa. Es buen momento para volver a conectar con la slowlife. Aprovechémoslo.

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Cómo aprovechar la situación para crecer emocionalmente

Estamos ante un momento histórico en el que nuestra sociedad, tan individualista, debe revisar sus preferencias. Tenemos que poner en práctica, de nuevo, el carácter de cooperación y comunidad del ser humano que en la prehistoria llevó a una especie tan débil y desfavorecida como la nuestra, a sobrevivir y evolucionar en un ambiente profundamente hostil.

  • Dejar de pensar en el yo para pensar en el nosotros. Volvamos a pensar en los demás, especialmente en las personas mayores, las más vulnerables. Aunque la situación de encierro nos pueda parecer dura, hemos de comprender que nuestro esfuerzo resulta fundamental en la lucha contra el virus. Este sacrificio por el bien común nos hará salir victoriosos.
  • Apelar a la responsabilidad. Médicos, enfermeras y demás personal sanitario están en el foco, cuidando a los casos más extremos, desbordados, y también confinados. Si ponemos nuestro cuidado para no contagiarnos y transmitir la enfermedad, estaremos contribuyendo a no saturar los servicios y que ellos puedan seguir haciendo su trabajo.
  • Ayudar en lo posible. Pensemos también en aquellos vecinos que por edad o discapacidad necesitan que, entre todos, estemos pendientes de ellos. Podemos, tomando las debidas precauciones sanitarias, hacerles sus compras básicas, hablar con ellos (aunque sea de balcón a balcón) y comprobar su estado de salud.

La soledad en tiempos de pandemia es aún mucho más dura. Recuperemos nuestros espíritu solidario.

  • Fomentar nuestra creatividad. Enfrentarse a estar en casa, a pasar tiempo con los nuestros en un entorno que nada tiene que ver con las vacaciones, puede ser una prueba muy dura. Aprovechemos estas semanas para desarrollar la imaginación y potenciar la creatividad. Podemos utilizar algunos de los recursos on-line que están surgiendo (visitas a museos, obras de teatro, bibliotecas virtuales, juegos, etc.) para adaptarlos a nuestra familia y luchar contra el sentimiento de hastío y monotonía provocado por una convivencia de semanas sin poder pisar la calle.
  • Desarrollar nuestro humor como píldora anti estrés. Antes las situaciones de incertidumbre, es clave mantener la calma y el buen humor. Reírnos juntos nos ayudará a desestresarnos y rebajar el nivel de ansiedad de toda la familia.

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