Equilibrar cuerpo, mente y espíritu

9 posturas de yoga para ganar equilibrio

Mercedes de la Rosa

Estas asanas pueden resultar difíciles cuando algún aspecto de nuestra vida no está bien ajustado. Lograrlas mejora la serenidad interior y el bienestar físico.

El equilibrio es el estado óptimo por excelencia. El objeto, persona o medio que se encuentra en equilibrio está completo; cada uno de los elementos que forman su "todo" se sitúa en el lugar adecuado.

Se trata de un estado en el que todo fluye sin esfuerzo. Un momento en el que lo físico, lo mental y lo espiritual se alinean.

Todos hemos experimentado momentos de equilibrio. Son frecuentes cuando nos encontramos cerca de la naturaleza, cuando practicamos algún deporte o actividad que nos gusta y disfrutamos, cuando leemos o cuando trabajamos en algo que nos interesa y sentimos que el tiempo vuela.

Cómo detectar si existe desequilibrio

Cuando vivimos en equilibrio reinan la claridad, la concentración y la plenitud. La sensación es de ligereza y liviandad. Estos indicadores apuntan a que estamos bien colocados, en equilibrio, que nos sentimos tan presentes que ni siquiera pensamos en aquello que estamos llevando a cabo. Simplemente lo vivimos, sin más.

Por el contrario, cuando nos encontramos descentrados, las sensaciones que experimentamos son de carencia, malestar o, incluso, dolor físico.

Algunos indicadores de que existe un desequilibrio son la falta de concentración, el saltar de una actividad a otra, manifestarse olvidadizo o despistado, sentirse falto de energía, estresado, angustiado o con incapacidad para la relajación.

También los estados de euforia, tristeza, rabia, así como las contracturas o dolores musculares, la mala circulación, el insomnio, los problemas digestivos o algunos tipos de migrañas pueden indicar que existe algún factor desestabilizador.

La práctica de yoga permite volver al centro del que nos hemos alejado, para alinear el organismo, serenar la mente y encontrar la paz interior. Un espacio para vivir el "aquí" y el "ahora".

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En hatha yoga, la práctica de asanas es el medio para recuperar el centro. Cada movimiento y postura están pensados para alinear, fortalecer, tonificar y relajar los músculos.

Tras una sesión de yoga se sienten sensaciones similares a las de cuando se recibe un masaje: reequilibrio, desaparición de dolores fruto de la tensión y el estrés, relajación de los músculos…

Mientras se practica yoga, la mente se mantiene concentrada en cada movimiento que se efectúa y en la respiración. Mantener la mente atenta y despierta permite serenarla, y la desvía de los pensamientos y voces internas que la agotan. Por ello, con el tiempo, el mismo efecto que se siente en los músculos al acabar una sesión de yoga se experimenta también en el interior.

9 posturas de yoga para recuperar el equilibrio cuerpo-mente

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1129750. 1. LOTO EN EQUILIBRIO

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1. Loto en equilibrio

  1. De pie con los pies juntos y los brazos a ambos lados del cuerpo, inhala y eleva la rodilla derecha.
  2. Exhala y con las dos manos coloca el tobillo en la parte inferior izquierda del abdomen. Activa la pierna de apoyo e intenta mantener alineado el cuerpo.
  3. Mira a un punto fijo y eleva el brazo derecho.
  4. Respira 10 veces.
Foto: JUMP
1129627. 2. EL ÁRBOL (Virkasana)

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2. El árbol (Virkasana)

Esta postura parece fácil, pero necesita detenimiento y atención.

Sosteniéndote sobre el pie izquierdo, dobla la rodilla derecha y apoya la planta del pie en el interior del muslo. El pie y la pierna izquierdos actúan como los cimientos sobre los que se "construye" la postura.

Para asegurar que se mantengan firmes y enraizados en la tierra, se puede visualizar un triángulo imaginario en la planta del pie –dos ángulos se sitúan en la parte delantera de la planta, debajo del dedo gordo y del dedo más pequeño, y el tercero, en el talón. Fijar estos tres puntos en la tierra estabiliza la base de la postura.

Ambas piernas se mantienen activas aunque se ha de evitar bloquear cualquier articulación.

Foto: JUMP
1129628. 3. Armonía

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3. Armonía

  1. Desde la postura anterior, coloca las manos en el mudra de la armonía: junta el pulgar con el índice. Asegúrate de que los hombros están relajados.
  2. Si al cerrar los ojos te tambaleas, ábrelos y mira a un punto fijo.
  3. Respira 10 veces.
  4. Cambia de lado.
Foto: JUMP
1129696. 4. REEQUILIBRAR (Namaskar Parsvakonasana).

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4. Reequilibrar (Namaskar Parsvakonasana)

  1. Se parte de la postura del "perro boca abajo": con las manos, rodillas y pies en el suelo, la cadera se eleva hasta estirar piernas, espalda y brazos.
  2. Inhala y lleva el pie derecho entre las manos, con la rodilla sobre el tobillo.
  3. Exhala y coloca el codo izquierdo en el exterior de la pierna derecha.
  4. Junta las palmas a la altura del pecho.
  5. Respira 5 veces, vuelve a la postura inicial y cambia de lado.

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Foto: JUMP
1129669. 5. EL BAILARÍN (Natarajasana).

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5. El bailarín (Natarajasana)

  1. De pie con los pies juntos, eleva la rodilla derecha.
  2. Coge el borde del pie y extiende la pierna hacia atrás. Mantén el muslo paralelo al suelo, activa los glúteos y la pierna de apoyo, abre el pecho.
  3. Estira el brazo izquierdo hacia el frente con los dedos en mudra.
  4. Respira 5 veces y repite cambiando de lado.
Foto: JUMP
1129894. 6. TORSIÓN EN EQUILIBRIO

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6. Torsión en equilibrio

  1. De pie, inhala elevando la rodilla derecha hacia el pecho y coge la parte exterior del pie con la mano izquierda.
  2. Exhala, estirando la pierna hacia delante y el brazo derecho hacia atrás, como si el cuerpo se extendiera en direcciones contrarias.
  3. Alarga la espalda mientras giras la cabeza y fijas la mirada en un punto.
  4. Respira 5 veces y vuelve a mirar al frente con la última exhalación.
  5. Cambia de lado.
Foto: JUMP
1129673. 7. EQUILIBRIO LATERAL (Vasisthasana).

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7. Equilibrio lateral (Vasisthasana)

  1. Desde la postura del "perro boca abajo" (con las manos, rodillas y pies en el suelo, la cadera se eleva hasta estirar piernas, espalda y brazos), gira y apóyate en la parte exterior del pie izquierdo.
  2. Eleva el brazo derecho hacia arriba, alarga la columna hacia la diagonal y lleva la mirada al cielo, manteniendo el tronco y las caderas alineados con las piernas, sin dejar que se hundan.
  3. Respira 5 veces, vuelve a la postura inicial, cambia de lado.

Es útil girar la parte superior del brazo derecho hacia delante al estirarlo para tener la sensación de elevarse desde el hombro izquierdo.

Foto: JUMP
1129710. 8. EL ÁGUILA (Garudasana).

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8. El águila (Garudasana)

  1. De pie con los pies juntos, la espalda recta y los brazos a los lados del cuerpo, dobla ligeramente las rodillas, eleva el muslo izquierdo y crúzalo por encima del derecho, de modo que ambos muslos se toquen.
  2. Si puedes, coloca el pie izquierdo detrás del gemelo derecho.
  3. Cruza el codo derecho por encima del izquierdo, presiona las palmas y eleva los brazos hacia el cielo. Mira al entrecejo.
  4. Tras 5 respiraciones, cambia de lado.
Foto: JUMP
1129744. 9. EQUILIBRIO BÁSICO (Tadasana).

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9. Equilibrio básico (Tadasana).

  1. Reparte el peso entre las dos plantas de los pies, con los pulgares tocándose.
  2. Activa rodillas, muslos, abdomen y espalda, sin bloquear las articulaciones.
  3. Eleva los brazos doblados y junta las palmas de las manos.
  4. Cierra los ojos, respira y siente tu equilibrio.

Es una buena postura para finalizar cualquier equilibrio.

Foto: JUMP

El equilibrio cuerpo-mente: el estado óptimo de fluidez

El día y la noche, el agua y el fuego, lo femenino y lo masculino, el calor y el frío, el yin y el yang. La naturaleza está llena de opuestos.

No obstante, a pesar de ser contrarios, cada uno de estos elementos convive en armonía con el resto. No se enfrentan ni se separan, no se enfadan ni se molestan, mantienen un equilibrio saludable. Viven en paz y aseguran la continuidad del medio.

La misma dualidad y el mismo equilibrio que reinan en la naturaleza están presentes en cada uno de nosotros. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en el medio natural, a los seres humanos nos cuesta encontrar y mantener el equilibrio que somos, o podríamos ser.

Los vaivenes del día a día y, sobre todo, cómo los vivimos, tienden a desestabilizarnos. La educación adquirida, ciertas creencias culturales, miedos, ideas preconcebidas y pensamientos recurrentes pueden convertirse fácilmente en filtros desestabilizadores si se deja que adquieran un protagonismo excesivo.

Llegar a un equilibrio total pasa por aminorar la fuerza de estos filtros, por debilitar el poder de los pensamientos para lograr una mente serena y centrada. Armonizar cuerpo, mente y espíritu no es fácil, pero sí posible, y la práctica del yoga es una excelente herramienta para lograrlo.

El objetivo último del yoga es restablecer el estado natural de serenidad mental y bienestar físico que nos es inherente pero del que nos alejamos con el paso del tiempo.

A través de las técnicas de respiración, de meditación y de posturas físicas o asanas, el yoga permite que la persona tome conciencia de su propio equilibrio o desequilibrio, tanto en un plano físico como mental y emocional, y que lo recupere, no solo durante la clase sino también fuera de ella.

Cada ser humano tiene una armonía propia que posiblemente difiera de la del resto de alumnos de la sala y que además cambie a lo largo de la vida. No obstante, una vez se ha identificado y experimentado el equilibrio, es fácil volver a localizarlo e integrarlo de una manera consciente, o inconsciente, en el día a día.

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Atención y estabilidad: consíguelos practicando sin miedo

La medicina india ayurvédica considera la zona entre el ombligo y la boca del estómago el centro de energía del cuerpo, y es donde localiza el tercer chakra, también denominado manipura, que se encarga de regular la voluntad, el sentido de control y la coordinación.

De ahí nace la fuerza que impulsa a actuar. Cuando este chakra se encuentra fortalecido, la capacidad de decidir, moldear y desarrollar lo que sucede en la propia vida es mucho mayor.

En un plano físico, el centro de gravedad del cuerpo también se encuentra en el abdomen y es necesario fortalecerlo para mantenerse sano y evitar lesiones de espalda y otras dolencias musculares.

Cimientos sólidos, claridad y serenidad son tres aspectos claves necesarios para el equilibrio: tanto para la práctica del yoga como para la vida.

Todas las posturas de yoga requieren atención y estabilidad pero las denominadas "de equilibrio" son las que mejor evidencian cualquier descompensación latente y, a la vez, las que más potencian este equilibrio armónico. Actúan como un excelente espejo que refleja cuál es nuestro estado.

Cuando se experimentan preocupaciones, ansiedades, angustias o tensión resulta especialmente difícil entrar en estas posturas. Pero llevarlas a cabo en un estado de malestar puede ser una invitación a la serenidad y a la concentración, así como a una mejor conexión entre cuerpo y mente.

El miedo es uno de los peores enemigos del equilibrio. Si la mente envía mensajes al resto del cuerpo del tipo: "yo no puedo", "esto es demasiado", "no soy capaz", probablemente lo interiorice como cierto e imposibilite la ejecución de la postura, así como de cualquier otra acción en la vida. El miedo paraliza y desequilibra.

Para diluir estos bloqueos, hay que localizar el propio centro y fortalecerlo; nos sentiremos así más seguros y serenos frente a cualquier situación, afrontándola sin que suponga un esfuerzo, obligación o desgaste.

El equilibrio mental y emocional va estrechamente ligado al físico. En un plano interior, si el centro está debilitado, será imposible sentir equilibrio. Lo mismo ocurre cuando se detecta una descompensación en el organismo o centro de gravedad físico.

Algunas posturas de yoga, conocidas como "de equilibrio", permiten tomar especial conciencia de las sutiles fuerzas que entran en juego para lograr la estabilidad corporal y, por ende, la mental.

Empieza siempre con la versión más sencilla del equilibrio: aguanta solo mientras te sientas cómodo: es mejor mantener la postura menos tiempo y repetirla varias veces, realizando entre medio unas respiraciones de recuperación en una postura relajada, como la del feto.

Acuérdate de respirar para mantener el equilibrio vital. Y de sonreír relajadamente, lo que facilita mucho el equilibrio.

Las posturas de equilibrio en pie tonifican y fortalecen los músculos de piernas, rodillas, tobillos y pies. También potencian el estiramiento de la columna vertebral y favorecen el desarrollo equilibrado de los músculos del torso, el abdomen y la espalda.

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