Vivir con sencillez

Honrar el cuerpo para una vida plena

Conectar con la naturaleza de nuestro cuerpo y sus genuinas necesidades nos ayuda a comprender mejor qué hábitos y prioridades nos aportan salud física y mental.

Pablo Saz
Dr. Pablo Saz

Médico naturista. Investigador en la Universidad de Zaragoza

Cuidar el cuerpo es algo deseado por mucha gente y una de las actividades para las que está diseñada nuestra naturaleza, pero ¿se cuida igual una persona que vive en el campo sobreviviendo de lo que recogen sus manos que una que vive en la ciudad pendiente de lo que hay en el supermercado, de cremas, maquillaje, afeitados y zapatos caros?

El cuerpo está diseñado para tomar el sol y el aire y buscar comida en los árboles o en la tierra, pero ¿lo está para conseguir una tarjeta de crédito con la que poder comprar en el centro comercial lo que se supone que es necesario para vivir?

El cuerpo necesita respirar aire limpio y sentir que lo respira, comer sano, moverse en libertad, dormir y descansar, contactar con el agua que refresca y limpia o calienta y conforta, tomar el sol, sentir la tierra bajo los pies, la fuerza de gravedad que atrae hacia ella, su frío o su calor, explorar con la mirada y disfrutar con lo que ve, observar, tocar, sentir los árboles y las plantas, compartir ideas y palabras…

Cuidar el cuerpo implica entrenarlo en el movimiento y el esfuerzo, conocer sus capacidades y comprender los límites del dolor, sabiendo que este propone cambios de actitud o de cuidados.

No estoy con quienes buscan el sufrimiento, más bien lo considero una enfermedad mental, y el renunciar a vivir feliz, una aberración. La fiesta y el deporte es mejor vivirlos que dejar que sean otros quienes los vivan y vendan por la tele.

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Forma parte de una higiene física y mental moderar o eliminar el alcohol, el tabaco y las distracciones, pensar si es necesario tener una sociedad que organiza grandes matanzas de animales para comer, gastarse el sueldo de meses de muchas personas por saborear una exquisitez, o usar siempre el ascensor o el coche, sabiendo que las piernas han sido diseñadas para moverse.

¿Merece la pena preocuparse y empañar la vida por conseguir una mansión fastuosa, comida en exceso o éxitos que solo hinchan la vanidad?

¿O quizás es bueno disfrutar de la comida sencilla, de algún ayuno, de poder dormir en un refugio o en el suelo si toca, del agua fría en invierno, de saber ocupar las manos y los brazos en labores que fortalecen el físico, pero también alimentan el corazón, lo templan, lo entrenan en lo físico y en lo psíquico llenándolo de pensamientos nobles y generosos?

La disciplina de la vida sencilla puede ir unida al sentido común y a llevar un estilo de vida saludable (en latín, "salud" significa también "salvación"). Seguir unos cuidados corporales no significa que siempre se va a estar a salvo de la enfermedad pero muchas veces ayuda a llevar una vida más amplia y más larga.

Tenemos un cuerpo de carne compacto, flexible, saludable: una obra maravillosa de la naturaleza. Es bueno cuidarlo y conocerlo, saber de su consistencia, densidad y capacidades físicas, psicológicas y espirituales.

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