Lo esencial es invisible

Encontrar el sentido de la vida hasta en momentos difíciles

Jordi Pigem

Cada persona ha de encontrar las razones que hacen que su vida resulte interesante y dichosa. Avanzar sin sentido aumenta la desorientación y la fatiga.

¿Qué significa preguntarnos por el sentido de la vida? Es común comparar la vida con un camino, que vamos haciendo paso a paso, día a día. Como escribía Antonio Machado, "no hay camino, se hace camino al andar".

Cuando nos preguntamos por el sentido de nuestro camino, estamos preguntando en qué dirección seguir. "Sentido" quiere decir también "orientación": norte o sur, occidente u oriente. Como en algunas carreteras, la vida a veces nos ofrece la opción de un cambio de sentido.

Naturalmente, el sentido de la vida se refiere también al significado del vivir: ¿qué hago yo aquí, en este mundo, en este lugar, en este momento? ("¿qué hago?" en el doble sentido de "¿qué estoy haciendo?" y de "¿qué puedo hacer?"). La respuesta aparece, amanece, al ir caminando tu propio camino.

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"El secreto de la felicidad radica en la actitud vital"

"Todos nacemos con una estrella de luz poderosa y perdurable, basta con serle fiel", escribe el poeta polaco Adam Zagajewski. Cada ser humano es único e irrepetible. Una clave esencial de la vida es descubrir quién eres y qué es lo que la vida espera de ti.

En los años treinta del siglo XX, el psiquiatra Viktor Frankl (1905-1997) se dio cuenta de que lo que en el fondo más nos motiva no es la sed de placer (como creía Freud) o de poder (como pensaba Adler), sino la búsqueda del sentido de la propia vida en la gran aventura de la existencia.

Frankl acabó siendo especialista en ayudar a que cada uno descubriera el para qué de su vivir. A los desesperados les preguntaba: "¿por qué no se suicida usted?", y a partir de la respuesta dejaba aflorar lo que importaba realmente a aquella persona.

El título original de la obra clásica de Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido, significa en realidad: "Pese a todo, decir sí a la vida" (Trotzdem Ja zum Leben sagen). El sentido de la vida emerge cuando encontramos nuestra propia manera de decirle "sí".

En su obra, Frankl explica que "necesitamos un cambio radical en nuestra actitud frente a la vida", que nos permita descubrir qué es lo que la vida espera de nosotros. El sentido de la propia vida, único e intransferible, no es algo que tengamos que inventar, sino algo que vamos descubriendo a cada momento y a lo largo de los años.

Dar lo mejor de uno mismo

Desarrollando una idea que ya menciona san Agustín, el poeta y filósofo Joan Maragall (1860-1911) destilaba la esencia de la vida con estas palabras:

"Amar, esto es la vida. Amar hasta el punto de poder darse por lo amado. Poder olvidarse a sí mismo, esto es ser uno mismo; poder morir por algo, esto es vivir... Ama, y haz lo que quieras. Amar es pues la causa, la seña y la justificación de la vida... Ama tu oficio, tu vocación, tu estrella, aquello para que sirves, aquello en que realmente eres uno entre los hombres. Esfuérzate en tu quehacer como si de cada detalle que piensas, de cada palabra que dices, de cada pieza que pones, de cada golpe de tu martillo, dependiera la salvación de la Humanidad. Porque depende, créeme". Joan Maragall

La visión de Alice Herz-Sommer

Un ejemplo extraordinario de capacidad para encontrar un sentido a la vida en circunstancias adversas es el de la pianista Alice Herz-Sommer, fallecida a los 110 años de edad. Estuvo internada en el campo de concentración de Theresienstadt junto con su hijo pequeño, al que a veces no tenía nada que dar de comer.

A través de la música conseguía consolar a su hijo. En una ocasión ella y otros músicos tocaron en una sala ante 150 prisioneros, hambrientos y enfermos. Décadas después recordaba: "La música les daba vida. Era como un alimento para ellos".

Su madre fue arrestada y asesinada, y su marido murió en Dachau, pero su hijo sobrevivió y se acabó convirtiendo en un respetado violoncelista y director de orquesta. En una entrevista que puede visionarse en YouTube, a sus 108 años Alice Herz- Sommer explicaba que seguía tocando el piano cuatro horas diarias, y que el secreto de su felicidad y longevidad radicaba en su actitud vital:

–¿Cuál es el secreto de sentirse tan bien a su edad?

–El optimismo. Y mirar el lado bueno. La vida es bella. Hay que estar feliz, para admirar, para agradecer, agradecidos de estar vivos. En cualquier parte que mires hay belleza.

–¿Por qué es tan optimista?

–¡Porque el mundo es bello! ¡La naturaleza es extraordinaria! ¡La música es algo fenomenal!

–¿Ve la belleza en todas partes?

–En todas partes. Sé que existe lo malo, pero miro el lado bueno.

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Trascenderse a uno mismo

Viktor Frankl fue también prisionero en Theresienstadt y en otros tres campos de concentración (incluido Auschwitz). Allí constató cómo únicamente quienes tenían una motivación ulterior por la que vivir conseguían reunir fuerzas para sobrevivir, física y psicológicamente, a aquellas condiciones atroces. En palabras de Nietzsche: "Quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo".

Muchas tecnologías contemporáneas parecen motivadas por la tendencia a evitar todo esfuerzo o tensión. En cambio, Frankl afirmaba que "lo que necesita la persona no es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta".

Ejemplo utilizado por el filósofo Immanuel Kant:

La paloma, en su vuelo, siente la resistencia del aire, y tal vez creería que sin la resistencia del aire podría volar con más facilidad. Pero en realidad es la resistencia del aire lo que le permite volar. Del mismo modo, la vida tiene sentido como navegación entre la resistencia del viento y la de las olas: un mundo que no ofreciera ninguna resistencia no sería mundo.

Frankl señalaba que la falta de sentido, es decir, el vacío existencial, es la psicopatología básica de nuestro tiempo. Da lugar a una "frustración existencial", clave de numerosas depresiones, adicciones y otras psicopatologías.

Desde la perspectiva de Frankl, de esa falta de sentido deriva la insaciable sed de dinero y poder (con sus hoy crecientes extremos de desigualdades y de rapacidad financiera), así como la desorientación de muchos adolescentes y adultos.

Es como si tuviéramos que tapar el vacío de sentido a base de objetos, de experiencias y de aceleración, huyendo constantemente del aquí y ahora. Pero es solo en el aquí y ahora donde, a fin de cuentas, podemos enraizarnos en el mundo y descubrir qué nos pide la vida. "No soy nada sin ti, mundo", escribía Jorge Guillén. Y, en otra parte:

"Con la luz, con el aire, con los seres

Vivir es convivir en armonía

Placer, dolor: yo soy porque tú eres".

Jorge Guillén.

Para Frankl, somos humanos en cuanto nos transcendemos a nosotros mismos, sobre todo en la entrega a una vocación personal, a una tarea colectiva y en el amor a otras personas. "El que solo piensa en sí mismo no es nadie, está vacío", escribió Joan Maragall.

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Ser uno mismo

Abraham Maslow (1908-1970), padre de la psicología humanista y transpersonal y otro gran conocedor del alma humana, explicaba que en el proceso de autorrealización es esencial escuchar nuestra voz interior: "Descubrir quién es uno, qué le gusta, qué no le gusta, qué es bueno o malo para uno, hacia dónde va y cuál es su misión".

Maslow comprobó que todas las personas que él denominaba autorrealizadoras estaban "dedicadas a alguna tarea ‘fuera de sí mismas’, a alguna vocación, tarea o trabajo estimado", al que se entregaban de forma "apasionada y desinteresada".

Maslow lo describía como un acto de entrega, "en el sentido de ofrecerse uno mismo en algún altar para alguna tarea específica, alguna causa externa a uno mismo y más grande que uno mismo".

Como explicaba Viktor Frankl, preguntar en abstracto: "¿Cuál es el sentido de la vida?" sería como preguntar a un gran campeón de ajedrez: "Maestro: ¿cuál es la mejor jugada?". La mejor jugada depende de cada posición, así como de las características de la persona o situación a la que respondemos. Depende, como, todo, del contexto.

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"Solo se ve bien con el corazón"

Para encontrar el sentido a la propia vida es esencial salir de la mentalidad materialista que reduce la realidad a lo que se puede cuantificar y que nos impulsa a vernos como objetos en un mundo de objetos. El mensaje clave de una de las obras más hermosas del siglo XX, El principito de Antoine de Saint-Exupéry, es que "lo esencial es invisible" y por ello "solo se ve bien con el corazón".

Lejos de ser simples átomos en un universo mecánico y sin sentido, todo lo que somos y hacemos resuena con el conjunto del universo. Por eso Gandhi podía afirmar que "si un solo ser humano gana en espiritualidad, todo el mundo gana con él, y si uno falla, todo el mundo falla en la misma medida".

En última instancia, nos preguntamos por el sentido de la vida porque nos sentimos separados de la vida. Cuando abrazas la vida plenamente, la pregunta desaparece: todo aparece rebosante de sentido aquí y ahora y, a la vez, sin un propósito ulterior. Como en un juego en el que te sumerges plenamente –un juego cósmico, el juego de la creación continua del mundo–. De eso se trata, de participar, de jugar en él.

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La nueva realidad: el universo es inmaterial

Creíamos que la vida y la sociedad se basan en el competir y el controlar, porque así parecía ser el mundo que descubría la ciencia. En la nueva realidad que nos revela la ciencia de vanguardia el mundo no es mecánico e impersonal, sino holístico y participativo. No está hecho de objetos sino de relaciones.

Como señalaron dos premios Nobel de Física, Schrödinger y Wigner, la evidencia científica sugiere que la base de la realidad no es la materia y la energía, sino la conciencia y la percepción. Nature, la más rigurosa de las revistas científicas, publicó en 2005 un artículo del físico R.C. Henry, que concluye así: "El universo es inmaterial –mental y espiritual–. Vive, y disfruta".

Bibliografía

  • Viktor Frankl. El hombre en busca de sentido (Ed. Herder)
  • Abraham Maslow. La personalidad creadora (Ed. Kairós)
  • Lin Yutang. La importancia de vivir (Ed. Edhasa)
  • Jordi Pigem. Buena crisis (Ed. Kairós)

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