Vientre intestino

Dieta terapéutica

El intestino irritable se puede tratar con la dieta FODMAP

Suprimir ciertos alimentos de la dieta puede reducir los síntomas frecuentes asociados al síndrome de intestino irritable.

Ana Montes

La Universidad de Monash creó hace más de diez años la dieta FODMAP para mejorar a corto plazo los síntomas de las personas con síndrome de intestino irritable (SII), un 8% en España. Muy seguida, es una herramienta útil, pero no la única. Según la Universidad de Monash, entre el 50-80% de las personas con SII mejoran sus síntomas en la primera fase de la dieta.

FODMAP es un acrónimo en inglés para "oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables", que son los hidratos de carbono de cadena corta que se tratan de evitar y que se encuenran en frutas, verduras, semillas y cereales. El objetivo es reducir la posibilidad de que produzcan gases y otros síntomas, como distensión y dolor abdominales, diarrea o estreñimiento.

La malabsorción, un problema

Que la digestión de los FODMAP provoque ciertos síntomas ocasionles puede ser normal, puesto que son fermentables. El problema es que los síntomas sean crónicos y que se produzca una malabsorción de nutrientes o un sobrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO), enfermedad infradiagnosticada en España.

En algunos casos, los FODMAP pueden ser los verdaderos responsables de síntomas que se atribuyen a una sensibilidad al gluten.

El carro de la compra FODMAP

La dieta FODMAP establece una serie de alimentos a evitar temporalmente:

  • Los ricos en fructosa: como la miel y algunas frutas, como la manzana. Pero la dieta mantiene otras frutas y verduras con menos FODMAP, como kiwis y calabacines. Se estima que entre un 30-40% de personas tienen dificultades para digerir la fructosa a partir de ciertos límites. Por eso, si se experimentan síntomas y desconocemos su causa, sería interesante comprobar si tenemos esta intolerancia.
  • Los polioles: que se encuentran en algunas frutas y verduras y en edulcorantes artificiales como el sorbitol y manitol, también deben evitarse.
  • La lactosa: el azúcar de la leche es difícil de asimilar cuando hay una deficiencia de la enzima lactasa.
  • Oligosacáridos: compuestos de fructanos (FOS) y galacto-oligosacáridos (GOS), que se hallan en legumbres, lentejas, cebollas, ajos, trigo y centeno.

La dieta original de Monash

Si queremos seguir a pie juntillas las propuestas nutricionales sobre la dieta original FODMAP podemos seguir las pautas de la aplicación (Monash Uni Low FODMAP Diet) creada por el equipo de investigación del Departamento de Gastroenterología de la Universidad de Monash.

Esta aplicación permite verificar los niveles de FODMAP de los alimentos en cualquier lugar y en cualquier momento, algo muy útil cuando vayamos a cocinarlos o a comprarlos.

Debemos observar la cantidad de FODMAP permitidos que incluimos en cada ración de comida y los ingredientes “ocultos” en alimentos procesados, como el xilitol, el zumo de manzana concentrado o la inulina, todos excluidos de la dieta FODMAP.

También se puede consultar su web www.monashfodmap.com con información sobre la enfermedad intestinal. La guía se actualiza anualmente, por lo que toda la información que encontremos estará al día y respaldada por la ciencia.

Menos FODMAP en la dieta

La duración de la dieta baja en FODMAP es de 2 a 6 semanas. Durante este tiempo se restringirán los alimentos mencionados. Luego se irán reintroduciendo, según la pauta que establezca el dietista-nutricionista, el especialista en aparato digestivo o el alergólogo.

Y siempre habrá que seguir teniendo en consideración el origen del problema subyacente para tratarlo. El abordaje integral es la mejor solución. Existen suplementos herbáceos, probióticos y terapias cuerpo-mente que podemos integrar en el tratamiento.

Evalúala en un diario personal

Una buena forma de evaluar la eficacia de la dieta FODMAP es cumplirla íntegramente y apuntar en un diario los cambios que vayamos experimentando. Sobre la respuesta de cada persona puede influir el momento de sensibilidad gastrointestinal por el que atravesamos u otros factores internos –como una posible parasitosis– y externos. Gracias al diario, el médico o el dietista-nutricionista podrán hacer una lectura de nuestra experiencia.

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