Tras una vida dedicado a las adicciones y el trauma, Gabor Maté adquirió fama mundial durante la pandemia gracias al documental The Wisdom of Trauma. Recientemente se ha publicado el libro El mito de la normalidad, coescrito con su hijo Daniel Maté. Nos recibe en su habitación de hotel. A punto de cumplir los ochenta años, parece fatigado por la gira de promoción del libro, pero su amabilidad no flaquea ni un instante.

–Quisiera empezar hablando del documental, ¿cómo has vivido que tenga tanta repercusión? 
–Me siento feliz porque el trauma afecta a la salud física y mental de infinidad de personas y, sin embargo, no hablamos de ello lo suficiente. En la formación médica no hay casi ninguna mención. Por eso me alegra haber formado parte de la película, que aporta una mirada bastante honesta sobre el trauma.

–Antes de pasar al libro, me gustaría comentar tu encuentro con el príncipe Harry, que tuve el placer de ver. ¿De quién fue la idea de tener esta conversación terapéutica?
–Pretendía ser estrictamente una charla sobre salud mental, acerca de su experiencia y curación. Ojalá se hubiera transmitido de forma gratuita para todo el público, sin necesidad de comprar el libro. Harry fue muy humilde y honesto al hablar de forma tan abierta acerca de su propia herida. Viene de una familia muy disfuncional, con muchos traumas, pero se está curando. 

 

–Pasemos a tu libro El mito de la normalidad. El título es muy sugerente, ya que la enfermedad mental es un tabú en nuestra sociedad. ¿Qué piensas sobre la dificultad que tenemos para hablar de eso?
–Mucha gente nos preguntó al Príncipe Harry y a mí cómo eliminar este estigma, el prejuicio contra las enfermedades mentales. Harry dijo que solo tienes que hablar de ello públicamente. Yo hablo en mis libros de mi propio trastorno de déficit de atención, de mi depresión, de mis comportamientos adictivos, porque son normales y humanos. No son fracasos ni errores, sino respuestas a la vida. Y la vida es dura para mucha gente.

Mi mensaje en El mito de la normalidad es que muchas enfermedades mentales o físicas son, en realidad, respuestas normales a circunstancias anormales. No hay nada de qué avergonzarse.

–Mucha gente que padece depresión, por ejemplo, no se atreve a contarlo por miedo a ser considerada menos que los demás.
–La depresión es el resultado de ciertas experiencias. Si en la infancia has sufrido mucho, lo guardas en tu interior. ¿Qué significa etimológicamente «depresión»? Significa empujar algo hacia abajo. Entonces, ¿qué se empuja hacia abajo en la depresión? ¿Por qué la gente ahoga sus emociones? Podemos hablar de ello como una enfermedad, pero también como un proceso que ocurre naturalmente bajo ciertas condiciones.

–Me gustaría conocer el proceso de escribir este libro. ¿Cómo fue la experiencia de que tu hijo te fuese editando y corrigiendo?
–Nunca podría haber escrito este libro sin mi hijo. Yo llevaba diez años trabajando en él. Había recopilado 25.000 artículos y leí cientos de libros, entrevisté a cientos de personas. Necesitaba asegurarme de que el libro no era demasiado pesado o difícil. Tenía tantas cosas que decir… y nadie entiende mi pensamiento mejor que mi hijo. Es un escritor brillante que no tiene miedo de decirme lo que piensa, ¿sabes? A veces fue difícil, porque volvió a su infancia y a cómo le traumatizó la forma en la que yo era. Con todo, fue una relación muy respetuosa.

Ahora mi hijo Daniel y yo estamos escribiendo un nuevo libro que se llamará: Hello Again: A Fresh Start for Parents and their Adult Children. 

–Tu libro me ha hecho pensar en el aumento de suicidios entre los adolescentes. ¿Por qué crees que se ha incrementado tanto?
–El suicidio es un intento desesperado de acabar con el sufrimiento. Por lo tanto, la verdadera pregunta sería: ¿por qué ahora hay más sufrimiento y la gente está tan desesperada y sola? El suicida no solo sufre, sino que se siente solo y cree que no tiene salida. No sé si alguna vez has pensado en suicidarte, pero yo sí. No tenía planes concretos de cómo hacerlo, pero albergaba fantasías.

LECTURA RECOMENDADA

Suicidio: mitos y prejuicios

Los seres humanos necesitan propósitos, conexiones, relaciones, y de eso hay cada vez menos. El ser humano es en esencia colaborativo. Fue así como evolucionamos durante millones de años. Sin embargo, el sentido de comunidad y la familia se está desmoronando. Hay más aislamiento y el COVID lo incrementó. 

–Entonces, ¿considera que la soledad va en aumento en la sociedad moderna?
–Así es, el COVID fue una exacerbación o un agravamiento de un proceso que viene de lejos. El fracaso del enfoque médico occidental es que solo se piensa en términos de procesos biológicos del cerebro. No entienden al ser humano en el contexto de una vida real. 

–Muchos padres con una hija o hijo con pensamientos suicidas, dicen: «Mi hijo no me permite ayudarle no me deja hablar de lo que le sucede». ¿Qué hacer cuando hay este muro?
–La pregunta sería: ¿por qué existe ese muro? ¿Has conocido a algún recién nacido que no sepa pedir ayuda? 

–No… Los niños pequeños lloran cuando necesitan algo. Expresan libremente lo que sienten...
–Eso es, nacemos así. ¿Ha pasado algo, en la relación entre ese niño y su padre, para que eso deje de ser posible? ¿Tal vez el niño no se siente seguro o no confía? ¿O quizás no quiere molestar al padre porque lo ve muy estresado? En este caso, el niño se estaría responsabilizando de los estados emocionales del padre. No es un muro, sino una respuesta natural. Los niños nacen con ciertas necesidades para un desarrollo saludable. Y una es que sus emociones sean comprendidas y permitidas por los adultos.

–¿Y no lo son?
–Muchas veces, los niños reciben el mensaje de que ciertas emociones no están permitidas. Y, entonces, las reprimen. Mis propios hijos no pudieron expresar esas emociones ni con mi mujer ni conmigo porque estábamos demasiado estresados y había demasiada tensión entre nosotros. No tenían seguridad, así que no confiaban. En suma, tenemos que entender ese muro.

–¿Cómo podemos derribarrlo, una vez nos damos cuenta de que está?
–Yo aconsejaría a los padres que escuchen y digan a sus hijos: «Sé que hay razones por las que no quieres hablar conmigo y no te culpo por ello. Es por cosas que hice o que dejé de hacer cuando eras más pequeño. Pero los seres humanos necesitan comunicarse y recibir ayuda. Si no quieres obtenerla de mí, busca a otra persona, pero te apoyaré para que lo hagas». No puedes presionar a tu hijo, pero puedes invitarle. 

–Eso me lleva a la siguiente pregunta. Hay autores que afirman que el apego a las personas y a las cosas es doloroso y destructivo. Pero recuerdo una conversación con Boris Cyrulnik para una entrevista, en la que me dijo que eso no tenía sentido para él, porque el apego es lo que nos hace humanos. ¿Qué piensas sobre esto?
Ambos tienen razón, porque usan la palabra «apego» en sentidos diferentes. Desde un punto de vista psicológico, emocional, relacional, el apego es esencial para la vida humana. Es la búsqueda de cercanía con otra persona con el propósito de ser cuidado o de cuidar del otro. Los mamíferos e incluso los pájaros –no solo los seres humanos–, tienen un fuerte apego, de modo que el pequeño quiere conectar con el padre, y el padre con el pequeño para cuidarlo.

Si el adulto no está unido al bebé y viceversa, no hay vida. Especialmente es así para los seres humanos, porque, al nacer, somos más indefensos y dependientes que cualquier otra criatura. Un caballo, por ejemplo, puede correr desde el primer día de vida. Nosotros no lo logramos hasta el año y medio, así que necesitamos estar apegados. 

–¿Y cuál sería el apego negativo?
–El budismo hace referencia a un deseo malsano hacia cosas externas. Puedo estar apegado a mi trabajo de una manera enfermiza, lo que significa que, si no estoy trabajando, no sé quién soy. O puedo estar apegada a verme bonita, porque así es como llamo la atención. Pero no importa lo guapa que seas. Vas a envejecer y lo perderás. Y si sigues apegada a eso, vas a sufrir. También podemos apegarnos malsanamente a las relaciones, lo cual suele suceder cuando las primeras necesidades de apego no fueron satisfechas. Si eliminamos el apego malsano, podremos apegarnos positivamente a los demás y a la vida.