Cómo recibir a un hijo tras el parto (las decisiones que se deberían tomar durante el embarazo)

Tener un hijo es un acontecimiento crucial en la vida de casi todas las personas. Es difícil imaginar que pueda sucedemos algo más importante. ¿Como prepararse?

recibir a un hijo
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Intuitivamente sabemos que los inicios marcan el transcurso posterior de los acontecimientos. Confiamos en que si algo empieza bien no se va a torcer.

Los arquitectos saben que el éxito de una obra depende de los cimientos y los astrólogos creen que la disposición de los astros en el momento del nacimiento influirá sobre todos los días de esa nueva vida

Es la magia de los inicios, instantes preñados de ilusión en que todo parece posible. El nacimiento abre a las personas y las une en la eterna cadena de la vida.

Por eso es normal que nos preguntemos qué podemos hacer para proporcionar al bebé el mayor bienestar y para que la relación padres-hijo comience con buen pie.

 

9 meses de preparación para recibir al hijo

Recuerdo que cuando  Claudina estaba embarazada, nos estimulaba a pensar en cómo brindar a nuestro hijo la mejor bienvenida.

Durante las primeras semanas fuimos madurando ideas creyendo que aún teníamos mucho tiempo por delante. Pero el mismo día en que por fin empezamos a escribir el niño llamó a la puerta y el parto se adelantó un par de semanas.

Así que la primera idea que teníamoss clara es que nunca se está lo suficientemente preparado. El bebé decide cómo llega y cuándo lo hace.

Tampoco está en manos de los padres decidir su aspecto ni su carácter. Los padres han de estar, sobre todo, abiertos a empaparse de la experiencia que representa el encuentro con su hijo, en lugar de intentar preverlo y controlarlo todo.

La idea es válida también para los próximos años. Los padres sienten que tienen el deber de enseñarle muchas cosas, pero en realidad la paternidad es una relación a dos bandas en la que el niño también tiene bastante que ofrecer.

Si se le preguntara al bebé qué tipo de padres prefiere, si unos maestros o unas personas que le enseñen con el ejemplo, seguramente respondería que los segundos.

En realidad los padres sólo tienen que sacar a la luz lo mejor de sí mismos. El niño aprende desde el primer instante, cuando los padres no están intentando enseñarle nada, al observar los tonos de sus voces, los gestos o las actitudes.

Hacia los tres meses los padres ya pueden ver al niño en la primera ecografía y durante todo el embarazo pueden contemplarlo en su imaginación, e incluso en ecografías tridimensionales y en color que dejarán ver sus facciones, gestos e incluso sus sonrisas.

Incluso se ha desarrollado una técnica, la haptonomía, para favorecer esta comunicación entre los padres y su hijo mediante las caricias, la voz y las visualizaciones.

Pero el momento clave continúa siendo el nacimiento, el traspaso material desde el útero al mundo exterior, donde toma su primera bocanada de aire y se convierte en un ser dependiente pero autónomo.

Es el instante en que los padres sienten realmente que su hijo ha llegado, vuelcan su ternura en él y acariciándose y mirándose a los ojos establecen un vínculo imperecedero.

La mejor bienvenida para el recién nacido

El mejor lugar de llegada para el bebé es su propia casa y mediante un parto natural.

Por fortuna, en los hospitales ya no se separa al recién nacido de los padres en cuanto llega al mundo.

El padre puede asistir al parto y cortar el cordón umbilical, y el bebé es inmediatamente depositado sobre el pecho de su madre.

En estos primeros momentos hay que dejar atrás el bebé imaginario, que se había desarrollado enlamente de los padres, para recibir al real. Puede que no sea tan perfecto como se había fantaseado, o que parezca muy frágil.

Algunas madres empiezan a sentir añoranza del embarazo o se frustran porque no sienten una invasión de amor maternal hacia su bebé.

Este sentimiento se agrava en algunas mujeres debido a cambios fisiológicos tras el esfuerzo del parto y a una inadaptación pasajera a las nuevas circunstancias: se sienten invadidas por una inexplicable melancolía.

Estas reacciones son normales y forman parte de los lógicos procesos de adaptación psíquica y física.

Alegría, placer, responsabilidad, congojas, dolor... Todos los sentimientos se mezclan en distintas proporciones durante el proceso de enamoramiento del bebé.

Sin embargo, la naturaleza lo dispone todo para que el vínculo entre padres e hijo sea fuerte. La hormona oxitocina generada en el parto inunda de sentimientos amorosos.

Después de nacer, el bebé no está inquieto, sino que permanece tranquilo sobre el pecho de la madre y con los ojos abiertos para mirar y ser mirado.

En este primer día y en las semanas siguientes, no hay que desaprovechar las oportunidades de ofrecer al bebé buenas dosis de contacto directo con la piel. Es lo mejor que se puede hacer para que se sienta seguro y querido.

No hay que olvidar que si para la pareja convertirse en padres representa un gran cambio en su vida, para el niño la salida del útero y la entrada en este mundo también lo es.

No hay que tener miedo a prestar demasiada atención al bebé. Hay que reaccionar inmediatamente a sus lloros y prestarle toda la atención posible para conocerle a fondo.

Un recién nacido sólo expresa sus necesidades. Al principio hay que tenerlo en brazos con frecuencia, acariciarlo, cantarle, hablarle y meterlo en la propia cama por la noche.

Poco a poco irá descubriendo los ritmos del nuevo mundo (la alternancia de luz y oscuridad que implican acción y descanso, de alimentación y digestión...) y su propio espacio.

Será necesario establecer esos límites, tanto para prevenir el exceso de dependencia del niño hacia los padres como de éstos hacia su hijo.

Celebrando la llegada del bebé: ¿Visitas sí o no?

Los nacimientos son una de esas raras ocasiones sociales en que amor y bondad se manifiestan sinceramente, pero quizá lo que los padres desean realmente es gozar de la intimidad con su hijo, al menos los primeros días.

En otras culturas, como la tibetana, se deja que los nuevos padres pasen un tiempo apartados con su recién nacido, acostumbrándose a él y celebrando rituales y plegarias.

Los primeros días con el recién nacido pueden tomarse como una luna de miel a tres en la que van creciendo el amor y la ilusión.

Es la mejor manera de que padres y bebés empiecen a conocerse. El bebé no habla, pero sus gestos y su mirada directa, confiada y curiosa no necesitan ser descifrados.

Lo único que precisan los padres es tiempo, tranquilidad y un poco de planificación: hay que pedir días libres en el trabajo, no tener demasiados asuntos domésticos por resolver y contar con una despensa llena. La madre necesita descanso y debe dedicar muchas horas al niño, si es posible en tranquilidad.

Por eso no hay que cohibirse al pedir a las personas allegadas que retrasen unos días o semanas sus visitas (o que éstas sean muy breves y a una hora fijada).

Los padres, en su propia casa, pueden actuar instintiva y espontáneamente y verse a sí mismos en su nuevo papel sin la presencia de nadie que intente desempeñar, con toda la buena voluntad, esa función. Abuelas y abuelos son especialmente "peligrosos" en ese sentido.

Con frecuencia el exceso de consejos que ofrecen las personas allegadas puede aumentar la inseguridad en vez de ayudar.

En el caso de la lactancia, por ejemplo, prácticamente todas las mujeres encuentran la forma de dar el pecho a sus niños y al hacerlo, aunque a veces cueste, la mujer se convence de que su cuerpo funciona bien y de que puede traer la vida y mantenerla.

acuerdos que debes tomar antes de que llegue el bebé

Una vez establecidas las bases de los primeros días, la llegada de un hijo es una gran ocasión para la fiesta. Es fantástico compartir la alegría con la familia y los amigos.

El ritual de recibimiento del bebé reproduce a su manera el portal de Belén: un peregrinaje de visitas, cada una con su regalo y sus mejores deseos.

El niño no llega sólo al nido de una pareja. También entra en una familia y en el grupo de amigos. Los primeros encuentros con el bebé son decisivos para que se establezcan relaciones positivas.

1. CÓMO PRESENTAR AL BEBÉ A LOS NUEVOS HERMANOS

Cuando son pequeños necesitan la atención de una persona cariñosa que pueda centrarse en sus necesidades.

Una buena idea es que la primera vez que vean al hermanito puedan cogerlo en brazos y besarle.

Hacer partícipe al niño de los preparativos para acoger al bebé le ayudará a reaccionar de manera positiva. Puede ayudar, por ejemplo, a elegir la ropita o a decorar la habitación.

Durante los primeros meses, los hermanos pueden sentirse muy celosos. Hay que saber comprenderles y darles muestras de cariño.

La llegada del bebé implica un gran cambio para los hermanos, de quienes los padres exigen una conducta más responsable El más pequeño ahora es otro ser.

Esa pérdida implica también una ganancia cuando logran asumir el papel de hermano mayor.

2. cómo preparar el encuentro de LOS ABUELOS con el  BEBÉ

Si les gustan los niños seguro que estarán deseando participar en la crianza de su nieto.

Esto es positivo, pero también puede ocurrir que los abuelos deseen inconscientemente revivir su experiencia como padres entrando así en el terreno de sus hijos.

Con la llegada de un niño los hijos se convierten en padres y éstos en abuelos, y cada uno debe saber aceptar su función.

Por eso conviene insistir a los abuelos que sus consejos y atenciones son bien recibidos pero que están liberados de responsabilidades.

3. Cómo preparar el encuentro de los AMIGOS DE LOS PADRES CUANDO LLEGA EL BEBÉ

Las amistades de la pareja (en especial los hombres) sienten que el bebé acapara todas las atenciones y que ellos han pasado a un lugar secundario.

Para compensar esa reacción puede realizarse un rito especial de vinculación: consiste en presentarles el niño en los primeros días de vida, haciendo que cada uno de ellos lo coja en brazos unos minutos. Además se les dirá que se espera que también sean amigos del niño.

Preguntas a Laura Gutman

LECTURA RECOMENDADA

"Ayuda, ¡soy madre!"

UNA TRANSFormación personal

Muchos padres sienten el impulso de dar las gracias tras el parto. Esta reacción revela mucho acerca de la naturaleza del regalo recibido. Se dan las gracias porque se siente que se recibe algo "prestado" y que no va a ser totalmente de uno. Comprender desde el primer momento que el hijo no es una posesión puede evitar muchas tensiones en los próximos años.

El nacimiento del bebé es una oportunidad para que los padres nazcan de nuevo, para que descubran aspectos escondidos de sí mismos: los lados tierno, protector, entregado...

Es también una buena ocasión para recordar el bebé que un día fuimos. Se puede preguntar a los padres, ahora abuelos, cómo fueron el parto y los primeros días. Pensar sobre todo ello ayudará a ponerse en la delicada piel del pequeño.

Gracias al bebé, muchos padres aseguran que la vida se experimenta con más intensidad y se aprende a distinguir lo que es importante de lo que no lo es.

Otros afirman que aquellos días fueron más sensibles a los aspectos sutiles o trascendentes de la vida, que de pronto se les mostró llena de sentido.

Así las experiencias íntimas de los primeros días se suman a las del embarazo y provocan inevitablemente una evolución emocional y espiritual positiva.

¿Qué caracteriza el nuevo estado? Pues por ejemplo que uno se vuelve más compasivo ante el sufrimiento y más consciente de las necesidades profundas de los demás.

Recibir un niño no representa sólo una tremenda alegría y el establecimiento de un compromiso amoroso para toda la vida. También significa dar la bienvenida a un nuevo "yo" y a un nuevo "nosotros".

Lecturas para prepararse para la llegada del bebé

  • Sheila Kitzinger: Nacer en casa. Ed. RBA-lntegral
  • T Verny y J. Kelly: La vida secreta del niño antes de nacer. Ed. Urano
  • O. Linderman y A. Ortenberg: Mi bebé y yo. Ed. Océano-Ámbar

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