Reconciliarse con la estación fría

Cómo aprovechar el tiempo en casa en invierno para ganar salud

El invierno puede asociarse con frío, escasez de luz, tristeza y decaimiento, pero también con abrigo, cariño, serenidad y una oportunidad para regenerarse.

Mercedes de la Rosa

Profesora de Yoga

A menudo se vive el invierno esperando a que vuelva el buen tiempo. Sin embargo, la estación fría ofrece la maravillosa oportunidad de potenciar la vida interior, desarrollar la creatividad y recargarse de energía.

Disfrutar de un invierno saludable con alegría es posible. Únicamente hay que escucharse y apreciar los elementos únicos que la naturaleza brinda a lo largo de toda la estación.

Invierno viene del latín hibernum. Se trata de un periodo de latencia y regeneración, en el que tanto la naturaleza como los seres vivos se interiorizan.

Disminuye la actividad vital; muchos animales hibernan y las plantas concentran la energía en sus raíces. Es época para el descanso y la reflexión, para que la naturaleza se desprenda de lo accesorio. Un tiempo de reestructuración interior, previo al resurgir de la primavera.

En estos meses de días cortos, noches largas y temperaturas bajas, impera la energía yin, que se asocia con el frío, la quietud, lo femenino y el agua. Los días son más oscuros y se acentúan las sensaciones de vacío y profundidad. Ante este panorama, conviene reforzarse tanto física como interiormente.

Al igual que ocurre en el mundo animal, de manera natural el invierno invita a los seres humanos a recogerse y a pasar más tiempo en casa. ¿Cómo aprovechar estos instantes a nuestro favor? Las sencillas propuestas que se explican a continuación pueden ayudar en ese camino.

1. Aprovechar para prestar atención al núcleo familiar

Ofrece momentos excelentes para relacionarse con las personas queridas, para dedicarles tiempo y afecto. Cultivar las relaciones humanas enriquece y aumenta nuestra energía.

En las culturas agrarias ancestrales, el invierno era una época para reunirse con la familia, junto al fuego, para degustar platos nutritivos con la comida atesorada en los meses precedentes.

Si se derrocha energía durante la estación y se va en contra del ciclo que la naturaleza pauta, es posible que se sientan descompensaciones y desórdenes físicos o emocionales, como tristeza y decaimiento. Sin embargo, si se es capaz de vislumbrar las oportunidades que brinda el invierno, pueden vivirse meses de plenitud y alegría.

Las sencillas propuestas que se explican a continuación pueden ayudar en ese camino.

2. Invertir tiempo en la preparación de platos saludables

Frente al frío invernal, el cuerpo humano precisa de una mayor reserva de energía.

Esto no quiere decir que se deba ingerir más cantidad de alimentos y desequilibrar la dieta, pero sí puede ser útil modificar la naturaleza de los alimentos por los que se opta.

En invierno, el organismo precisa más de alimentos yang, que son los que permiten almacenar la energía que el cuerpo necesita. Los cereales integrales como la avena y el arroz, o las legumbres, aportan hidratos de carbono complejos que aumentan este tipo de energía.

También es importante recordar que los alimentos de temporada y producción local ofrecen muchas ventajas. Al haber sufrido menos manipulaciones y llegar frescos al mercado, conservan mejor sus vitaminas y minerales. Estos nutrientes siempre son necesarios, pero a veces pueden escasear en la dieta de invierno porque se tiende a consumir menos verduras y frutas crudas.

Verduras como la acelga, las espinacas, la cebolla, la achicoria, los puerros, la alcachofa, la borraja, las coles y las calabazas abundan en esta época junto a frutas como la naranja o el kiwi, y tanto las unas como las otras aportan nutrientes y sustancias antioxidantes que contribuyen a mantener a tono el sistema inmunitario.

Otros alimentos nutritivos muy adecuados para esta época del año son las semillas oleaginosas: sésamo, nueces, avellanas y almendras; también las castañas, que proporcionan al organismo abundante energía.

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El miso –un derivado de la fermentación de la soja–, porque resulta remineralizante, contribuye a alcalinizar la sangre y tonifica el riñón, que es, junto con la vejiga, uno de los órganos a los que se debe prestar más atención en esta época según la medicina tradicional china.

En los riñones, encargados de procesar y filtrar el agua del organismo, se concentra la fuerza vital. Filtran la sangre, la mantienen limpia y equilibran el agua y el pH corporal. En invierno deben protegerse del frío y la humedad. Su buen funcionamiento se refleja en la salud del oído y el cabello.

Para la medicina china, los órganos más directamente asociados con el invierno son la vejiga y los riñones, que podemos cuidar con alimentación y ejercicios acordes a la época más fría.

A fin de mantener en buena forma el estado de ánimo es aconsejable, asimismo, moderar el azúcar blanco y los alimentos refinados, e incluir en los platos diferentes vegetales de raíz, como la zanahoria, el nabo, el hinojo y la remolacha.

El sabor salado es, también según la medicina tradicional china, el que se asocia al invierno, y es preferible tomarlo en los alimentos que lo contienen de forma natural como las algas. Al igual que las legumbres y verduras de raíz, la sal en dosis moderadas es beneficiosa para los riñones y tonifica el ánimo pero, en exceso, puede producir agresividad, retención de líquidos y enlentecer el metabolismo.

Cuando hace frío es preferible tratar los alimentos con cocciones lentas, largas y acuosas, en forma de sopas, guisos u horneados, puesto que aportan calor al organismo y desnaturalizan poco los alimentos. Añadiendo condimentos o plantas aromáticas como ajo, jengibre, pimienta negra o clavo, se aumenta la sensación de calor en el cuerpo.

Finalmente, no hay que olvidar que el frío provoca que la sangre fluya más lentamente por venas y arterias, por lo que es aconsejable consumir bebidas calientes a lo largo del día –infusiones o caldos– para estimular la circulación.

3. Descansar bien y ajustar los horarios a la luz solar

De acuerdo con la medicina tradicional china, el principio más importante para mantenerse sano en invierno es el cang o "almacenamiento". La energía yang, que mantiene el cuerpo caliente y activo, se consume cuando se está despierto, en movimiento o realizando cualquier tipo de esfuerzo, y se conserva mientras se duerme.

La luz del sol constituye la mayor fuente de energía yang del universo. Los antiguos principios chinos llaman a planificar los horarios de acuerdo con ella, guiándose por el momento en que el sol sale y se pone.

La falta de luz solar es, muy frecuentemente, causa de desánimo, apatía, cansancio e incluso depresión. La ciencia ha demostrado que la luz natural afecta a múltiples procesos biológicos humanos, sobre todo al sistema endocrino –responsable de la producción y regeneración hormonal–, e influye directamente en el estado físico y anímico.

La luz también tiene un gran impacto en los neurotransmisores cerebrales y en los sistemas nervioso e inmunitario. Llega incluso a modificar la atención, el humor, el comportamiento y el rendimiento laboral. El doctor Norman E. Rosenthal definió, en 1984, los cuadros de apatía, falta de energía, exceso de apetito y estados depresivos típicos del invierno, como un trastorno afectivo estacional (TAE).

Durante el invierno es necesario, pues, estar expuesto a una luz adecuada para fortalecer el sistema inmunitario, aumentar la resistencia física así como la tolerancia al estrés, estimular la capacidad de atención y aprendizaje, reducir el apetito compulsivo, regular los ciclos de sueño y producir vitamina D.

No es casual que Finlandia y Noruega, países con prolongados inviernos sin luz, tengan algunas de las tasas más altas de depresión y suicidios del mundo: la luz proporciona una mejor calidad de vida y ayuda a elevar el ánimo.

Puesto que en invierno amanece más tarde, para almacenar energía es preciso levantarse más tarde de lo habitual y, por el contrario, irse a dormir temprano, tradicionalmente con la puesta de sol. Esta sana costumbre se respetaba en la antigüedad cuando el ser humano vivía en un entorno predominantemente agrario, más en contacto con la naturaleza y sin energía eléctrica. En aquel entonces era el sol el que imponía los horarios de trabajo, algo que hoy es prácticamente inviable.

En cualquier caso, es importante tratar de dormir el máximo de horas posible durante la estación invernal. Durante el descanso nocturno el organismo segrega melatonina, la hormona producida por la glándula pineal del cerebro que regula los ciclos del sueño.

Además, mientras se duerme las células del organismo se regeneran y nuestro sistema se recupera de la actividad diaria para poder afrontar con energía y buen ánimo el reto de disfrutar al día siguiente.

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4. Recuperar aficiones en las que se trabaje con las manos

A diferencia de épocas pasadas, en las que las manos eran prácticamente las únicas herramientas de trabajo, hoy son pocas las tareas del día a día para las que se requiere utilizarlas; la cabeza y las máquinas priman.

Nuestro día a día nos incita a vivir desde la cabeza: los trabajos cada vez más mentales, el contacto con el mundo exterior a través de la tecnología, el bombardeo diario de información desde los medios de comunicación, las preocupaciones… Todo converge en un mismo punto: la mente, y trae consigo ansiedad, preocupación y estrés.

Contrarrestar este tipo de actividades y romper el círculo de pensamientos es factible si se activan otros mecanismos y puentes de contacto con el entorno. Recuperar el trabajo manual es una buena forma de conseguirlo, puesto que puede tener algo de meditativo y permite bajar el ritmo, calmar el pensamiento y disfrutar.

Además las manos ofrecen maneras sencillas y distraídas de desarrollar la creatividad, a la que muchas veces se renuncia por la falta de tiempo. Restaurar, hacer punto, pintar, crear un objeto de barro o cocinar son actividades creativas y meditativas a la vez, que llenan de energía y ayudan a mantenerse positivo.

¿Por qué no tejer una bufanda y regalársela a un ser querido? ¿O restaurar una silla que se rompió hace meses? ¿Por qué no elaborar el pan en casa o preparar mermelada con las frutas de la temporada?

Cuando alguien se sumerge en una actividad manual su mente suele dedicarse únicamente a ella. No hay apenas lugar para pensamientos, angustias o preocupaciones. Durante un rato se disfruta plenamente de lo que se está viviendo y, si algún pensamiento se cruza en el camino, desaparece enseguida cuando la misma actividad que se está realizando reclama su cuota de atención.

Por otro lado, las manualidades permiten muchas veces redescubrir el valor y el tacto de materiales que nos acercan a la tierra. También invitan a reciclar objetos que de otra forma acabarían en la basura. De este modo ayudan a ahorrar y a ampliar nuestra conciencia ecológica, pues hacen evidente que consumimos más de lo que precisamos.

Y no solo por esa posibilidad de reciclar materiales sino porque se descubre que muchas de las cosas por las que se suele pagar pueden crearse con las propias manos. Huelga decir que la satisfacción que da acabar algo hecho por uno mismo a lo que se ha dedicado tiempo y esfuerzo personal, supera con creces a la de obtener algo parecido en una tienda a cambio únicamente de dinero.

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