Tratamiento completo

Medicinas suaves y naturales para cuidar tu hígado

Claudina Navarro y Manuel Núñez

Los problemas hepáticos resultan cada vez más frecuentes debido al consumo excesivo de grasas poco sanas y también al estrés. Por suerte, los tratamientos naturales pueden ayudar mucho, sobre todo en fases iniciales.

En el conjunto del organismo, el hígado desempeña un papel esencial porque lo protege de todo tipo de intoxicaciones causadas por sustancias que penetran en el cuerpo con los alimentos, los medicamentos o el aire que respiramos.

Para ello, por ejemplo, produce bilis, una sustancia que se acumula en la vesícula y que es capaz de matar microbios y desactivar agentes tóxicos, pero que sobre todo permite la asimilación de las grasas, descomponiéndolas en pequeñas gotas sobre las que pueden actuar las enzimas digestivas. Además, el hígado es un almacén de hierro, de vitaminas y de energía en forma de glucógeno.

Hay recursos naturales para cuidar el hígado

La mayoría de personas está expuesta a una sobrecarga de tóxicos ambientales, como metales pesados y compuestos artificiales, que puede comprometer el funcionamiento del sistema formado por el hígado y la vesícula.

Normalmente esto sucede durante un largo periodo de tiempo de manera silenciosa. Los síntomas que pueden indicar una alteración del hígado son cansancio, malestar difuso, falta de apetito o picores. A menudo no van acompañados de valores analíticos anormales en la sangre, pero son suficientes para decidirse a tomar medidas que fortalezcan el hígado.

En el ámbito de la medicina natural, existe un buen número de opciones que pueden evitar el desarrollo de enfermedades crónicas o graves o pueden formar parte de un tratamiento adecuado si ya se han manifestado.

Elige una dieta baja en grasas saturadas

Como la debilidad del hígado suele ir acompañada de una alteración de la flora bacteriana y de estreñimiento crónico, problemas que provocan la liberación de subproductos tóxicos de la digestión, la primera y más importante medida implica reducir la ingesta de grasas saturadas (alimentos de origen animal y aceites de palma y coco) o parcialmente hidrogenadas (margarinas, bollería y platos preparados), así como dulces y productos elaborados con harinas refinadas.

En cambio, conviene aumentar el consumo de vegetales frescos que aportan alimento a las bacterias digestivas. También es importante incrementar el consumo de grasas insaturadas (aceites de oliva, lino, nuez, calabaza...).

La dieta mediterránea, con gran consumo de hortalizas, frutas, aceite de oliva, así como la dieta vegetariana equilibrada con semillas y frutos secos son óptimas. Gracias a los cambios en la dieta en esta dirección se suelen conseguir grandes mejoras.

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Elimina el alcohol

Uno de cada tres enfermos hepáticos puede echarle la culpa directa de sus males. Aunque la tolerancia alcohólica del hígado depende de cada individuo y de enfermedades preexistentes, la dosis máxima diaria que no se asocia a un riesgo para hombres es de 750 ml de cerveza o 375 ml de vino.

En el caso de las mujeres, esa cifra se reduce a la mitad porque su estómago segrega menos ciclooxigenasa, una enzima que descompone el alcohol antes de que llegue al intestino y, por tanto, a la sangre y al hígado. Sin embargo, estas dosis pueden superarse con facilidad en el día a día.

Cuidado con los medicamentos

También hay que evitar, siempre que sea posible, los medicamentos hepatotóxicos como el paracetamol. Es sorprendente que un medicamento de venta libre sin receta sea la principal causa de fallo hepático fulminante. En teoría, si no se sobrepasan las dosis recomendadas en el prospecto no se debieran presentar efectos secundarios, pero no todas las personas conocen el estado de su hígado.

Por ejemplo, el hígado graso es una alteración frecuente, sobre todo en personas obesas, que multiplica la vulnerabilidad del órgano al paracetamol. Otros medicamentos que sobrecargan el hígado son los esteroides, las píldoras anticonceptivas, las estatinas contra el colesterol o los antibióticos como la eritromicina. Si se toma alguno de estos medicamentos conviene hacer un seguimiento del estado del hígado.

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Recurre a las plantas amigas

En todas las alteraciones hepáticas se puede hacer una cura con extracto de cardo mariano (Silybum marianum). Posee un componente activo denominado silimarina con propiedades desengrasantes que incluso favorece la creación de nuevas células hepáticas. Se ha demostrado que puede ser útil para combatir la hepatitis C, sobre todo en casos crónicos.

El tratamiento convencional de la hepatitis es agresivo y el cardo mariano puede aumentar su eficacia a la vez que protege el órgano. Otras indicaciones del cardo mariano son el hígado graso, la cirrosis y las piedras en la vesícula y en los riñones. La dosis recomendada se sitúa entre los 280 y los 600 mg de extracto diarios durante 6-8 semanas o más.

Otras plantas medicinales, generalmente de sabor amargo, ayudan a desinflamar el hígado, como el diente de león,las hojas de alcachofa y la cola de caballo. En los herbolarios suelen vender mezclas de estas plantas que se pueden preparar en infusión y consumir a razón de dos tazas diarias.

Remedios específicos son el zumo de diente de león (una cucharada diaria) y el extracto de alcachofa, que estimula el flujo de bilis, mejora la digestión de las grasas y reduce los niveles de colesterol y de triglicéridos en sangre hasta un 15%. El diente de león puede ser recogido en primavera en el campo, en lugares no contaminados, para ser añadido a las ensaladas.

Cuidados homeopáticos

La elección de un remedio homeopático se basa en las características del paciente. Es decir, dos personas con hepatitis no reciben el mismo medicamento sino aquel que se corresponde mejor con su temperamento.

Sin embargo, a menudo los homeópatas utilizan ciertos preparados de manera complementaria por su indicación en trastornos hepáticos. Es el caso de remedios como Chelidonium, Podophyllum, Berberis e Hydrastis, Carduus Marianus, Hepatine (en caso de hepatitis) y Digitalis.

Envolturas y medicina china

El órgano depurador también se puede tratar desde fuera, aplicando envolturas húmedas y calientes. Las envolturas se dejan 20 minutos sobre la región hepática y se repiten entre 2 y 3 veces por semana.

Son adecuadas para trastornos leves y se deben evitar en las fases agudas o avanzadas, o si existe la posibilidad de estar sufriendo una infección.

También es de gran ayuda la medicina tradicional china.A fin de que el tratamiento sea eficaz, es importante que realice el diagnóstico un especialista con formación suficiente.

En general, la medicina china describe alteraciones del yang ascendente de hígado y vesícula. Está asociado a síntomas de calor, de ahí que recomiende evitar especias como el chile o la pimienta, las comidas muy calientes o muy cocinadas y el café, que favorecen el yang.

El acupuntor diagnostica la situación. Si es preciso, tonifica el yin o el yang de hígado, o bien elimina sus posibles excesos. Para ello aplica agujas en ciertos puntos del meridiano del hígado.

Cuando el hígado está alterado puede costar dirigir el comportamiento y el pensamiento en la dirección satisfactoria. A menudo la persona puede sentirse embargada por la ira, la emoción que la medicina china relaciona con el hígado, y que se expresa en irritabilidad y frustración.

Cómo tratar la hepatitis

Una enfermedad hepática frecuente es la hepatitis. Están muy extendidas las víricas B y C, pero la habitual es la A, que cursa generalmente sin dejar secuelas.

​Se deben evitar los tóxicos hepáticos, incluidos los medicamentos innecesarios. Algunos remedios homeopáticos pueden ayudar pero es preciso acudir a un buen médico.

La osteopatía también puede ayudar en hepatitis crónicas ya que influye positivamente sobre el tejido circundante y el tracto digestivo, que también sufre.

​¿Qué es el síndrome de hígado graso?

El hígado graso es una alteración frecuente, sobre todo en personas obesas. Conviene prevenirlo y tratarlo. Se estima que hasta el 24% de la población adulta europea puede estar afectada de hígado graso, alteración también conocida como esteatosis hepática.

La causa del 90% de ellas es el denominado síndrome metabólico, una combinación de sobrepeso, tensión arterial alta y concentraciones elevadas de grasa y azúcar en la sangre.

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Al principio los síntomas son inespecíficos. Se suele hablar de una presión en la parte superior derecha del abdomen o de molestias digestivas como gases, diarreas o sensación de plenitud. En este estadio suele pasar desapercibida, pero se puede descubrir a través de análisis de sangre y ecografías.

El tratamiento del hígado graso consiste fundamentalmente en bajar de peso y aumentar la actividad física, además de modificar la alimentación y evitar el consumo de alcohol y de medicamentos innecesarios.

En aquellas personas que están en etapas más avanzadas de la enfermedad (inflamación o fibrosis hepática) pueden emplearse algunos nutrientes, como la vitamina E por sus propiedades antioxidantes, y medicamentos sensibilizadores de la insulina.

Asimismo, se recomiendan los suplementos de L-carnitina y de S-adenosilmetionina. La indicación de estos suplementos y sus dosis deben ser supervisadas por un médico con formación en terapia ortomolecular.

En el peor de los casos, sobre todo si no se abandona el consumo de alcohol, el hígado graso puede desembocar en una cirrosis hepática, que implica un deterioro general del órgano y puede hacer necesario un trasplante.

Tratamiento natural de las piedras en la vesícula

Una alteración muy común es la formación de piedras en la vesícula. Sus causas son múltiples, pero una alimentación pobre en fibra y rica en grasas saturadas y colesterol las favorecen.

Algunos estudios indican que los ayunos mal llevados, las píldoras anticonceptivas y ciertos medicamentos para bajar el colesterol también las promueven.

Las piedras de vesícula suelen ser asintomáticas. El 25% de los afectados tiene molestias cuando una piedra queda atrapada o se mueve a lo largo de los canales vesiculares.

Entonces pueden aparecer los cólicos, con fuertes dolores en la parte superior derecha del abdomen que pueden irradiar hasta la espalda o el hombro, a veces acompañados de náuseas, vómitos e ictericia, y en ocasiones de intolerancia a las grasas, al café y a las bebidas frías.

En caso de cólicos muy fuertes y dolorosos suele ser necesario extirpar la vesícula. Si se tienen piedras pero no causan molestias se pueden conseguir grandes beneficios con las terapias naturales.

Es recomendable la infusión de media cucharadita de cúrcuma en agua hirviendo. Se deja reposar cinco minutos, se cuela y se toma caliente a sorbitos. De 2 a 3 tazas diarias, varias semanas.

En los cólicos agudos se puede recurrir a los medicamentos homeopáticos Colocynthis y Magnesium phosphoricum acidum. La sal de Schüssler Nº 7 (Magnesium phosphoricum) es recomendable como calmante (se disuelven 10 pastillas en agua caliente y se toma a sorbitos).

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