Las cosas claras

Sexo sin amor, "dubidubidá"

En relaciones no exclusivas, lo ideal, creo yo, es tener claro qué estás haciendo cuando tienes sexo con alguien. Para que todo el mundo tenga la información y las cosas estén claras.

Mentes insanas

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Brigitte Vasallo

Queridas Mentes Insanas:

He estado leyendo un ensayo gráfico, un cómic hablando a lo bruto, ma-ra-vi-llo-so de una tal Liv Strömquist titulado Los sentimientos del Príncipe Carlos. Yo, como soy una radical que no veas, lo hubiese titulado Los sentimientos de Lady Di, pero eso ya son cosas mías.

Total, que el libro va de amores. Y empieza con aquel momento de la petición de mano de Lady Di cuando le preguntan a su novio si está enamorado y él dice: “Sí… (pausa dramática)… sea lo que sea que eso significa”.

¡Tachaaaan!

Bueno, pues yo os venía a contar la cosa del sexo. Que dice la Strömquist (así, con una ironía muy guapa) que igual molaría no darle tanto peso al hecho de rozar tus genitales con los genitales de otra persona. Y añade: “sobre todo si estás planeando pasar 62 años con tu pareja”.

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Me gusta la idea, pero ahí vamos un poquito más allá. Estoy totalmente de acuerdo con que el sexo, madremía, tiene un peso que no veas. Tiene tanto peso que, ya lo he escrito alguna vez, no sé ni cómo logramos corrernos con tantas cosas que hacemos mientras follamos.

Cosas del tipo gustar a la otra persona, estar sexys o ponernos como se ponen las actrices en el porno, que es el único sitio donde hemos visto a otra gente follar –a excepción de lo que vemos cuando follamos–, que no sé vosotras pero yo veo poco porque estoy en una nube que no sé muy bien nada.

Eso e idealizar a la otra persona o idealizar el sexo que estamos teniendo (que aunque esté saliendo medio mediocre hacemos como que no). Eso y fingir orgasmos, y sonreír y yo que sé cuantas cosas que no tienen nada que ver con el sexo.

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En relaciones no exclusivas, lo ideal –creo yo–, es tener claro qué estás haciendo cuando tienes sexo con alguien, para que todo el mundo tenga la información y las cosas estén claras.

Pero como no hemos aprendido a tener sexo sin más jaleo, (al menos las mujeres, porque de los muchachos yo ni me ocupo ni me dedico a pensarlos que bastante tengo con lo mío y, total, ni me acuesto con ellos), pues como no hemos aprendido eso, cuando alguien se acuesta con otra persona la cosa se complica que no veas.

Porque necesitamos ponernos todas, o al menos, algunas, en línea, para que el pacto de acostarnos con otras personas sea un pacto de acostarnos con otras personas. Que si el pacto es otro, todo bien. De lo que estoy hablando es de claridad. Porque tú lo puedes tener claro y la otra persona también, pero la tercera igual no.

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Y como nos gusta gustar –y, a veces, aclarar las cosas rompe la burbuja esa del sexo y no se qué cuentos–, pues rozar los genitales (una expresión bastante heterocentrada, la verdad), o meter puños en los genitales de la otra persona, o que te pasen lenguas por los labios de todo tipo, o que te pongan yogur y juguetitos en el ano, o todas esas cosas tan bonitas que son tener y hacer sexo con otra u otras personas, pues todas esas cosas se convierten en enamorarse.

¡Chas!

Todo eso se convierte en empezar a proyectar no se qué tipo de historia, empezarte a sentir amenazada por las demás personas involucradas por si te van a “robar” a tu amorcito, que no es tal amorcito aún, sino que es un polvazo (cosa que no es poco pero tampoco es nosequé). Y ya la tenemos liada. El festival de la confrontación.

No sé si me estoy explicando, que yo cuando hablo de puños y yogures me pierdo, la verdad.

Lo que vengo a decir es que tenemos que aclarar el tema del sexo para poder tener sexo. Que el sexo no necesita del amor: necesita de los cuidados como lo necesita todo en la vida. Como lo necesita hacer cola en el supermercado, prepararte la comida o subir al autobús.

Pero que para poder tener sexo sin amor y que sea bonito y nadie acabe con un patatús, tenemos que estar todas las involucradas de acuerdo en lo que hay y lo que no hay. Y ser responsables en ello. Creo vamos. Que igual no. Pero igual sí.

¡Feliz semana, Mentes!

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