Autoestima y expectativas

El efecto Pigmalión: en qué consiste y cómo te afecta

Llorenç Guilera. Profesor de Psicología básica, evolutiva y de la educación en la UAB.

La confianza que los demás tienen en nuestras posibilidades tiene una enorme influencia en el éxito que finalmente tenemos. ¿Sabes cómo funciona este fenómeno?

En 1966, Robert Rosenthal y Lenore Jacobson, dos investigadores de la Universidad de California (EE. UU.), llevaron a cabo un experimento en dieciocho aulas de primaria.

Tras practicar un test a los alumnos, indicaron a cada profesor que un 20% de los miembros de su clase mostraba un “inusual” potencial de mejora de su capacidad intelectual. Era de esperar que ellos fueran los que mejor rendimiento tuvieran a final del curso. Y así fue. Ocho meses después se confirmó que el rendimiento de este grupo había sido mayor que el del resto.

Hasta aquí, nada que nos sorprenda. Lo interesante es que, en realidad, los supuestos alumnos brillantes habían sido elegidos completamente al azar, con independencia de sus test de inteligencia. ¿Qué había ocurrido?

Se demostró que el rendimiento de un estudiante a final de curso viene enormemente condicionado por la imagen preconcebida que de él se han formado sus maestros a principios de curso.

Experimentos con formato muy similar se han repetido un gran número de veces y se ha podido comprobar que, por una parte, los profesores dedican más atención y ofrecen mayor soporte a los alumnos que prejuzgan como “mejores” y, por otra, que los escolares se aplican de forma muy distinta según la manera en que se sienten valorados por los educadores.

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Los maestros tienden a ofrecer a aquellos alumnos que prejuzgan como más capaces un mayor soporte emocional, una retroalimentación más clara de sus progresos, mejores oportunidades para desarrollarse, y se esfuerzan más en motivarlos.

Las expectativas del docente constituyen, pues, uno de los factores más influyentes en el rendimiento escolar de sus estudiantes. Esta relación psicológica recibe el nombre de efecto Pigmalión.

Las dos caras del efecto Pigmalión

Este nombre viene de la obra teatral Pigmalión, de Bernard Shaw, sobre la transformación de una ruda florista en una dama de la alta sociedad londinense gracias al entrenamiento del profesor Higgings, personajes que George Cukor inmortalizó en la película My Fair Lady. Bernard Shaw tituló su obra en memoria del monarca de la mitología griega que esculpió una estatua de mujer ideal y convenció a los dioses para que la convirtieran en su esposa de carne y hueso.

  • El efecto Pigmalión tiene signo positivo cuando la imagen de nosotros que recibimos del entorno es superior a la propia y nos sirve de estímulo para mejorar.

Tal como ya nos anunció Blaise Pascal en el siglo XVII: “Trata a un ser humano como es, y seguirá siendo como es. Trátalo como puede llegar a ser, y se convertirá en lo que puede llegar a ser”.

  • Sin embargo, el efecto Pigmalión es negativo cuando la imagen que nos atribuyen es descorazonadora y nos empuja a no confiar en nuestras cualidades potenciales.

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Una influencia más allá de la niñez o la escuela

El efecto Pigmalión no se circunscribe únicamente a la relación entre maestros y sus alumnos. Puede aparecer en cualquier relación en la que una de las partes se considere más preparada que la otra.

En la familia, en el ambiente laboral, en el deporte, en la atención sanitaria, en las relaciones conyugales... Se ha empleado con éxito en el mundo empresarial, en los deportes y también en los ambientes hospitalarios.

La visión que tiene un directivo de las personas a su cargo genera un impacto trascendental en ellas, ya que los empleados tienden a responder según las expectativas que reciben de sus superiores. Las imágenes negativas que proyectan los directivos dificultan la autoconfianza y son la causa de que a sus subordinados les sea más difícil desplegar su talento porque caen presos de inseguridades y temores.

En deporte hallamos actualmente una gran profusión de entrenadores que ponen en práctica el Pigmalión “positivo”. Es conocido el caso del entrenador Pep Guardiola, que, reiterando al joven Leo Messi que tenía habilidades para ser el mejor futbolista del mundo, vio la profecía autocumplida.

En la atención sanitaria, las expectativas del médico crean un efecto Pigmalión en la recuperación del paciente. También se ha comprobado que el efecto placebo es más fuerte cuando la creencia en la efectividad del tratamiento es compartida por todos los componentes de un grupo.

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¿Quiere tu pareja convertirte en algo que no eres?

Sin embargo, hay un ámbito donde el efecto Pigmalión puede tener consecuencias desastrosas: en la relación de pareja.

Con demasiada frecuencia alguien asume la unión con una persona que considera imperfecta con la esperanza de llevarla a una pretendida perfección mediante la convivencia.

Muchas personas se sienten (con razón) sometidas a un examen permanente por parte de su pareja, lo que les impide actuar con naturalidad.

Esta inquisición sin tregua puede deberse a dos causas distintas que vale la pena diferenciar:

  • Que la pareja sea una persona narcisista y manipuladora, en cuyo caso se impone recomendar una disolución urgente de la pareja por sanidad mental.
  • Que se esté comportando bajo el síndrome de Pigmalión. En este caso, hay que recordar a ambos protagonistas que el verdadero amor empieza por la aceptación mutua de las respectivas personalidades. Se trata de ayudar a crecer, de potenciar las cualidades de la persona con la que se convive, no de querer cambiar comportamientos que se prejuzgan defectuosos y no deseados.

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