Los 4 hábitos que puedes cultivar para vivir con espíritu de fiesta tu día a día y celebrar cada momento

Las fiestas y celebraciones tienen un sentido profundo: agradecer la existencia, conectar con la parte bella de la vida y compartir experiencias. ¡No te limites a hacerlo solo en fechas señaladas!

celebrar cada momento
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Cuando pensamos en celebrar, tendemos a pensar en cosas extraordinarias: el nacimiento de un bebé, nuestro día de cumpleaños, un logro que marcará un antes y un después... En 1980, Kool and the Gang invitaban en su famosa canción Celebration a que nos juntemos para festejar los buenos tiempos. ¿Y qué entendemos por buenos tiempos? Básicamente, los que nos procuran el privilegio de vivir.

EL celebrar el valor de la vida

El hecho de estar presentes en este mundo ya es motivo suficiente para festejarlo. Charles Darwin aseguraba que «el hombre que se atreva a desperdiciar una hora de su tiempo no ha descubierto el valor de la vida». ¿A qué clase de vida se refería? Las fiestas de aniversario son un ejercicio de gratitud hacia los seres queridos: el nacimiento, la primera cita amorosa, el matrimonio...

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Solemos celebrar mucho los inicios, y muy poco los finales. No obstante, cuando nos reunimos para despedir a un amigo o familiar, estamos honrando su vida.

Muchas celebraciones son rituales de temporalidad, que se enfocan en celebrar hitos numéricos, como explica el sociólogo Hizky Shoham: «Este sistema ritual mantiene una cosmología y una mitología, según la cual todo forma parte de la historia».

Al celebrar la propia historia, expresamos nuestro cariño hacia personas y acontecimientos, a la vez que damos valor a la existencia. No se trata solo de divertirnos, sino de agradecer activamente las experiencias vividas y las que nos quedan por vivir.

Beneficios de celebrar para la salud física y mental

Los niños que han sido «celebrados» por sus padres tienen una mayor autoestima que los que han crecido en un entorno de apatía. De adultos, sin embargo, siempre tenemos la oportunidad de abrir puertas a la alegría con rituales y encuentros nutritivos.

Festejar eleva los niveles de las hormonas del bienestar en el cerebro: la oxitocina y las endorfinas que regulan el sistema nervioso, explica la escritora y antropóloga Judit E. Glaser en el libro Conversational Intelligence (editorial Routledge). 

Los encuentros y conversaciones que nos cargan las baterías del alma activan la serotonina, que eleva la motivación y nos ayuda a enfocarnos mejor. Asimismo, las emociones positivas que se comparten en una celebración desatan la producción de la dopamina, la hormona del amor y de la felicidad.

Dar cabida a rituales para celebrar tanto los logros personales como los profesionales, a través del reconocimiento y de la alegría, es profundamente sanador.

Celebrar las fiestas (y los logros) sin miedo

Aparte de las fiestas ligadas a la temporalidad, que incluyen los ritos de paso, como la entrada en la edad adulta, existen muchos otros motivos que merecen una celebración de forma consciente, como, por ejemplo, haber alcanzado una meta especial, empezar un nuevo ciclo o simplemente reencontrarse con viejos amigos.

  • Con tus compañeros de trabajo, resulta muy alentador promover encuentros festivos al completar las tareas o cerrar un determinado ciclo de trabajo. De este modo, se dignifica la actividad compartida y se estrechan vínculos.
  • Para celebrar con amigos, crea un argumento o un tema que estará presente en el encuentro. Conozco a alguien que, en sus cumpleaños, pide a los invitados que le traigan una cita de un libro alrededor de un tema especial.
  • Si te apetece reconocerte algún hito personal, regálate algo que te aporte felicidad, prémiate con aquello que te gusta hacer. Esto te animará y motivará de cara a futuros logros. Puedes celebrar, incluso, haber cumplido con algo que hasta ahora procrastinabas. Haberlo materializado, en lugar de aplazarlo una vez más, merece una buena fiesta.

 

4  hábitos para vivir con espíritu de fiesta

  1. Alégrate de tu día, cada noche: antes de acostarte, regálate un momento de pausa y repasa mentalmente lo bueno que te ha ocurrido desde este momento hasta cuando despertaste. 
  2. Lleva la cuenta en tu cuaderno: ¿Qué cosas, por pequeñas que sean, estás contento de haber realizado o te hacen sentir agradecido? ¿Cuál era la prioridad hoy? Por ejemplo, si tu meta era no hacer nada y descansar, ¿lo lograste?
  3. Celebra las pequeñas cosas: ¿Has visto a un amigo o amiga especial? ¿Has terminado un proyecto a tiempo? ¿Has sido capaz de decir no y elegirte a ti misma? ¡Todo merece ser celebrado!
  4. Crea tu propio ritual para cada logro: Puede ser un baile festivo, un abrazo a ti misma, un plato o infusión especial, cualquier cosa que quieras ofrecerte como reconocimiento de quién eres y de lo que has conseguido.

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