El verano de los sentidos

7 consejos para un verano saludable desde la Medicina Tradicional China

La medicina tradicional china vincula el verano con el corazón, órgano que rige los cinco sentidos. Es un buen momento para disfrutar a través de ellos.

Wen-Hsiu Hu Wen

Licenciada en Medicina Tradicional China

El verano es una explosión de sentidos y sentimientos, la estación del corazón, del movimiento y la fluidez, del latido de la vida.

Solemos relacionar el verano con la playa, la montaña, el río, los senderos, el sol, el aire libre, el calor, la familia, el bullicio, la comida, las reuniones y los encuentros, y... con el agobio.

Es una época de abundancia. El calor incita a expandirse, a moverse, la energía solar está en su apogeo: es un buen momento para recargar pilas. Pero a pesar de tantos factores positivos a veces no sabemos aprovechar muy bien ni el tiempo ni el entorno.

Continuamos con las mismas costumbres, cuando la vida es una continua renovación, un río que corre hacia la mar, en el que nada se repite, nada permanece.

Dicen que el olfato evoca los recuerdos más profundos, que una imagen vale más que mil palabras, que el placer del paladar abre la puerta del séptimo cielo, que la música amansa a las fieras.

El mundo de los sentidos conforma la magia de la vida, algo que con frecuencia olvidamos.

Propongo un viaje, el de los cinco sentidos que gobierna el corazón y que en verano se muestran en su máximo esplendor.

1. Ver con conciencia

La visión es tal vez el sentido más desarrollado -aunque en algunas personas es el oído- y constituye también la primera barrera que atraviesan los estímulos exteriores.

Creemos lo que vemos. Ver significa llevar al cerebro información del exterior: a través de los ojos captamos la imagen y la luz, y el corazón lo completa poniendo el shen (espíritu, vivacidad) para darle sentido.

Para la medicina tradicional china los ojos son la manifestación externa del hígado, pero al mismo tiempo en los ojos se exterioriza el resto de órganos vitales: el pulmón en la esclerótica; el hígado, en el iris; el riñón, en la pupila; el corazón, en los cantos internos y externos; y el bazo, en los párpados.

Por eso, a través de los colores se puede potenciar los órganos correspondientes, aunque lo más importante es esforzarse en observar, en mirar con atención, en ver con conciencia. ¿Cuántas veces miramos sin ver nada?

Un juego es, por ejemplo, mirar una hoja: no solo su forma y su color verdoso, sino también el dibujo de su nervadura, la pelusilla de su superficie, las diferentes texturas y colores de cada una de sus caras.

Sumergirse en este torbellino del mundo de las formas y los colores, recibirlo con el alma abierta de par en par, es un encuentro divino, sencillamente asombroso.

Se puede contemplar el amanecer, y el atardecer, los continuos cambios de tonalidad del cielo. ¿Caben estos colores en una caja de acuarelas?

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La belleza de las aguas y las olas estremecedoras, las rocas esculpidas y las arenas blancas, doradas, ocres, cobrizas, grises, rojizas, negras, huellas de tiempos inmemoriales.

Las siluetas de los edificios de la ciudad, sus fachadas, ventanales y balcones, las plazas, las calles, las caras de la gente, sus expresiones corporales, sus gestos.

Las formas de la montaña, sus vestidos y follajes, sus sombras, sus senderos, su flora y fauna, ríos y lagos.

También una comida preparada y servida con esmero: frutas rojas y amarillas, hortalizas, verduras, frutos secos... ¿Cuántas formas existen a mi alrededor?

Y, ¿por qué no?, se puede alzar la mirada hacia el cielo para contemplar las nubes, los dibujos que forman, sus colores y movimientos, su baile con el viento.

Y cuando el sol se esconde podemos observar el otro espectáculo: la inmensidad del universo como escenario al que saltan las estrellas con sus mejores galas, y la dama blanca, sonriente y serena, para contarte un cuento hermoso, una historia de amor, o simplemente darte fe y confianza para guiarte en la oscuridad.

Entonces las alas de tu imaginación se agitan y alzas el vuelo hacia un mundo de luz y magia.

2. Oír el mundo

El oído es nuestra antena para captar las señales sensoriales y, además, nos mantiene en equilibrio.

La medicina china lo considera el orificio externo del riñón. De hecho, tiene forma de riñón.

Es tan sensible que se daña fácilmente. En la vida urbana se le somete a tal profusión de ruidos que apenas se distingue su origen ni sentido.

Los grandes músicos poseen un oído muy desarrollado para poder transmitir el sonido divino. Sin embargo, los sonidos que nos rodean día a día no tienen nada de divinos.

Nos refugiamos en la naturaleza para huir del ruido.

Invito a disfrutar del mundo de los sonidos. Hay que cerrar los ojos y mantener la boca cerrada. Es un juego muy interesante que apenas probamos: vivir tan solo oyendo, escuchando.

Cuando no vemos nos entra miedo, inseguridad, angustia. Pero si nos tranquilizamos podemos entrar en un mundo que nos es desconocido, abandonando nuestro sentido más agudo, la vista.

Es fácil y fascinante, de repente todo se confunde pero al mismo tiempo todo se reordena, toma forma y lugar.

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Se puede simplemente cerrar los oíos -o taparse los ojos con un pañuelo ele suave seda-, relajarse y permitir a ese mundo desconocido entrar en nuestro campo energético y sensorial: el susurro de la brisa cálida, el canto de los pájaros, la sinfonía del mar, el eco profundo de la montaña, las nanas de los árboles, el trajín de las abejas, las pisadas en la arena junto a la orilla del mar, el tintineo de las llaves, el llanto de un niño, un suspiro, una risa, un grito, la voz de los seres queridos y cercanos sin rostro, el agua del grifo, tu propia voz.

También se puede jugar con un amigo o familiar que nos lleve de la mano y nos guíe para recorrer un sendero, o la misma calle donde vivimos, en silencio. Es un juego de confianza.

3. Saborear cada bocado

Para los amantes del buen comer, el verano ofrece una exquisita variedad de sabores y colores. La cocina china considera que una buena comida debe componerse de color, olor y sabor.

Muchas veces comemos "con la vista" o atraídos por el perfume que desprende una comida, que tiene tanto peso como el propio sabor.

Sería interesante refinar el paladar empezando por saborear cada bocado, masticándolo bien y disfrutando de la textura de la comida, incluso saboreándolo con los ojos cerrados.

De distinguir los sabores se encarga la lengua, que para la medicina china es el orificio exterior del corazón. De ahí que también la denomine "la llama del corazón", pues el corazón pertenece alelemento fuego en el sistema de los cinco elementos.

Hay cinco sabores: amargo, dulce, salado, picante y ácido, cada uno relacionado con un órgano vital.

Por eso para la medicina china comer bien es tan importante: no solo para satisfacer al paladar sino para nutrir los órganos.

¿Qué sabor tiene la lechuga? ¿A qué sabe la tierra? ¿Es salada el agua del mar? ¿Y la manzana? ¿Cómo reacciona el cuerpo cuando se mastica una guindilla? ¿Por qué al pensar en un limón se nos llena la boca de saliva?

Nos gusta el aroma del café pero ¿y el sabor? Y un té frío... ¿qué sabor tiene?

Cuando se prepara una ensalada fresca ¿con qué propósito se hace? ¿Qué sabor predomina? ¿Cuál será el aliño? ¿Le damos algún toque especial?

Los cocineros conocen mucho mejor los sabores y sus combinaciones, pero lo importante es intentar apreciar cada elemento. Se trata de un juego de imaginación y atrevimiento.

Hay personas a las que les gusta comer flores; a otras, las ostras frescas. ¿Será el paladar capaz de distinguir en semejante explosión de sabores?

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4. Oler el pasado

¿Perfume o hedor? Amor y odio: una apertura directa y muy profunda hacia nuestro ser.

La nariz es el orificio externo del pulmón, el primer instante de la vida y el último aliento.

Tan fácil es detectar un aroma agradable como ignorar su existencia y, sin embargo, este sentido es capaz de transportarnos a aquel lugar lejano, vívidamente, como si nos condujera por el túnel del tiempo.

Emprendamos esta aventura de encuentros y descubrimientos, de lo vivido y lo por vivir. ¿Cuál es el primer olor que te viene a la cabeza? ¿El de una galleta recién horneada? ¿El del pecho de mamá?

¿Huelen las piedras? ¿A qué huele la alcachofa? ¿Y el olor de un bebé? ¿Mis pies? ¿Tiene olor la sal? ¿Por qué el hospital siempre huele a hospital? Y, ¿qué es ese olor?

El olor de una sandía recién cortada, del incienso de sándalo, de una ciudad, del metro, del autobús, del ascensor. El olor a lejía, a amoníaco, a melocotón...

¿Cuántos olores detectamos en un mercado? ¿Has olido tu sudor? ¿Y el de los demás? ¿Por qué hay olores que no podemos quitarnos de la cabeza?

El verano es un buen momento para ejercitar los hábitos olfativos pues el calor hace que afloren con más fuerza.

5. Intimar con el tacto

Es un sentido muy íntimo, muy personal.

En muchas culturas tocar no está bien visto ni es bienvenido, pero el de­sarrollo del tacto permite agudizar unas sensibilida­des que a menudo se anu­lan por completo.

Sentir el hielo en la piel, la cálida roca, tocar la tierra y notar el latido de la montaña, la áspera corteza de un pino, la suave textura de un pétalo de rosa, una es­pina, la ceniza de la chimenea, el agua...

¿Qué se siente al tocar el pan recién hecho? ¿Y el tacto de las arrugas de la cara de papá, de las ma­nos duras y ásperas de un campesino, del mármol de un museo? ¿Cómo es el tacto de la lengua?

El verano es momento de movimiento y cuando la ma­yoría de nosotros nos toma­mos un merecido descanso. Muchos se estrujan los sesos para in­ventar nuevas distracciones o encontrar lugares exóticos con que sorprenderse.

Sin embargo, como nos repiten una y otra vez los sabios maestros, estamos tan preocupados buscando la felicidad ahí afuera que olvidamos que reside en nuestro propio corazón.

El juego propuesto es válido en cualquier lugar del mundo. No hace fal­ta ir muy lejos, ni tampoco se necesitan aparatos ni herramientas.

Nosotros mis­mos somos el tentáculo, la antena, el re­ceptor y el laboratorio de esta aventura. Una aventura que se nos hace tan difícil porque he­mos olvidado casi por completo el jue­go de los sentidos.

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6. Risa y mucha calma contra el calor

El calor puede irritar a algunas personas y hacerles perder la paciencia, pero combatirlo es sobre todo una cuestión de actitud mental.

El sentimiento del corazón es la alegría, y su sonido, la risa. La risa fortalece al corazón, aumenta su chi y potencia el músculo car­diaco.

En chino cuando una persona está conten­ta se dice kai xin ("abrir el corazón" o "corazón abier­to") y cuando se ríe a car­cajadas, kai huai da xiao ("gran risa con el corazón -o pecho- abierto").

Co­mo la risa alimenta al co­razón (cuando estamos tristes decimos que nos duele el corazón), convie­ne darle muchas "vitami­nas" con una enorme ra­ción de risa.

El calor activa la circulación y al mismo tiempo agita el chi y el shen (espíritu, vivacidad) del corazón.

El dicho chino Xin Jing Zi Ron Liang quiere de­cir que cuando el corazón está quieto y calmado se refresca naturalmente, de manera natural.

Nos refe­rimos aquí al elemento de fuego del corazón: efecti­vamente el fuego, cuan­to más se agita, más arde.

Un ejemplo muy gráfico es ver cómo una persona se abanica rítmicamente para calmar su calor.

En un primer momento, al movilizar el aire, parece que se refresca pero en cuanto deja de abanicar­se el calor regresa como a oleadas, una tras otra, ya que el movimiento pro­voca la circulación de chi y el chi es caliente.

Combatir el calor es una cuestión de concentra­ción, para mantener en calma los sentidos, como en meditación.

Aceptando el calor, se puede ju­gar con los sentidos para sentir el sol reluciente, tomar su ardiente radiación como una cascada de agua fresca sobre la ca­beza -una cascada que empapa el cuerpo entero, de la cabeza a los pies- y transformarla en un ma­nantial por debajo del om­bligo, donde reside el chi originario del riñón.

Así se consigue que el agua del riñón apacigüe el ca­lor del corazón y la ener­gía del sol se convierte en la frescura de un pozo, quieta y transparente. Es un juego de imaginación.

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7. La mejor dieta en verano

Durante el verano conviene adaptar la dieta a las altas temperaturas, aumentando el consumo de agua, zumos, frutas, verduras y ensaladas. Algunas recomendaciones son:

  • Beber sin pasarse. En verano se pierde mucha agua por la transpiración, lo que reduce la micción. Es necesario, por tanto, hidratarse. Pero teniendo en cuenta que si se bebe demasiado aumentará la sudoración, lo que según la medicina china debilitará el corazón , pues el sudor es su apreciado líquido orgánico.
  • Zumo de limón. Para evitar este debilitamiento del corazón se puede añadir un chorro de zumo de limón fresco al agua.
  • Evitar el agua muy fría. Es importante no beber agua helada porque puede enfriar demasiado el estómago e impedir su absorción. Si la temperatura ambiental sobrepasa los 30 ºC y la corporal es de 37 ºC, beber agua fría de la nevera (a entre 4 y 8 ºC), sobre todo si se ha hace muy deprisa, provoca un choque de temperatura brusco y daña el chi o energía del estómago.
  • Beber té. Los chinos -y también los bereberes, por ejemplo- bebenté caliente incluso en pleno verano, porque se absorbe mejor, refrigera el cuerpo y calma la sed. El té es muy adecuado para el verano porque es amargo y este es el sabor que dirige el corazón ejerce una notable acción purgante de calor y fuego que le beneficia.
  • Comidas más ligeras. La comida en verano ha de ser ligera pero, al igual que con la bebida, no debe estar demasiado fría ni demasiado cruda. Hay que combinar los alimentos para cuidar la salud sin perder el equilibrio entre placer y nutrición. Las verduras a la brasa o al horno constituyen un plato ligero pero muy rico en vitaminas y minerales. También se puede poner imaginación a las ensaladas, con infinitas combinaciones de frutas, verduras, hortalizas, frutos secos y el toque maestro del aliño, que puede ser una salsa sofisticada o simplemente un buen chorro de aceite de oliva y vinagre de manzana. El secreto es saber combinar los sabores, colores y texturas.

Para disfrutar del verano con cada sentido

  • La salud y las estaciones; Elson M. Haas, Ed. Edaf
  • El arte de cuidarse en las 5 estaciones; Blanca Galofré, RBA-Integral

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