La limpieza, en todas sus dimensiones, es una base fundamental para el cuidado de la salud individual y colectiva. Nuestro cuerpo tiene sus propios mecanismos de limpieza, de eliminación de sustancias que ya no sirven o que nos estorban para funcionar a la perfección. Muchos hábitos saludables lo son porque apoyan estos recursos del propio cuerpo.

Podemos diseñar un plan que abarque todos los aspectos de la depuración para promoverlos y facilitarlos. Este plan puede, incluso, ampliarse a los terrenos psicológicos y espirituales, como ocurre con la medicina tradicional de la India, el ayurveda.

La depuración es natural

La limpieza interna, llevada a cabo por los sistemas fisiológicos de eliminación del propio cuerpo, suele resultar agradable de realizar. Así, es agradable y un alivio respirar (eliminamos residuos al exhalar), defecar (eliminación digestiva), orinar (depuración por el riñón) y sudar (a través de la piel).

En muchos de los procesos que definimos como enfermedad, crisis o dolencia, el cuerpo tiende a elegir de forma predominante una de las vías de eliminación: vómitos, diarreas, erupciones en la piel, mal aliento, tos, secreción nasal, producción de moco, incluso estados febriles, con la intención de facilitar la depuración y eliminar las sustancias nocivas que provocan el trastorno.

Si permanecemos atentos antes e incluso durante la enfermedad, favoreceremos que los sistemas de eliminación funcionen correctamente y ayudaremos en el proceso de enfermedad. Nos daremos cuenta de que los ciclos rítmicos gobiernan los sistemas de eliminación. Conocerlos nos ayudará a mejorar su rendimiento. Así, sudamos mejor en verano y en el centro del día; la noche y el frío ayudan a la función renal; por la noche y en el otoño mejora la función pulmonar; y durante el amanecer, la mañana y en primavera, el sistema digestivo se activa especialmente.

A continuación, veremos cómo podemos estimular cada una de estas vías de eliminación del cuerpo.

1. Vía respiratoria: pulmones limpios

El sistema respiratorio sirve para conseguir el oxígeno que necesitan las células, pero también para exhalar el dióxido de carbono y otros gases y residuos.

Si se maltrata este sistema, puede reaccionar produciendo catarros y bronquitis. Son avisos de que no lo estamos cuidando.

  • Unos minutos de respiración consciente cada día sirven para mejorar su función. El ejercicio sencillo de sentarse y concentrarse en la respiración, observando las sensaciones que nos producen la entrada y salida del aire, automáticamente amplifica la capacidad respiratoria.
  • Respirar profundamente en la playa, el bosque o un parque donde el aire esté limpio y nos resulte especialmente agradable respirarlo, también ayuda.
  • Respirar siempre por la nariz despeja y limpia las vías respiratorias. Si están muy cargadas, nos sonaremos. También podemos hacer limpieza de los senos nasales con una lota (jarrita con la que se introduce agua por una fosa para que salga por la otra) o un pulverizador.

2. A través de la piel: sudar desintoxica

El ejercicio físico aumenta la actividad metabólica, estimula el hígado y el riñón, y permite eliminar toxinas a través del sudor. En verano sudamos de manera espontánea cuando estamos expuestos a una temperatura ambiental alta, mientras que el resto del año lo hacemos cuando nos ejercitamos físicamente con intensidad suficiente.

La sauna favorece la eliminación de una cantidad significativa de contaminantes que han penetrado en el cuerpo, según un estudio realizado en la Universidad de Alberta (Canadá).

3. Detox intestinal

Los alimentos aportan nutrientes, pero también introducen tóxicos en el cuerpo, que a su vez se producen como consecuencia del metabolismo digestivo.

El cuerpo está preparado para deshacerse o desactivar las sustancias dañinas, y la medicina naturista estimula sus recursos mediante curas depurativas que estimulan la secreción de bilis y la motilidad intestinal.

  • Las plantas y alimentos amargos –como el cardo, la rúcula, el diente de león, la achicoria, las endibias o la alcachofa, así como las infusiones de boldo, manzanilla o cardo santo– estimulan la secreción biliar. Estos alimentos se pueden mezclar con otros para preparar zumos y batidos que resulten agradables de beber. Aunque se beban, hay que procurar insalivarlos muy bien antes de tragarlos. Asimismo, es importante que tanto las frutas como las verduras empleadas sean de procedencia ecológica, y que se encuentren siempre en su punto o maduras. Algunas combinaciones que suelen resultar agradables son, por ejemplo: zanahoria, limón, apio y remolacha; tomate, pepino y pimiento (la base del gazpacho); o manzana, zanahoria y limón.
  • En las monodietas clásicas se toma una fruta de temporada durante uno a siete días. Puede hacerse con uva, cereza, melón, sandía, etc.
  • La dieta de Kempner nació como una dietoterapia hiposódica para tratar pacientes con insuficiencia renal e hipertensión. Se trata de comer arroz blanco hervido sólo con agua y posteriormente enfriado, sin ningún otro elemento. Se puede realizar por un periodo de tres a siete días.
  • Las aguas mineromedicinales sulfatadas o magnésicas también son depurativas y eliminan toxinas. Además, estimulan el movimiento intestinal. Beber agua pura (muy baja en minerales) y de calidad también es una herramienta accesible para la desintoxicación cotidiana.
  • Los alimentos fermentados con bacterias productoras de ácido láctico también pueden formar parte de las curas depurativas porque regulan la microbiota intestinal descompensada y pueden combatir la presencia de sustancias tóxicas en el organismo. El yogur, el kéfir, el chucrut y otros fermentados contienen bacterias productoras de ácido láctico de los géneros lactococos, estreptococos, lactobacilos, etc.

4. Depuración a través de la orina

Otro sistema de depuración es el renal urinario, que predomina en la estación fría, pues las temperaturas bajas estimulan la eliminación renal. Los riñones filtran la totalidad de la sangre unas 50 veces al día y lo hacen más y mejor en condiciones de reposo, tranquilidad, recogimiento y mientras dormimos. Así debemos acoger la noche en otoño e invierno: acostados y relajados, dejando que venga el sueño que ayuda a filtrar.

El control de la ingesta de sal es importante para el cuidado de la filtración renal. Podemos evitar la sal añadida, las salazones, las grasas animales o calentadas y los embutidos.

5. eliminar toxinas durante el sueño

Una de las «técnicas» de limpieza a nivel físico y psíquico es dormir bien. El sueño es más reparador si se sincroniza con la noche y se procura el máximo de oscuridad y silencio.

  • Durante el sueño aumentan los mecanismos catabólicos y de limpieza de todo el organismo, se equilibran los procesos psicológicos y mejora la inmunidad. Por otra parte, la depuración y el sueño pueden intensificar las emociones. Es importante reconocerlas y expresarlas, a fin de abrirse a lo nuevo.
  • Despertarse al amanecer o incluso antes es conveniente para que los sistemas de desintoxicación funcionen.

6. Limpiar en casa para reducir la carga tóxica

La limpieza de los espacios físicos en que vivimos también forma parte de los procesos de depuración y eliminación.

  • Abrir las ventanas de la casa y del lugar de trabajo durante 15 minutos para renovar completamente el aire es esencial.
  • La limpieza del suelo y los muebles con productos de limpieza naturales, y regar y cuidar las plantas de interior son otros cuidados básicos.

Hábitos de higiene para favorecer la depuración

Los siguientes hábitos de higiene propician la eliminación de toxinas y la depuración.

Piel: La limpieza por la propia piel ha de ser eficaz para deshacerse de escamas, sudor, secreciones sebáceas, pero a la vez respetuosa con el manto ácido que mantiene en ella una microbiología saludable. Para ello, podemos aceitarnos la piel y luego pasar el cepillo o el guante con agua y jabón.

Ojos, nariz, oídos y boca: Producen sus propias secreciones para limpiarse. Podemos ayudar con suavidad:

  • Antes de dormir limpia los ojos con un disco de algodón humedecido en manzanilla.
  • Aplícate una pulverización de agua de mar isotónica en cada fosa nasal una vez al día.
  • En los oídos, no hace falta usar bastoncillos. Es suficiente limpiarse con un algodón o un paño húmedos.
  • Para la boca y los dientes usa cepillo dental y de lengua e hilo interdental. Elige un dentífrico homeopático o con certificación natural. Además, realiza limpiezas dentales profesionales cada seis meses.

Baños calientes: Para estimular la desintoxicación a través de la piel, se puede estimular la sudoración y la secreción de las glándulas sebáceas con la realización de baños calientes:

  • Los baños de vapor abren los poros de la piel, lo que facilita la eliminación de impurezas y células muertas.
  • La sauna favorece la sudoración, a través de la cual se eliminan toxinas. También favorece la hidratación de la piel.

Ayuno desintoxicante

La práctica del ayuno pone en marcha los mecanismos adecuados para vivir de las reservas y también para protegerse de los elementos tóxicos que podrían estar acumulados, sobre todo en las reservas de grasa.

Durante el ayuno, el aparato digestivo cambia su función de asimilación por la de desintoxicación y en todo el organismo se produce una gran revolución, no solo física, sino también psicológica. Es importante comprender que se trata de un proceso fisiológico natural.

Se pueden hacer ayunos intermitentes de 12, 18 o 24 horas, siempre asegurándose de que se entra en la parte metabólica del ayuno con aparición de acetona en orina (se mide con tiras reactivas a la venta en farmacias). Antes y después del ayuno, hay que realizar una dieta sin sal, sin azúcares ni harinas refinadas, y sin grasas calentadas, a ser posible libre de tóxicos.

Para hacer un día de ayuno:

  • A las 9h se toma un zumo de naranja y una infusión (romero, menta o canela) con una pequeña cantidad de miel o sirope de arce si lo necesitas.
  • A las 13h, un caldo de verduras a base de ajo, cebolla, puerro, apio, acelga, pimiento, laurel, achicoria y alcachofa.
  • A las 17h, una infusión o un poco más de caldo.
  • Entre horas conviene tomar abundante agua y, ocasionalmente, chupar rodajas de limón.