Hipersensibilidad visceral

Digestión y emociones: 10 claves para entender la relación

Las molestias crónicas o sin motivo aparente sugieren algún trastorno digestivo funcional. Estas afecciones traslucen el entramado psicofísico del ser humano.

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Claudina Navarro Walter

Fisioterapeuta y periodista

Manuel Núñez
Manuel Núñez

Periodista especializado en salud y ecología

"Tengo la digestión pesada", "me siento hinchado", son frases que estamos acostumbrados a oír.

Dos de cada diez personas sufren algún trastorno digestivo funcional. Se llama así a las molestias que no pueden atribuirse a ninguna alteración orgánica.

Los análisis, ecografías y endoscopias no descubren ninguna anomalía; sin embargo, los afectados sufren dolores, gases, náuseas, diarrea o estreñimiento.

Son personas con un sistema digestivo básicamente sano, pero sensible, y necesitan un tratamiento que les ayude a modificar la percepción de sus propios órganos.

Los hábitos dietéticos son importantes en este sentido.

El estómago y el intestino tienen un rendimiento diario sorprendente: a lo largo de una vida de 75 años, el tracto digestivo debe gestionar unas 30 toneladas de comida y 50 toneladas de líquidos.

Para que todo este material sea transportado, degradado y absorbido, y sus desechos finalmente expulsados, el cuerpo genera cada día un litro de saliva, dos litros de ácidos, medio litro de bilis, dos litros de secreción pancreática y dos litros de secreción del intestino delgado.

¿Qué es el cerebro intestinal?

El responsable de todos estos procesos es el sistema nervioso entérico, también llamado como "cerebro intestinal".

Se encarga de regular los movimientos del intestino, la digestión y la protección frente a agentes nocivos en colaboración con las células inmunitarias.

En el tracto gastrointestinal hallamos, en ocho metros de longitud y cien metros cuadrados de superficie, unos cien millones de células nerviosas, bastantes más de las que se encuentran en la médula espinal.

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Estas neuronas producen los mismos neurotransmisores que sus hermanas del cerebro, como la serotonina, la dopamina y unas 40 sustancias con las que se transmiten instrucciones. Lo sorprendente es que el flujo de información va en un 90% de la barriga a la cabeza y no al revés.

El cerebro intestinal trabaja en buena medida de forma autónoma y se comunica con el cerebro superior a través del nervio vago, la porción parasimpática del sistema nervioso vegetativo.

Por tanto está superada la descripción de estas enfermedades como "psicosomáticas", término que implica una preeminencia del "cerebro superior" –la psique– sobre el cuerpo o soma.

Trastornos funcionales muy frecuentes

Carlos Taxonera, médico adjunto del servicio de aparato digestivo del Hospital Clínico Universitario de Madrid, nos explica que entre el 80 y 90% de las consultas de sus pacientes están motivadas portrastornos funcionales como la dispepsia –"digestión pesada"–, el estreñimiento o las molestias intestinales que se engloban dentro del síndrome de intestino irritable.

En todos estos casos, los análisis, gastroscopias, colonoscopias y ecografíasno suelen encontrar ninguna alteración orgánica.

El doctor Taxonera señala que estas personas sufren una especie de hipersensibilidad visceral, es decir, que "parecen sentir demasiado lo que ocurre en sus vísceras". A esta conclusión se ha llegado después de estudios científicos.

En uno de ellos, los pacientes que se quejaban de digestión lenta o pesada ingirieron alimentos con isótopos que permitían observar su tránsito por el aparato digestivo. Se observó que la velocidad era la misma que en las personas sin molestias.

En otro estudio, se fueron hinchando globitos dentro del estómago de personas con molestias y sin molestias. Las primeras se sintieron llenas antes.

Diagnóstico de trastornos funcionales

Aunque constituyen los problemas más frecuentes del aparato digestivo todavía no son bien conocidos por la medicina.

Muchos afectados por trastornos digestivos funcionales van a decenas de médicos antes de recibir un diagnóstico correcto y apropiadamente comunicado. Cuando un médico dice: "usted no tiene nada" suele empeorar la situación.

En cambio, un profesional que inspire confianza e informe correctamente mejora el pronóstico.

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El médico palpa el abdomen, realiza analíticas de sangre y heces, ecografías y endoscopias. Si no encuentra alteraciones estructurales o metabólicas, diagnostica un trastorno digestivo funcional.

Los síntomas pueden aparecer en cualquier tramo del aparato digestivo, dando lugar a diferentes afecciones:

  • Dispepsia. Cuando afecta al estómago se denomina dispepsia y los síntomas más frecuentes son hinchazón, dolor, ardor y hartazgo.
  • Síndrome de intestino irritable. Los síntomas son molestias y dolores abdominales, saciedad, gases, estreñimiento y diarrea que mejoran tras la defecación. También pueden aparecer dolores de cabeza y espalda e insomnio.
  • Afecciones crónicas. Los síntomas pueden aparecer y desaparecer, pero muy raramente lo hacen definitivamente.

Los trastornos funcionales no implican un riesgo mayor de sufrir ninguna otra enfermedad grave. Son afecciones molestas, pero benignas, y se manifiestan en hombres y mujeres de todas las edades.

La comprensión de la enfermedad ayuda a reducir los síntomas, de manera que permitan llevar una vida normal.

Es importante asumir que las emociones, actitudes, comportamientos y hábitos influyen sobre las molestias percibidas.

¿Cómo es el tratamiento médico?

Por alguna razón la sensibilidad digestiva está aumentada en estos pacientes.

El tratamiento convencional más eficaz y rápido consiste en la administración de antidepresivos que reducen el umbral de percepción.

Por otra parte, también se les pueden prescribir medicamentos que alivian los síntomas, como analgésicos, laxantes y espasmolíticos (contra los calambres o retortijones intestinales).

Carlos Taxonera precisa que no se trata de enfermedades psiquiátricas, pero que los pacientes presentan una serie de características como podrían ser tendencias a la hipocondría, la ansiedad, la autoobservación, la dificultad para tomar decisiones, la irritabilidad, el cansancio o la depresión.

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Se trata de personas que se preocupan por si sufren una enfermedad grave como el cáncer y piden que se les realicen nuevas pruebas a menudo.

De hecho, se cuidan tanto que suelen detectar cualquier enfermedad grave –sin relación con los síntomas originales– antes que el resto de la población y a menudo acaban viviendo más años.

Taxonera trata de convencerles de que su problema es en primer lugar de percepción, de que confíen en el tratamiento y, sobre todo, de que disfruten más de la vida.

Experimentar momentos placenteros puede ser el tratamiento más eficaz para olvidarse de las molestias.

Los pocos enfermos que no encuentran algún alivio en las manos de un especialista en el aparato digestivo pueden llegar hasta la consulta del psiquiatra.

Este seguramente incrementará la potencia de la medicación antidepresiva, que no está exenta de efectos secundarios, incluida la adicción.

¿Puede ayudar la psicología?

Las personas que no consigan reducir los síntomas y llevar una vida satisfactoria pueden buscar también ayuda psicológica.

La terapia puede ayudarles a resolver conflictos emocionales que estén impidiendo una mejoría. Las personas con síntomas digestivos pueden haber sufrido o sufrir estrés, insatisfacción en el trabajo, situaciones de dependencia, pérdidas de seres queridos o problemas en el terreno afectivo o sexual.

Luis Javier Rodríguez Morán, psicólogo clínico, recomienda la "terapia contextual" o "terapia de aceptación y compromiso", cuyo objetivo es favorecer los hábitos y actitudes que pueden ayudar al paciente.

El psicólogo le enseña técnicas que le permiten modificar sus pensamientos autolimitantes y reorientarse hacia los valores positivos que realmente importan en su vida.

Según Rodríguez Morán, el tratamiento psicológico puede producir resultados espectaculares sobre los síntomas físicos.

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Es difícil determinar la causa última de los trastornos digestivos funcionales.

Se sabe que hay un diálogo complejo entre los cerebros "superior" e "inferior" y que las emociones desempeñan un papel importante.

Por otra parte, algunas teorías afirman que la sensibilización crónica del "cerebro intestinal" puede ser debida a intoxicaciones (por metales pesados, por ejemplo), infecciones (por parásitos, salmonella o cándidas), intolerancias (al trigo o la leche, entre otras) o alergias alimentarias.

Cuidar la dieta para reducir los síntomas

La sensibilización intestinal puede ser producida por causas tanto físicas como mentales y no tiene marcha atrás, según los expertos.

En cualquier caso, se pueden reducir los síntomas abordándolos desde todos los aspectos: la dieta, las emociones y los pensamientos, así como los hábitos cotidianos.

El doctor Gaby Hoffbauer recomienda en su libro Body IQ el programa de las "cuatro columnas", que consta de alimentación, medicación, psicoterapia y movimiento.

Con los cambios necesarios y una actitud positiva se pueden mitigar los síntomas o eliminarlos durante largas temporadas.

Pero no todas las medidas ayudan de igual manera a todos. Cada enfermo debe encontrar, con la ayuda del terapeuta, las que más le beneficien.

El doctor Carlos Taxonera recomienda reducir la cantidad o excluir de la dieta los alimentos que no son bien tolerados.

Por ejemplo, muchos afectados eructan con frecuencia o padecen gases. En consecuencia, deberían vigilar especialmente el consumo de alimentos que asocien con los síntomas mencionados.

También es muy útil comer despacio y evitar las bebidas y alimentos fríos.

Es una buena idea llevar un diario donde se anoten los alimentos que se consumen junto con el momento en que aparecen los síntomas. Puede ayudar mucho a descubrir los alimentos que actúan como disparadores.

Para establecer una relación es necesario que la situación se produzca varias veces y en ningún caso el diario debe ser causa de falta de variedad y calidad en la dieta.

También es importante no excederse en el volumen de las comidas. Conviene más tomar cinco comidas diarias bien repartidas que un desayuno parco y dos comidas abundantes.

Los alimentos ricos en fibra y una ingesta suficiente de agua –de tres a seis vasos diarios– también ayudan a que la circulación intestinal sea fluida.

Por lo demás, según Taxonera, no es necesario que se tomen otras medidas especiales. La dieta mediterránea, con toda su variedad, es adecuada.

Por otro lado, las deficiencias de ciertos nutrientes pueden causar disfunciones en el aparato digestivo que pasen desapercibidas. Además, pueden empeorar los síntomas de las personas que sufren algún trastorno.

Por ejemplo, las carencias de vitamina B6 y de cinc impiden la formación de suficiente ácido clorhídrico y de enzimas pancreáticas digestivas.

Otras vitaminas que influyen sobre la calidad de la digestión son la B12 y el ácido fólico, necesarias para el correcto desarrollo de las vellosidades intestinales y la asimilación de los hidratos de carbono.

El papel de la serotonina

Un tratamiento más profundo a través de la dieta debe tener en cuenta el papel de la serotonina en la enfermedad.

La deficiencia de este neurotransmisor, que se distribuye en un 95% en el intestino y un 5% en el "cerebro superior", puede ser el causante directo del aumento de sensibilidad al dolor.

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La secreción de serotonina puede favorecerse con una dieta rica en cereales integrales, que aportan hidratos de carbono de absorción lenta, y en triptófano.

Ambos nutrientes son necesarios para la producción del neurotransmisor, que está relacionado con las sensaciones de bienestar, relajación, mayor autoestima y concentración.

De su equilibrio con otros mensajeros neuronales como la dopamina y la noradrenalina depende que no se sufra miedo, angustia, ansiedad, violencia, compulsiones alimentarias y trastornos del sueño.

Los trabajos de los investigadores S.N. Young y H.M. Praag, establecen una correlación entre los niveles de serotonina y los de su precursor, el triptófano.

Es posible incrementar la dosis ingerida a través de ciertos alimentos que contienen una proporción alta, como las nueces, los plátanos, el tofu, las semillas de sésamo y de calabaza y los cacahuetes.

No se trata de comer cantidades por encima de lo normal, sino de cuidar que algunos estén presentes en el menú diario.

Terapias naturales para aliviar los síntomas

Las terapias naturales tienen mucho que ofrecer a las personas que sufren trastornos digestivos funcionales.

Carecen prácticamente de efectos secundarios y muestran una manera positiva, constructiva, de cuidar la propia salud.

No obstante, es necesario valorar con el médico naturista o el especialista si estas terapias tienen contraindicaciones en el caso personal.

La hidroterapia de colon se emplea en caso de síndrome de intestino irritable, estreñimiento y otras alteraciones, y se realiza en centros especializados.

El paciente, tumbado boca arriba, recibe un masaje abdominal mientras una máquina hace fluir agua por su intestino durante unos 45 minutos a la temperatura y presión adecuadas. Los pacientes suelen señalar que la sensación no solo no es molesta, sino que resulta agradable.

Ciertas plantas se han mostrado eficaces ante los problemas intestinales:

  • Contra los calambres se utiliza la menta(Mentha piperita), que se puede consumir en forma de aceite en cápsulas gastrorresistentes un cuarto o media hora antes de cada comida.
  • El hinojo(Foeniculum vulgare), el anís verde (Pimpinella anisum) y el comino(Cuminum cyminum) pueden aliviar los dolores de barriga.
  • La artemisa(Artemisa vulgaris) aumenta el apetito, combate los gases y estimula la vesícula.
  • Ante el estreñimiento también son efectivas las semillas de lino enteras, que pueden espolvorearse en cualquier plato.
  • En caso de diarrea, la combinación de extracto fluido de manzanilla(Matricaria recutita) y pectina es muy efectiva.

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La homeopatía se ha demostrado eficaz en muchos casos por su enfoque global de la persona.

Lo idóneo es acudir a un homeópata que realice un tratamiento individualizado, pero algunos medicamentos son utilizados con frecuencia:

  • Lycopodium, Arsenicum album, Bryonia, Carbo vegetabilis y Pulsatilla se emplean ante la hinchazón estomacal.
  • Ante gases dolorosos, remedios indicados son Argentum nitricum, Belladona, Colocynthis y Nux vomica. No obstante, es preferible no administrarlos por cuenta propia.

Las compresas, envolturas, baños y masajes también pueden resultar de ayuda contra los dolores de estómago.

Los masajes no solo aflojan el tejido muscular, sino que estimulan el metabolismo, ayudan a eliminar el estrés y disminuyen el miedo.

La acupuntura actúa sobre el vientre, una parte del cuerpo considerada esencial por la medicina tradicional china. Allí se encuentra el dan tien, donde reside el océano del chi, la energía vital.

Pero el médico acupuntor tiene además una visión global de cómo se mueve la energía por los diversos órganos implicados en la digestión y la regula en cada paciente a fin de compensar sus excesos y carencias, lo que incluye también aspectos emocionales.

La sorpresa de descubrir lo que se encuentra detrás de las molestias intestinales solo es comparable al mundo que se nos abre para tratar de prevenirlas o eliminarlas.

¿Cómo favorecer la buena digestión?

  • Aceptar los alimentos como una bendición, convencidos de que únicamente nos aportan placer y vida, contribuye a que su paso por el cuerpo se efectúe en las mejores condiciones posibles y sin consecuencias negativas
  • Las comidas no deben ser causa de preocupación. En la mesa hay que dejarse llevar por el sentido del gusto y por el apetito. No hay que pensar en cada alimento como en una amenaza.
  • Comer sin prisa y masticando bien facilita el éxito del tránsito intestinal.
  • Hay que huir del estrés y de las discusiones a la hora de la comida. Si se está tenso o ansioso, esto se refleja en el funcionamiento del aparato digestivo y es mucho más probable que aparezcan las molestias.
  • Las preparaciones sencillas –al vapor, al papillote, cocidos, a la plancha, rehogados– resultan en general más digestivas.
  • Ciertos condimentos, como el hinojo, el tomillo, la salvia o el comino facilitan la digestión.
  • Los alimentos probióticos que contienen microorganismos vivos favorecen el buen estado de la flora bacteriana, esencial para la correcta digestión.
  • Los estimulantes en general agravan los síntomas digestivos. Por eso conviene renunciar definitivamente al café –incluso al descafeinado–, al tabaco y al alcohol.

Para saber más

  • Digestión perfecta; Deepak Chopra, Ed. Byblos
  • Salud para tu estómago; Kathryn Marsden, Ed. Robinbook
  • Homeopatía para una buena digestión; Roland Sananès, Ed. RBA-Integral

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