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Alimento estrella
Alcachofa
Esta sabrosa hortaliza es un buen protector hepático y arterial.
La alcachofa es una buena fuente de nutrientes: una alcachofa (200 g) cubre el 13% de las necesidades diarias de vitamina C que requiere un adulto y el 14% de las de vitamina B1. Aporta una notable cantidad de fósforo (130 mg/ 100 g), hierro (2 mg/100 g), potasio y, en menor medida, de magnesio y calcio. Al ser además un alimento hipocalórico (50 calorías/100 g), su consumo se aconseja en dietas de control de peso. Sus principios activos son la cinarina, la cinaropicrina y la inulina –hidrato de carbono que reduce el azúcar en la sangre–, aunque también contiene flavonoides, esteroles y ácidos cafeico, orogénico, criptoclorogénico y neoclorogénico.
Un gran alimento La alcachofa cuenta con una extensa acción medicinal que reside principalmente en su capacidad para facilitar el metabolismo de las grasas, aliviar las flatulencias, reducir el colesterol LDL (o «malo») e incrementar las tasas del HDL (o «bueno»). Aumenta además la producción de ácidos biliares, lo que favorece la digestión, protege el hígado, es aperitiva, diurética y disminuye los niveles de azúcar en la sangre. Incluso recientemente parece haberse demostrado la influencia beneficiosa de su ácido cafeico y sus flavonoides en la mejoría de los procesos cancerosos.
En la cocina La parte más deliciosa de la alcachofa es su corazón, que puede rellenarse de arroz y frutos secos, por poner sólo un ejemplo. Los tallos de las alcachofas más tempranas son tiernos una vez se han cocido. Se pueden consumir salteados, rebozados o al vapor y resultan deliciosos servidos con una salsa roquefort. Para asarlas al horno, se dejan intactas sus hojas exteriores, que evitan la pérdida de humedad, y se abren un poco sus hojas, gol-peando la punta. Cuando se vayan a hervir las alcachofas en abundante agua, hay que evitar las cazuelas de hierro y de aluminio porque le confieren un desagradable color oscuro, alterando también sus propiedades.
Compra y conservación A la comprarlas es mejor decantarse por los ejemplares pesados, sin manchas y que tengan las hojas cerradas, bien apretadas y brillantes. Un truco consiste en presionar las alcachofas con las manos cerca del oído: si se escucha un ligero crujido es señal de que es fresca. Si el tallo y las hojas son blandos, se abre con facilidad y las puntas están resecas es mejor descartarla porque indica que lleva demasiado tiempo recolectada y ha perdido buena parte de sus propiedades. Las alcachofas pueden mantenerse en el frigorífico, dentro de una bolsa de plástico y preservando su tallo hasta el momento de prepararlas. Sin embargo, es mejor no cubrirlas o envolverlas con papel de aluminio, pues al entrar en contacto con este material se oxidan. La única parte de esta verdura que admite congelación son los corazones o fondos de la alcachofa, que se deben blanquear previamente en agua hirviendo con un poco de sal y unas gotas de vinagre durante 4 minutos. Después se enfriarán bajo el agua del grifo y se introducirán en el congelador envueltos en bolsa de plástico con cierre hermético.
ANA FDEZ MAGDALENA (salud) Santi Ávalos (cocina)
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Recetas
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ALIMENTO Y MEDICINA |
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La alcachofa es un alimento recomendable para todo el mundo. No obstante, su consumo está especialmente indicado en personas aquejadas de colesterol elevado, diabetes, gota, dolencias hepáticas y ácido úrico, entre otras.
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